¿Revolución caliente? El desafío peruano frente al Nuevo Constitucionalismo latinoamericano

El autor reflexiona sobre la incidencia del neoconstitucionalismo en el actual contexto político de nuestro país.

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Fuente de la imagen: Mi boina

Entrevistador: Patricio Ato del Avellanal Carrera, abogado del Estudio Jurídico Ato del Avellanal y miembro de Perspectiva Constitucional.

Nos encontramos en esta oportunidad con el Doctor Rubén Martínez Dalmau[1], en una coyuntura políticamente complicada para el país, dado que el Congreso de la República no deja de estar en constante tensión con el Gobierno; generando así grandes desgastes políticos en menos de dos años del periodo establecido para gobernar. Esta tensión no es nueva: el Perú viene teniendo una fuerte pugna entre fujimoristas y antifujimoristas por el poder. Desde el año 2000, Alberto Fujimori renunció a la Presidencia. En todos estos años, muchos de nuestros países vecinos emprendieron procesos emancipadores, los cuales conllevaron a la creación de nuevas constituciones, las cuales ponen en discusión la llegada de un nuevo constitucionalismo latinoamericano que trae consigo no solo la renovación de pactos sociales; sino también, la tutela de nuevos derechos fundamentales ¿En dónde queda el Perú frente a esta nueva corriente?

1.-Dada la presente coyuntura política peruana, ¿qué opciones considera usted que el Perú debería elegir para frenar esta crisis latente?

Haciendo un poco de revisión de lo que está pasando ahora, estamos viviendo un proceso claramente destituyente en todos los ámbitos: en el ámbito social con el crecimiento y el aumento de la desigualdad; tenemos un país desigual que sigue siendo cada vez más desigual. Ello significa que no están funcionando los modelos económicos de la distribución de la riqueza y tampoco está funcionando el Estado como elemento democratizador de las ideas. La crisis política, que se ve claramente en falta de unión de valores dentro de la sociedad peruana. Ahora mismo, la sociedad peruana no está comprometida en una unión republicana de valores, que mire hacia un futuro emancipador, sino que están incorporados dentro del día a día de una maquinaría que simplemente les acota su ámbito de visibilidad y no se puede ver más allá de lo que están viendo. Es una especie de gobierno de sombras platónico que no les permite ver más allá y eso también está construido por la falacia del crecimiento con estabilidad. Prácticamente, desde el primer gobierno de Fujimori, desde la creación de la constitución que acabó con la constitución de Haya de la Torre y la incorporación de elementos que parecían más continuistas que regeneracionistas, a partir de la primera dictadura, lo que se hace es que había una constitución que promete que a cambio de mantenerla todo va a estar bien. Entonces, es la garantía de la estabilidad con la garantía del crecimiento, condiciones de igualdad y todo eso es mentira, no ha funcionado nada de eso. Y bueno, como este país a nivel político es un desastre, lo que hay que hacer es proponer cosas nuevas porque, ahora mismo, lo que hay no sirve para nada. No vale la pena insistir en cosas que no van a funcionar nunca, que llevan veinte años sin funcionar y que en este gobierno es un imposible.

El Perú tiene la tradición de refundar la patria cada quince años, esa es la media de acuerdo con algunos investigadores…

¡Ya toca!

Es un reclamo que se tiene presente a nivel político. De hecho, durante la primera discusión en el hemiciclo sobre la vacancia presidencial, las agrupaciones de izquierda señalaban en sus participaciones que la culpa de la crisis política actual la tiene el modelo económico y lo que se necesitaría es un nuevo pacto social.

¡Claro! Si este poder constituido es altamente agonizante, está erosionado y no se puede hacer nada con eso. Se va a convertir en una cueva de bandidos para ver quién roba más y sin haber ningún elemento emancipador de por medio. Yo no estoy completamente en contra del indulto de Fujimori. Creo que el indulto pudo haberse hecho en el marco de un proceso emancipador, de refundación, de recreación republicana. Como un elemento emancipador, hablemos dentro de una Asamblea Constituyente el indulto a Fujimori, pero no por el capricho de un tipo que lo único que quiere es que su cuello no cuelgue, pero que va colgar igual.

2.- ¿Cómo podría implementarse la idea o desafío de este Nuevo Constitucionalismo en un país como el Perú? 

El problema del Perú es que junto con Chile son los únicos dos países en Latinoamérica que mantienen una constitución que fue concebida en una dictadura. Hemos visto a los chilenos también con una crisis política activa. Por lo tanto, las condiciones para un avance democrático están dadas porque lo que prometieron que iba a pasar, no ha pasado, ni va a pasar y ahora estamos muy lejos de entender que crecimiento y estabilidad van de la mano de la constitución fujimorista. Entonces, se dan las condiciones perfectas para iniciar un proceso constituyente y avanzar democráticamente a una nueva constitución. Las condiciones típicas de libro, dentro del paradigma de un constitucionalismo democrático, llamamos unas condiciones de desconstitucionalización, ahora estamos en pleno proceso desconstituyente y pronto veremos una nueva constitución.

3.- Se critica mucho al Perú por carecer de una cultura democrática. Un ejemplo de ello podría verse cuando las encuestadoras señalan que la población demanda que el presidente cierre el Congreso de la República ¿Cómo conciliar este sentir antidemocrático con la idea de que los ciudadanos buscan una mejor situación de la que están? Si la ciudadanía tiene la potestad de volverse Poder Constituyente, ¿Cómo conjugamos aquel sentir con una situación mejor?

Hay tres cosas que son fundamentales para entender los procesos emancipadores: en primer lugar, no se toman las mismas decisiones estando encerrado que estando en libertad; es decir, la sociedad que no tiene capacidad de decisión, lo que hace a través de las encuestadoras es mostrar su descontento, su decepción, su rabia. Una rabia que dice: “¡que se vayan todos!” porque no tienen ni para comer, no tienen para ducharse con agua caliente, esa es una respuesta desde la rabia por un pueblo atado, siendo torturado y viviendo en condiciones miserables. Si a ese pueblo o a esa sociedad tú la sacas y le dices que estás fuera, que ahora vamos a construir colectivamente y ¿de qué hablamos cuando hablamos de derechos sociales? Hablamos de qué es lo que haremos por el bienestar de tus hijos, hablamos de renta básica; entonces, la forma de pensar cambia completamente porque antes no tenían nada que hacer, eran impotentes y ahora tienen una capacidad de decisión que va a ser vinculante y por lo tanto su decisión cambia. No es lo mismo que uno tome una decisión forzado, atado, sin poder moverse a tomar una decisión libre.

En segundo lugar, uno no nace con una cultura democrática. No es un gen. Es un proceso de culturización y habrá que medirlo con elementos comparativos a mediano o largo plazo para ver si es avanzado o no. El caso colombiano, de 1989 hasta el dos mil, han avanzado en todo: en las tutelas, en los derechos, derechos sociales, el matrimonio igualitario… ¿en qué ha avanzado Perú? ¿En derechos sociales? En nada ¿condiciones de igualdad? Nada ¿en matrimonio igualitario? Vamos, que ni siquiera hay ley para las parejas. Entonces, ahí si puedes comparar. Dos países bastante parecidos, con fronteras comunes, uno inició una vía constituyente hace veinte años y el otro no; los dos tenían problemas con la guerrilla: uno acabo con un acuerdo de paz espectacular y el otro acabó con un criminal en la cárcel. Desde ese punto de vista, las condiciones democráticas se van creando. Si comparamos con Europa, hasta los años setenta, todavía en los Consejos Comunales suizos se cuestionaba el voto de las mujeres, eso hace cuarenta años. La democracia la tenemos que ver desde un punto de vista evolutivo. Si no empezamos a construir elementos que creen una cultura democrática, nunca tendremos una sociedad democrática.

Y, en tercer lugar, la única alternativa de la democracia es la oligarquía o la dictadura: o somos demócratas o no lo somos. Aquí no hay medias tintas. Entonces, o eres un demócrata, que crees en la energía popular en el sentido de Parker, una voluntad constituyente y una capacidad emancipadora del pueblo que se va construyendo, o somos oligárquicos porque creemos que necesitamos una élite, sea de quien sea, una económica: un PPK, una intelectual: un PHD que pueda mandar encima de todos. No se puede ser demócrata y oligarca a la vez. Por lo tanto, o entendemos que la democracia se basa en la voluntad popular y en el avance emancipador del pueblo o entonces los schumpeterianos o dahlianos, leemos a Pareto por las noches y decimos que necesitamos de unas élites. Y uno es la élite porque normalmente quien dice que quiere gobernar con las élites no lo dice el pueblo, lo dice la élite. Mira a Evo Morales, por ejemplo, que piensa que es imprescindible y el pueblo le ha dicho que no lo quiere más. Se ha convertido en élite: era un gobierno popular y ahora se ha convertido en un gobierno elitista. La Constitución de 2009 prohíbe la reelección; entonces, para modificar la constitución tiene que irse a referéndum popular y, en el 2016, Evo Morales preguntó y la gente dijo no que querían modificar la reelección. Ahora, él apela al tribunal, le dan tutela con una interpretación redactada por el mismo gobierno, con una teoría que se la inventaron los nicaragüenses (una dictadura) y que siguieron los hondureños (otra dictadura) para mantener a Porfirio en el poder; eso se lo aplica a él y ahora está creando ingobernabilidad y crisis que va a acabar con el gobierno de Evo Morales porque el pueblo no ha visto respetar su decisión.

4.- El artículo 46 de nuestra constitución establece el derecho a la insurgencia o derecho de rebelión. En un contexto en donde las élites pugnan por traerse abajo el orden o poder constituido, ¿cómo se relaciona el derecho a la insurgencia y la creación de un proceso constituyente? 

Todo proceso constituyente democrático siempre tiene un momento rebelde. La constitución de Colombia de 1986 decía: “solo el Parlamento puede modificar la constitución…” y la Séptima Papeleta fue en base a esa rebelión democrática del pueblo soberano; entonces, el derecho a la rebelión está pensado para momentos en que la constitución no da más de sí y el poder constituido se impone sobre el poder constituyente. Y si ves los momentos constituyentes de la constitución de Querétaro de 1917, desde las primeras constituciones emancipadoras latinoamericanas, desde 1811, todas han sido constituciones que provienen de la rebeldía contra la oligarquía, contra la dominación, contra la dictadura; entonces, esa es la gran diferencia entre las constituciones democráticas y no democráticas.

5.- El Gobierno peruano declaró mediante el Decreto Supremo 003-2018-PCM el presente año como “El Año del Dialogo y la Reconciliación Nacional”, ¿Cuáles serían los pasos a seguir en un contexto de reconciliación forzada para iniciar un proceso constituyente con miras al 2021 que se celebraría nuestro aniversario bicentenario?

Yo creo que habría que aprovechar la coyuntura, dado que es el año de la reconciliación: ¡reconciliémonos! Y ello significa empezar ya. La destitución de los elementos ya se ha dado. Este país está hecho añicos en todos los sentidos como hablamos al principio de la conversación. Hay que empezar a construir y la única forma de empezar a construir, con Fujimori, con PPK, es creando algo diferente; entonces, empecemos la reconciliación y eso significa iniciar popularmente un proceso constituyente de reconciliación a través de una asamblea constituyente que, por ejemplo, confirmara el indulto de Fujimori a cambio de que los fujimoristas se incorporen al proceso constituyente de una manera constructiva, dado que somos demócratas y entendemos que ellos también tienen algo que decir; y entonces, empezamos a construir una nueva constitución democrática peruana como la que se formuló en 1978. En un proceso de reconciliación también tendría que verse la posible liberación de Abimael Guzmán, no es que yo sea muy a favor de Guzmán.

6.- En este escenario de posible reconciliación, ¿cómo se podría hablar de dialogo con un Fujimorismo que abierta y públicamente rechaza los Derechos Humanos y que plantea que denunciemos el Pacto de San José?

En primer lugar, nada de lo que hay nos serviría para una nueva composición. Un proceso constituyente tiene que hacerse no en el marco de una diaclasa pro/anti fujimorismo, sino a través de la elección de constituyentes en los pueblos indígenas de la selva, en la sierra, en la costa, las ciudades… que sean los constructores de un nuevo texto, como se hace clásicamente un proceso constituyente. Entonces, tenemos que olvidarnos de elementos constituidos, tenemos que crear un movimiento emancipador que rompa con toda una vida y que cree algo diferente, sino se va repetir lo mismo que ya está. Entonces, esto no nos sirve, el Congreso no nos sirve, el fujimorismo no nos sirve, PPK no nos sirve, nada de todo eso nos sirve. Nos sirve una elección democrática de constituyentes que permita una conexión con sus pueblos y ahí incorporar por primera vez a los pueblos indígenas, irse a la selva y colocarlos; meterse a los lugares más apartados e incorporarlos y refundar republicanamente el país. Lo otro son debates ya pasados para mí. Ahora estamos en un debate diferente y esa gente será la que decidirá qué elementos emancipadores incluirá. Ningún proceso constituyente ha dado marcha atrás en Derechos Humanos. Todo lo contrario, los procesos constituyentes se crean para crear más derechos, mejores condiciones de vida y, sobre todo, más democracia. Cualquier cosa que salga de ese proceso constituyente, será veinte mil veces mejor que la constitución fujimorista.

Ahora, con las nuevas tecnologías se puede hacer de todo, mira el caso en Chile, date cuenta del caso islandés, por ejemplo, el Municipio de Reikiavik empezó a crear una página web solo para que la gente debatiera y votara si el Consejo debía ser bicameral o unicameral. Se pueden crear foros, mecanismos de incorporación de buzones constituyentes, debate democrático, puedes hacer lo que quieras, eres libre otra vez y siendo libre otra vez ya no actúas con rabia y vas diciendo: “ahora me toca construir mi futuro” y eso es una forma diferente. Y que no te sorprenda que un gobierno en disolución como el de PPK diga: “bueno chicos, aquí ya no hay nada que hacer

7.- Entonces, ¿apagamos la luz, cerramos todo y nos vamos a casa?

No sería una mala idea, sería un proceso similar al de Gaviria en Colombia en 1991, en el que no había nada que hacer. Estaban a punto de disolverse y se planteó la Séptima Papeleta, Asamblea Constituyente y ¡Vamos allá! Elecciones Constituyentes. En el caso peruano yo no me esperaría y comenzaría este año, dado que mientras mayor sea el tiempo que pase, mayor será el sin aliento y entonces, para mí, es algo que se requiere hacer cuanto antes.


[1] Profesor Titular del Departamento de Derecho Constitucional y Ciencia Política de la Universidad de Valencia, Consultor en Derecho Constitucional en la Universitat Oberta de Catalunya. Es Doctor en Derecho por la Universidad de Valencia, licenciado en Ciencias Políticas por la UNED, cuenta con el Diploma en Derecho Constitucional de la Academia Internacional de Derecho Constitucional y con el Diploma de Estudios Avanzados en Ciencias Políticas por la UNED. Realizó estudios postdoctorales en la Universidad Federico II de Nápoles.

 

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