Por Wendy León, alumna de la Facultad de Derecho de la PUCP y miembro de Khuska.

Si yo fuera miembro del American Chamber, invertiría en el Perú”. Estas fueron las palabras que usó el hoy ex presidente Alan García para dirigirse a un grupo  de empresarios antes de emitir un paquete legislativo que permitía cambiar la tierra de uso forestal por tierra apta para proyectos de inversión. El resultado fue una matanza con un saldo de 33 muertos entre indígenas y policías y, un desaparecido. Este suceso fue conocido como “El Baguazo”. Unos años después, en 2017 con la misma excusa de promover la inversión para generar desarrollo, el Congreso aprobó una Ley que exonera de impuestos a las empresas aéreas para no pagar tributos por los próximos cinco años, dejando de percibir cerca de 1,200 millones de soles al año.  Ante este panorama constante, todavía tenemos muchas dudas: ¿Son realmente efectivas estas medidas? ¿Logramos ganar más de lo que perdemos? ¿Hemos encontrado la fórmula del desarrollo? Sin pretender retratar una figura negativa de la incursión empresarial en nuestro país, intentaremos responder estas preguntas repasando los puntos débiles que debemos mejorar para no tenerlos como incentivos para invertir en el Perú.

Perú es un país con mucho potencial para las inversiones. El dinamismo en su economía hizo que muchas empresas nacionales y extranjeras lo tengan como destino favorito y esa es una de las razones por las que nuestro país se pudo posicionar, en los últimos años, como una economía sólida en América Latina. Por ello, partimos de que el problema no reside en las inversiones ni en la empresa. El problema real se encuentra cuando se pretende generar inversión a todo precio, aún a costa de los intereses de la población. Planteado en estos términos, lo que se obtiene al final del camino es la apariencia de obtener un beneficio gracias a la inversión y, la realidad de entregarlo todo, recibiendo en muchos casos poco más, o menos de lo que dimos.

Así por ejemplo, durante el gobierno de Alan García nuestro país tuvo un crecimiento económico sumamente importante producto del boom en el precio de recursos como el oro, el cobre y el petróleo. Con la excusa de crear condiciones accesibles para concretar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, se emitieron leyes que cambiaban el uso destinado a tierras forestales en los casos de proyectos de inversión. De esa manera, tierras que no podían tener otro uso más que el que ser destinadas a ser bosques, podrían ser utilizadas como concesiones para la extracción de petróleo en esas zonas. La oposición no se hizo esperar y, tras una larga protesta indígena en Bagua, la situación concluyó en una masacre. El aclamado “desarrollo” por medio de la inversión planteada de esta forma acabó con 34 vidas.

En el mismo sentido, la Ley[1] de exoneración tributaria a empresas aéreas permite flexibilizar las condiciones bajo las que brindan los servicios de transporte aéreo. Al igual que en el caso anterior, el motivo sería promover el desarrollo del país mediante la conexión con todo el territorio nacional. ¿El precio a pagar? Dejar de percibir cerca de 6 000 millones de soles en 5 años que, al parecer, nadie en el Perú necesita. Esta cantidad de dinero no hace falta, en educación, en seguridad, ni mucho menos en salud, y aún si hiciese falta, es mejor dejar de obtener esos impuestos que dejar de potenciar el “desarrollo”.

De hecho, si comparamos el presupuesto público de este año[2], que asciende a 142 472 millones, la mencionada cantidad representa el 4.2 % del presupuesto. Y si lo comparamos con el presupuesto destinado a algunos Gobierno Locales, la cifra se hace aún más significativa. Por ejemplo, en este año la Municipalidad Provincial de Paucar del Sara Sara en Ayacucho recibió poco más de 7 millones y la Municipalidad Provincial de Paruro en Cusco, poco más de 5 millones. Pero lo importante será siempre buscar el desarrollo, a todo precio, a toda costa, como si este sólo pudiese traducirse en dinero. Como si el desarrollo tuviese sólo esa faceta.

Pero Perú es un buen destino para invertir. Y lo es, no solo por su creciente economía que se disparó a inicios del siglo hasta posicionarse como la séptima más grande de la región, ni por ser un país rico en recursos. Existen muchas razones detrás para ver a nuestro país como un punto atrayente de lo que desea un inversionista. Por ello, analicemos los factores que hacen al país atractivo para invertir, pero que son las que a su vez permiten que se pierda más de lo que se gane.

Una de ellas ya bastante conocida y mencionada es la economía estable que tenemos. El sol peruano es una moneda muy bien posicionada en la región, el crecimiento porcentual para nuestro país hasta 2016 se ha mantenido cuesta arriba. El PBI per cápita se mantuvo en un ritmo creciente de 5.9% entre 2000 y 2015[3], siendo el más alto de la región. Todos estos indicadores dan evidencia de que nuestro país es un buen lugar para el mercado, comparando la situación actual con la que se tenía hasta hace 20 o 30 años atrás. Pero no nos quedemos allí, porque de estos ya hemos escuchado mucho. Revisemos qué más tenemos como país para invertir.

Otro de los factores que nos hace llamativos para el mercado mundial es la flexible legislación que tenemos. Nuestro país está repleto de leyes, y estas representan dos situaciones: o existen leyes que no se respetan, o muchas de ellas crean o favorecen espacios para la irregularidad. Así, tener una minera ilegal, una empresa deforestando en la selva u otra que no paga impuestos es completamente legítimo. Si la economía ya era una buena razón para mirar hacia el Perú, ésta es la mejor razón de todas.

De la mano con esto, se encuentra la corrupción. Un escándalo internacional con empresas brasileñas que han hecho rehuir al mismo Presidente de acudir a la comisión que investiga este caso, nos hace pensar que la corrupción se enquista en la misma nata del poder. Dos ex presidentes en la cárcel, un tercero prófugo y muchos otros escenarios regionales con gobernantes procesados por delitos de corrupción nos retratan la escena. El problema está enraizado en todas las instituciones, se ha vuelto una red nacional casi incontrolable. Todo está permitido si hay dinero. Parece que se ha interiorizado tanto la idea del mercado libre para llegar a vender hasta nuestros derechos y deberes. Ahí está la cereza que adorna el pastel y la mezcla de tres ingredientes perfectos para hacer un lugar cómodo para invertir sin generar ese real beneficio que todos buscamos. Pero algo más agrava la situación: una población dormida.

La cadena de corrupción está en nuestra vida diaria. La vemos tantas veces que pareciera que forma parte de nuestra cultura. Participamos en ella y ya no nos alarma. Hasta la justificamos pensando que si al final todos roban, que roben pero que al menos realicen obras. Ya no nos quejamos, y parte de ello se debe a la falta de conocimiento sobre nuestros derechos. Pensamos que es normal que muchos alcaldes, gerentes y gobernadores estén procesados, que es normal porque los políticos son así, y que nos toca decirle sí a todo porque nunca va a cambiar. De esta manera alimentamos las condiciones perfectas para los atropellos.

El país no sólo son sus gobernantes, no sólo son los jueces, o los congresistas. Somos los ciudadanos que vivimos en él, lo formamos cada uno. Dejar de percibir 6 mil millones de soles en impuestos, por supuesto que nos perjudica. Una minera ilegal en Madre de Dios depredando bosques y potenciando el círculo de trata de personas en esa región, por supuesto que nos hace daño. Hace falta estar enterados, reclamar y elegir mejor, para no lamentarse después.

Y una vez más, el problema no está en las inversiones que puedan llegar al Perú, porque tener una economía estable depende de ello. Pero no podemos sacrificar al país de ese modo con la excusa del “desarrollo”. El desarrollo necesita fondos económicos, pero va más allá del dinero. Estas decisiones sólo terminan por perjudicarnos, pues nada que nos haga sacrificar vidas o derechos va a poder satisfacerse con un puente o una carretera. Hace falta reforzar nuestros puntos débiles, frenar a quienes los han visto como incentivos para negociar, y mantenernos firmes y críticos con las decisiones que tomen nuestras autoridades. Tan fuerte es el impacto que tener leyes que no se cumplen, ser un país repleto de corrupción y mantenernos al margen, nos lleva a perder generaciones enteras de personas que pudieron mejorar su calidad de vida. Tratar de tener una “mejor economía” a este precio no nos sirve. O algo anda mal o esta fórmula del desarrollo no funciona.


[1]http://www.leyes.congreso.gob.pe/Documentos/2016_2021/Dictamenes/Proyectos_de_Ley/00551DC23MAY20170615.pdf

[2] Ley Nº30518 Del Presupuesto del Sector Público para el año Fiscal 2017. En: https://www.mef.gob.pe/contenidos/presu_publ/anexos/anexo7_ley30518.pdf

[3] Diario Gestión: ¿Cómo está nuestro ingreso por habitante frente a los países de la región?. Recuperado de: https://gestion.pe/economia/pbicomo-esta-nuestro-ingreso-habitante-frente-paises-region-2176291

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