Por Joe Navarrete, abogado asociado del Estudio Payet, Rey, Cauvi, Pérez Abogados y especialista en derecho corporativo, derecho del mercado de valores y derecho civil.

Teniendo en cuenta que el moderno derecho comercial o mercantil[1] tiene como objeto de estudio principal a la empresa o al empresario (y ya no al “comerciante” o a los “actos de comercio” como antaño), he visto por conveniente, en esta primera entrada, dedicar algunas líneas a dar cuenta de algunas de las teorías que se han formulado respecto de la “empresa”. Dentro de dichas teorías, como se verá, existe una que considera que en el caso de la empresa (o el empresario) nos encontramos ante un “nexo de contratos”. Al respecto, tal como se verá en la segunda entrada a publicar, dicha visión contractual tiene como consecuencia encontrar un mayor ámbito de libertad en la configuración de las relaciones societarias, lo cual permite aumentar el valor de la empresa (debido a la reducción de determinados costos).

  1. Las teorías de la Empresa
  • La visión neoclásica 

La empresa ha sido concebida tradicionalmente como la combinación de capital, materias primas y trabajo a fin de producir bienes u ofrecer servicios en el mercado. Es decir, se la ha considerado como una combinación de factores de producción. Tal como lo señaló George J. STIGLER, un sistema de empresa puede explicarse de la siguiente manera: los propietarios de los servicios productivos (trabajadores, capitalistas y terratenientes) venden sus servicios a los hombres de empresa (organizados, por regla general, en sociedades) a cambio de dinero, que gastan a su vez, en comprar lo que éstos producen.[2]

La combinación de los factores de producción trae como consecuencia la necesidad de producir en equipo. “Producir en equipo, en lugar de hacerlo individualmente, es eficiente porque pueden aprovecharse las ventajas derivadas de las economías de escala en la utilización de todos los factores de producción (trabajo y capital) y las ventajas derivadas de la especialización.”[3]  A su vez, la realización de diversas actividades dentro de la empresa trae como consecuencia la necesidad de conducir a las empresas como organizaciones.

Es a aquella concepción de la empresa a la que se le ha denominado la visión neoclásica. Incluso podría decirse que aquella es la única concepción de la empresa que se maneja de manera general entre los profesionales del Derecho.

Tal como podrá apreciarse, la visión neoclásica de la empresa es, por llamarla de algún modo, embrionaria respecto de los diversos temas que la rodean. Tanto es así que se suele decir que en la economía neoclásica la empresa es una caja negra de decisiones, acciones y comportamientos automatizados.[4] Entre sus principales defectos podemos señalar que la misma “(n)o explica cómo se organiza la producción al interior de la empresa, cómo se resuelven los conflictos de interés entre los dueños, administradores, trabajadores y consumidores, ni tampoco, de manera más general, cómo se logra la meta de maximización de utilidades. De manera más sutil, la teoría neoclásica evade la pregunta sobre qué define a una empresa o qué determina sus límites.”[5] En dicho sentido, la economía neoclásica ha descuidado aspectos de suma importancia en la organización de la empresa y se ha limitado a ver en la empresa solamente la función productiva de la misma.

  • La visión Coasiana (o la de los costos de transacción)

A fin de responder las preguntas antes referidas, sobretodo en saber cuándo debe surgir una empresa y qué tamaño debe tener la misma, surge la voz del premio Nobel de Economía Ronald COASE. En su ya clásico ensayo de 1937, denominado The Nature of the Firm[6], el referido autor indicaba que “(l)a razón principal de la conveniencia del establecimiento de una empresa parecería ser la existencia de un costo en el uso del mecanismo de precios.”[7]

En tal sentido, una empresa surgiría en aquellos casos en los que los costos de transacción de realizar el intercambio dentro de una empresa sean menores a los costos que se originarían si la transacción se llevará a cabo dentro del mercado.[8] Es así que los costos de transacción pueden ser reducidos si es que una de las partes del intercambio tiene la autoridad suficiente para determinar los términos, alcances y oportunidad del intercambio de manera propia, tal y como lo hace un jefe. En razón de aquello, el intercambio negociado se deja de lado y se produce un intercambio dirigido de manera centralizada.

Ahora, en cuanto al tamaño de la empresa, COASE nos dice que “una empresa tenderá a crecer hasta que los costos de organización de una transacción adicional dentro de la empresa igualen a los costos de realización de la misma transacción por medio de un intercambio en el mercado abierto, o a los costos de su organización en otra empresa.”[9]

No obstante la originalidad de las ideas de COASE, las mismas tardaron varios años en ser comprendidas y estudiadas. Como ha recordado, en varias oportunidades, Olivert HART[10], COASE señalaba respecto de sus ideas que las mismas habían sido “muy citadas pero poco usadas”. Según HART[11], existirían “probablemente” dos razones que justificarían aquello

1.En primer lugar, sigue siendo muy difícil hasta el día de hoy formalizar las ideas de COASE.

2. De otro lado, existiría una debilidad conceptual en los planteamientos del autor.

Es respecto de este segundo punto sobre el que quisiera poner mayor énfasis. Tal como se señaló en párrafos anteriores, una de las ideas centrales del planteamiento de COASE es que el empleador puede dentro de la empresa disponer de los recursos tal como lo considere conveniente y, en tal sentido, dictar órdenes a los demás proveedores de recursos. No obstante aquello, dicha afirmación es cuestionable.

Al respecto, Armen ALCHIAN y Harold DEMSETZ, han señalado que “[c]on frecuencia, se considera que la empresa se caracteriza por su capacidad para resolver asuntos mediante la impartición de órdenes, el ejercicio de la autoridad que son de mayor efectividad que las del mercado convencional. Se trata de una creencia falsa ya que la firma no dispone libremente de todos sus imputs. No tiene capacidad para dar órdenes, imponer autoridad o ejercer acciones disciplinarias que se diferencien, aunque sólo sea ligeramente de los pactos de contratación en el mercado. Sólo se puede “penalizar” negando la celebración de negocios futuros o llevando a los tribunales cualquier incumplimiento de los términos del contrato. Eso es exactamente lo que el empleador tiene en su mano, puede despedir o demandar, al igual que yo puedo “despedir” a mi tendero dejando de comprarle o demandarle por entregar mercancía defectuosa. ¿Cuál es entonces el contenido del supuesto poder de dirigir y asignar trabajadores a diferentes tareas? Exactamente el mismo que el poder de un pequeño consumidor para dirigir y asignar a su tendero diferentes tareas.”[12]

  • La visión contractual (o la de nexos de contratos)

Ante las falencias de la teoría de la empresa de COASE surge una nueva teoría de raíces económicas y modelada por el análisis económico del derecho. Al respecto, HANSMANN y KRAAKMAN, nos dicen que el análisis económico del derecho “ha tenido un fuerte y particular impacto en el derecho de las organizaciones en general. Una conspicua consecuencia de aquello ha sido una creciente tendencia a ver el derecho de las organizaciones en términos contractuales. Más particularmente, el análisis económico está inclinado a ver de manera cercana todos los aspectos del derecho de las organizaciones como términos en un explícito o implícito contrato entre las partes intervinientes.”[13]

Bajo dicha perspectiva la empresa (o más propiamente el empresario como conductor de una empresa a través de alguna forma jurídica) es un conjunto o nexo de contratos.

El conjunto de dichos contratos está conformado por los contratos con los diversos “actores” de la empresa, en tal sentido habrá contratos con los administradores (directores, gerentes, representantes), los trabajadores, los proveedores, los consumidores, los financiadores, etc. En tal sentido, la empresa, o de manera más precisa, el empresario representa el nexo, la unión, o el núcleo de todos los contratos que conforman la empresa.

Al respecto, Rodrigo ÚRIA M., ha señalado sobre la Sociedad, la cual representa un tipo de organización empresarial, que la misma “no es otra cosa que un cúmulo de contratos, en vertical y en horizontal: el contrato entre la sociedad y sus administradores y directores, hacia arriba; el contrato entre la sociedad y sus empleados, hacía abajo; el contrato entre la sociedad y sus proveedores, hacia la derecha; el contrato entre la sociedad y sus clientes, hacía la izquierda. Es decir, yo creo que la tesis más moderna, y a la que desde mi modesto punto de vista hay que adscribirse, es la teoría que afirma que la sociedad es una organización que se descompone en una larga serie de contratos.”[14]

Hoy por hoy, podría decirse que esta es la visión predominante en el derecho de las organizaciones, lo cual incluye el Derecho Corporativo (o Derecho Societario), y en la concepción que se tiene sobre la empresa[15].

Nota Final: Dicho lo anterior, dejamos la entrada aquí, no sin antes señalar que asumir la posición que considera a la empresa (o al empresario) como un nexo de contratos es la que considero más adecuada ya que, como se verá en la siguiente entrada, permite un mejor desarrollo de las relaciones societarias, reduciendo los costos de transacción y de agencia, con la consecuencia de aumentar el valor de la empresa.


[1] Sobre las voces “mercantil” o “comercial” se nos dice lo siguiente: “creo que es necesario la conveniencia de resaltar la absoluta sinonimia señalada entre las dos voces “comercial” y “mercantil” en el diccionario de sinónimos de GILI GAYA, pero es posible que sea esa pretendida sinonimia absoluta la que pueda explicar sin necesidad de otros argumentos, la discrepancia en el modo de designar a la especialidad en Francia, Droit Commercial, y en Italia, Diritto Commerciale, mientras en Alemania con el término Handeslrecht, se cubre esa necesidad con una única expresión comprensiva de ambos modismos” (MURILLAS ESCUDERO, Juan Manuel, Unas notas sobre el concepto de la “mercantilidad”, en Revista electrónica del Departamento de Derecho de la Universidad de La Rioja, REDURNº. 0, 2002,  pp. 104-105).

[2] STIGLER, George J., Teoría de los Precios, Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid, 1953, p. 44.

[3] ALFARO ÁGUILA-REAL, Jesús, Empresa y Empresario: un planteamiento contractual, Universidad Autónoma de Madrid, Working Paper, 2005, en www.uam.es, acceso el 10 de diciembre de 2008.

[4] GANDLGRUBER BAUER, Bruno, Abrir la caja negra: teorías de la empresa en la economía institucional, en Análisis Económico, Núm. 41, Volumen XIX, Segundo Cuatrimestre, 2004, p. 20.

[5] HART, Oliver, Una perspectiva económica sobre la Teoría de la empresa, en Themis, Revista de Derecho. Segunda Época. Nº 46, 2003, p. 3.

[6] En dicha fecha el profesor Coase contaba con sólo 27 años de edad. No obstante aquello, su ensayo tendría una repercusión sin precedentes dentro de la economía contemporánea. Sin embargo, tuvieron que pasar alrededor de 40 años a fin de que la importancia de su trabajo sea reconocida. En 1987, en una conferencia organizada para celebrar el quincuagésimo aniversario de The Nature of the Firm, Coase escribía, al inicio de una de sus conferencias: “(e)n virtud de que “La Naturaleza de la Empresa” ejerció poca o ninguna influencia durante los 30 o 40 años a su publicación, una evaluación de su influencia tendrá que concentrarse en el pasado reciente.” (COASE, Ronald, La Naturaleza de la Empresa: Influencia, en WILLIANSON, Oliver E. y Sidney G. WINTER (Compiladores), La Naturaleza de la Empresa. Orígenes, evolución y desarrollo, México: Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 85. Sobre la contribución de Coase al Derecho puede verse: BEYER, Harald, Ronald H. Coase y su contribución a la Teoría de la Economía y el Derecho, en Revista de Estudios Públicos, Nº 45, 1992, pp. 1-21.

[7] COASE, Ronald, La Naturaleza de la Empresa, en WILLIANSON, Oliver E. y Sidney G. WINTER (Compiladores), La Naturaleza de la Empresa. Orígenes, evolución y desarrollo, México: Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 33.

[8] COASE, Ronald, La Naturaleza de la Empresa, en WILLIANSON, Oliver E. y Sidney G. WINTER (Compiladores), La Naturaleza de la Empresa. Orígenes, evolución y desarrollo, México: Fondo de Cultura Económica, 1996.

[9] COASE, Ronald, La Naturaleza de la Empresa, en WILLIANSON, Oliver E. y Sidney G. WINTER (Compiladores), La Naturaleza de la Empresa. Orígenes, evolución y desarrollo, México: Fondo de Cultura Económica, 1996, p. 38.

[10] HART, Oliver, Incomplete Contracts and the Theory of the Firm, en Journal of Law, Economics & Organization, Vol. 4, Nº 1, 1988, p. 119; HART, Oliver, Una perspectiva económica sobre la Teoría de la empresa, en Themis, Revista de Derecho. Segunda Época. Nº 46, 2003, p. 4, nota 16.

[11] HART, Oliver, Una perspectiva económica sobre la Teoría de la empresa, en Themis, Revista de Derecho. Segunda Época. Nº 46, 2003, p. 4.

[12] ALCHIAN, Armen y Harold DEMSETZ, Producción, Costes de Información y Organización Económica, en PUTTERMAN, Louis (Editor), La naturaleza económica de la empresa, Madrid: Alianza Editorial, 1994, p. 142

[13] HANSMANN, Henry y Reiner KRAAKMAN, Organizational law as asset partitioning, en European Economic Review, Nº 44, 2000, p. 808.

[14] URÍA, Rodrigo, La nueva Ley General de Sociedades y el Derecho del Mercado. Entrevista a Rodrigo Uría M., en Themis, Revista de Derecho. Segunda Época. Nº 37, 1998, p. 9.

[15] Objeciones a dicha formulación pueden verse en: KLAUSNER, Michael, The contractarian theory of Corporate Law: A generation later, en The Journal of Corporation Law, 2006, pp. 779-797.

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