Por Tomás Denegri, asociado del área de Recursos Naturales y Medio Ambiente del estudio Rodrigo, Elías & Medrano Abogados y ex miembro de la Asociación Civil Themis.

La última entrada de este Blog trató sobre la decisión del Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de retirarse del Acuerdo de París. Esta decisión generó una gran controversia, pues Estados Unidos fue uno de los principales promotores de la firma de dicho acuerdo. Como consecuencia de ello, se cuestionó si la retirada de Estados Unidos afectaría gravemente la lucha contra el cambio climático en ese país.

Sin embargo, las respuestas que hemos encontrado en Estados Unidos han sido sorprendentes. Una de ellas viene de Apple, empresa que suscribió el llamado We Are Still In (declaración en la que más de 1,200 miembros del sector público y privado –que representan a 120 millones de ciudadanos y US$ 6.2 billones de la economía norteamericana– se comprometen a mantener a su país como líder global en la reducción de gases de efecto invernadero)[1].

Para demostrar su compromiso en la lucha contra el cambio climático, Apple emitió recientemente “bonos verdes” por US$ 1,000 millones. A esto debemos sumarle los emitidos por la misma el año pasado por US$ 1,500 millones, comprometiendo así una inversión total de US$ 2,500 millones en proyectos “verdes” durante los próximos años.

De manera sencilla, un bono es un instrumento financiero que tiene por finalidad recaudar capital. Como en cualquier préstamo, quien adquiere un bono se convierte en acreedor del emisor. Los acreedores, además de recuperar el capital invertido, reciben el pago de un interés (para Apple, por ejemplo, una tasa fija de 3%).

No existen muchas diferencias entre un bono “tradicional” y uno “verde”. Simplemente, los ingresos obtenidos por la colocación de los bonos verdes estarán exclusivamente destinados a financiar proyectos para luchar contra el cambio climático (eficiencia energética, transporte, manejo de residuos sólidos, entre otros). En otras palabras, el emisor asume frente a su acreedor la obligación de destinar el monto recaudado únicamente en este tipo de proyectos.

Con esto, Apple se convierte en el mayor emisor de bonos verdes en los Estados Unidos y demuestra que el sector privado en este país aún está comprometido con alcanzar las metas fijadas en el Acuerdo de París. Como el propio acuerdo, la retirada de Estados Unidos no es vinculante para el sector privado.

La meta de Apple es financiar proyectos que le permitan hacer más “verde” su cadena de producción y utilizar sólo materiales renovables o reciclados para sus productos. Solamente en el 2016, Apple asignó US$ 442 millones a 16 proyectos “verdes” diferentes (que van desde energía renovable a reciclaje)[2].

Uno de esos 16 proyectos es “Liam”. Este proyecto, aún en desarrollo, es un sistema robótico que desensambla iPhones. En 11 segundos, Liam desarma un iPhone 6 y recupera materiales para que puedan ser reciclados y reutilizados. Con Liam, Apple apunta a reducir, entre otros, la necesidad de extraer los minerales (como plata y tungsteno) necesarios para sus productos.

Como Apple, existen varias empresas que están emitiendo bonos verdes; de hecho, es un mercado en crecimiento. De acuerdo a las cifras aportadas por el Climate Bonds Initiative, en el 2012 se emitieron bonos verdes por “sólo” US$ 3,000 millones en Estados Unidos, mientras que en el 2016 esa cifra llegó a los US$ 81,000 millones. Este año se espera alcanzar los US$ 150,000 millones.

Existen distintas razones más allá de la protección del ambiente por las que una empresa podría estar interesada en emitir bonos verdes. En primer lugar, para obtener capital con el objetivo de financiar proyectos amigables con el ambiente (y reducir costos). Además, da acceso a los fondos de inversión “verdes” como una fuente de financiamiento adicional. Finalmente, tiene un innegable impacto positivo en la imagen de la empresa.

Para Apple, por ejemplo, la emisión de bonos verdes permite: (i) no utilizar las reservas de capital que mantiene fuera de Estados Unidos, lo que implica no pagar tributos sobre éstas (ventaja económica)[3]; y, (ii) posicionarse como líder en la lucha contra el cambio climático (ventaja publicitaria).

A pesar de las ventajas señaladas, el mercado de bonos verdes es todavía una pequeña fracción del mercado de bonos global. Esto se debe, en parte, a las reglas y estándares disímiles que existen a nivel mundial. Sin embargo, como hemos visto, se trata de un mecanismo de financiamiento que podría resultar atractivo para el sector privado y que podría promoverse en nuestro país a través de mecanismos legales que otorguen beneficios (tributarios, por ejemplo) a quienes fomenten y participen en este mercado.


[1] http://wearestillin.com/#press-release

[2] https://www.weforum.org/agenda/2017/06/apple-has-issued-a-green-bond-to-help-tackle-climate-change

[3] http://www.businessinsider.com/apple-is-borrowing-1-billion-to-fight-climate-change-2017-6

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