Kiara S. Bazan , miembro del Consejo Editorial de Enfoque Derecho y estudiante de Derecho de la PUCP.

En estos días, se han revelado diversos casos de violencia contra la mujer que ocasionaron polémica en la opinión pública. El primero fue el caso de Lorena Álvarez, quien denunció el pasado 28 de septiembre a su pareja, Juan Mendoza, por violencia física y psicológica. El segundo se refiere a Micaela de Osma, cuyo caso de agresión por parte de su novio, Martín Camino, fue captado en vídeo por una vecina y luego denunciado por esta en las redes sociales. Sin embargo, estos no son los únicos casos.

El lunes 9 de octubre, Vanessa Arzapalo, denunció a su conviviente, Bruno Huacachin Condor, por agresión física, cuyas lesiones le dejaron el rostro desfigurado y sin posibilidad de que pueda trabajar, pues ella se desempeña como cobradora de “combi”[1]. Asimismo, el miércoles 11 de octubre, se realizó una denuncia hacia Marlon Lama, un luchador de Muay Thai, por parte de su ex pareja, quien lo acusa de haberla golpeado e incluso lanzarla de un auto en movimiento.[2] A pesar de que estos casos sean igualmente importantes que los de Lorena Álvarez y Micaela de Osma, no tuvieron igual cobertura que estos e, incluso, son desconocidos por la sociedad.

Esto tomando en cuenta que, según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, entre enero y agosto del 2017, ha habido alrededor de 230 casos de tentativa de feminicidio y de feminicidio consumado. No obstante, ¿Cuántos de estos son realmente visibilizados y tomados en cuenta por la autoridad pertinente? ¿Cuántos de estos fueron realmente atendidos cuando fueron denunciados? ¿Cuántos de estos fueron conocidos por la opinión pública? Probablemente, no muchos. Posiblemente, un par de ellos habrá aparecido en algún periódico o noticiero o fue noticia por unos días, pero no se habló más de ello.

Esto se enmarca en una sociedad que está acostumbrada a esta clase de violencia, que no se inmuta cuando un caso de violencia hacia la mujer sale en los medios de comunicación. La situación de violencia contra la mujer se normaliza en nuestro contexto. Tanto es así que, la Congresista Martiza García, quien preside la Comisión de la Mujer, tuvo polémicas declaraciones acerca de la culpa que tiene la mujer en los casos de violencia y sobre lo que debe evitar decir.

La sociedad presta atención a los casos y se mediatiza cuando estos no se encuadran dentro de los esquemas mentales que tiene la sociedad sobre el feminicidio. Cuando una periodista denuncia a un reconocido economista o cuando se hace público un vídeo de un hombre, de estatus social alto, agrede físicamente a su conviviente. Porque no entendemos ni nos queda claro cómo es que estas cosas suceden en dicho contexto, porque muchas veces, la sociedad piensa que esos casos solo ocurren en lugares lejanos, porque lo sentimos externo a nosotros, porque nunca lo sentimos tan cerca hasta que nos damos cuenta que la violencia contra la mujer no tiene nada que ver con la clase social.

Sin embargo, ¿Qué sucede con aquellos casos que no son percibidos por las autoridades ni por la sociedad? ¿Qué pasa con los que no tienen la misma cobertura que los casos antes mencionados? ¿Qué pasa con los casos que son olvidados? ¿Qué pasa con esas mujeres? Posiblemente, acudan a la comisaría a hacer la denuncia y volverán a sus hogares, con miedo, intranquilas por lo que pueda pasar. Estos casos son igualmente importantes que los de Álvarez y de Osma, necesitan ser conocidos, estas mujeres deben ser oídas.

Ana María Choquehuanca, ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, indicó que se crearía el Registro Nacional de Agresores, un portal que permitirá saber cuántas denuncias tiene un agresor para evitar víctimas futuras[3]. Sin embargo, ¿Es esta la solución? ¿Esta es la manera de combatir esta problemática? ¿Cómo podemos lograr que los casos que suceden en lugares lejanos sean oídos?

Recientemente, se ha implementado el primer Centro de Emergencia Mujer (CEM) en el distrito de Nueva Sullana en Piura[4] y, también, se inauguró un nuevo CEM en el VRAEM[5], con la finalidad de que pueda atender a mujeres víctimas de agresión física, psicológica o sexual. Esta clase de mecanismos de corte social que implementa el Ministerio de la Mujer permite que los distritos alejados de la capital y que no tienen la atención de la opinión pública puedan ser conocidos por las autoridades. Es preciso señalar que para que estos centros cumplan con los objetivos buscados por el Ministerio el personal que atiende a las víctimas tiene que estar adecuadamente capacitado y brindar a la víctima la mejor atención posible.

Es importante reflexionar sobre esto. Cada vez se revelan nuevos casos de feminicidio o de violencia contra la mujer. Los casos de Lorena Álvarez o de Micaela de Osma no son los únicos. Hay muchos más y el Estado debe atenderlos, la policía, La Fiscalía y el juzgado debe analizar bien cada caso concreto, sancionar adecuadamente a aquellos que sean encontrados culpables. La situación de la mujer en la actualidad es crítica, es esencial que la sociedad tenga conocimiento de los casos que existen, de la forma de actuar de las autoridades y pueda ser un agente activo en estos casos, que no tenga miedo de denunciar la violencia y de manifestarse en contra de estos.


[1] https://peru21.pe/lima/huaycan-mujer-queda-desfigurada-padre-hijos-379326

[2] http://larepublica.pe/sociedad/1109110-facebook-denuncian-por-agresion-fisica-y-psicologica-a-luchador-de-muay-thai-fotos

[3] http://larepublica.pe/sociedad/1109009-ministerio-de-la-mujer-anuncia-creacion-de-registro-nacional-de-agresores-video

[4] http://elcomercio.pe/peru/piura/piura-inauguro-primer-centro-emergencia-mujer-comisaria-noticia-460715

[5] http://elcomercio.pe/peru/junin/instalan-centro-prevenir-violencia-mujer-vraem-noticia-461807

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