Por: Óscar Sumar, Director de Regulación Racional, ex Director de Contenido de Themis, doctor en Derecho por UC Berkeley, abogado en Sumar & Sánchez Abogados y profesor de Calidad Regulatoria en la PUCP

La mayoría de personas creen que el gobierno peruano deja de regular algún tema por presión de los grupos de interés. Gracias a la Escuela de Chicago, sabemos que la gran mayoría de la regulación responde al interés de las propias empresas reguladas, desde que la regulación es una herramienta para restringir la competencia. Esto no quiere decir, sin embargo, que la actitud de los grupos de interés siempre sea favorable a la regulación. Los grupos de interés no tienen –por lo general- una postura ideológica frente a la regulación, sino oportunista. Eso quiere decir que optimizarán su postura frente a ella, por ejemplo, no oponiéndose a una norma sino a detalles, o dificultando (o evadiendo) su aplicación a pesar de estar –supuestamente- a favor de su aprobación.

En discusiones como la prohibición del tabaco, tanto los grupos anti-tabaco como las tabacaleras están en el mismo lado de la mesa. Ambas quieren que se restrinja la competencia en dicho mercado para elevar el precio. Las ONGs anti-tabaco lo hacen porque quieren reducir la cantidad de fumadores, pero la industria sabe más: en un mercado con demanda inelástica los incrementos de precio solo la favorecerán. Este fenómeno es tan estudiado que hasta tiene un nombre: Bootlegges and Baptists.

Así, buena parte de la regulación tiene la intención o el efecto de reducir la competencia, incrementando los precios o reduciendo la eficiencia, en desmedro de los consumidores o la sociedad en su conjunto.

¿Qué podemos hacer frente a esto?

Si bien no existe una receta establecida contra este mal, un comienzo es educarnos sobre la regulación, a fin de que la sociedad “demande” mejores normas. El fin de este blog será ese. Muchas veces diremos cosas que serán entendidas como contrarias al “sentido común” en su acepción más literal. Otras veces, creerán que hemos sido “comprados” por la industria. Nuestra finalidad, sin embargo, será hacer reflexionar a los lectores sobre el impacto y los costos de la regulación, sin ninguna agenda más allá del conocimiento y el bien de la sociedad.

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