El día 23 de marzo, el hasta entonces presidente, Pedro Pablo Kuczynski, renunció a su cargo tras la difusión de los “Kenjivideos”, en los que se ve cómo Kenji Fujimori, Bienvenido Ramírez y Guillermo Bocangel ofrecen obras al congresista Moisés Mamani a cambio de su voto en contra de la vacancia. Finalmente, luego de una serie de especulaciones y tensión política, el Congreso aceptó la renuncia del ahora ex-presidente. En consecuencia, y siguiendo el artículo 115° de la Constitución, el ex embajador y primer viceministro Martín Vizcarra asumió la presidencia en menos de 48 horas.

En este sentido, el presente editorial tiene por objeto realizar una reflexión crítica sobre cuáles fueron las causas que originaron toda esta de crisis política que, finalmente, terminó con la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski. Asimismo, analizaremos cuáles son las actitudes que debería asumir el nuevo presidente, Martín Vizcarra, a fin poder llegar al bicentenario de la República siendo un país estable y en el cual haya instituciones democráticas fuertes.

En las elecciones generales del año 2016, Fuerza Popular, cuya candidata presidencial fue Keiko Fujimori, no logró ganar las elecciones presidenciales, aunque sí logró obtener una abrumadora mayoría en el Congreso. Es innegable que este grupo posee un amplio poder político, dato que queda demostrado por la forma en cómo se ha relacionado abusivamente con el Ejecutivo en los últimos meses.

Por otro lado, la corrupción en todos los ámbitos del aparato estatal sigue siendo uno de los problemas más graves en el Perú. En el último año, esta situación ha quedado al descubierto a partir del escándalo del caso Odebrecht; un escándalo de sobornos pagados por la multinacional que ha remecido el país, desatando una serie de críticas, enfrentamientos y acusaciones entre los principales partidos políticos, lo cual también ha sido otro factor para la inestabilidad política. Una de las consecuencias más graves de este caso ha sido justamente que a raíz de él se dio, en diciembre, un fallido intento de vacancia presidencial que derivó posteriormente en la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski. Toda esta situación evidencia, además, que en nuestro país no existen partidos políticos estables, que hay una alarmante falta de institucionalidad, y lo que es más grave aún, una evidente tolerancia y normalización de la corrupción por parte de la sociedad peruana.

¿Qué actitudes deberían tomar tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo? Ahora que Martín Vizcarra ha asumido la presidencia, a fin de que pueda procurar una mayor gobernabilidad durante su gestión, será necesario superar la relación confrontacional entre el Ejecutivo con la principal oposición política en el Congreso y los demás grupos parlamentarios. El nuevo mandatario y la oposición congresal deberán reparar en la deteriorada relación que ambos poderes han mantenido desde la toma de mando del ex presidente Kuczynski, la cual solo ha causado inestabilidad política y daño al país, y deberán procurar mantener una actitud más dialogante.

Estos meses de gestión se han caracterizado por un abuso de las facultades legislativas de los congresistas de oposición, quienes han utilizado mecanismos democráticos para realizar actos autoritarios que han atentado contra el legítimo balance de poderes. Un ejemplo de ello fue la reciente modificación del reglamento del Congreso que, ciertamente, fue más una reforma constitucional hecha con el objetivo de sacar una ventaja política sobre el Poder Ejecutivo, sin reparar en que este cambio podría afectar al equilibrio democrático de nuestro país.

Ahora con Martín Vizcarra en el despacho presidencial, será necesario establecer puentes políticos para así lograr la necesaria comunicación que permitirá no sólo lograr un espacio de gobernabilidad estos tres años, sino que consiga construir un buen escenario para períodos futuros. El presidente debe buscar estabilidad política por medio del diálogo y concertación con la oposición, la cual debe entender esta etapa como una nueva oportunidad de colaboración mutua. El país necesita no solo una nueva actitud del presidente de la República, sino que también espera una actitud renovada del Congreso.

La designación de nuevos ministros representará un desafío aún más complejo para el presidente Vizcarra, debido a un contexto en el cual incluso ex miembros de su bancada, como Alberto de Belaunde y Gino Acosta, han evidenciado una actitud de rechazo hacia la gestión de Pedro Pablo Kuczynski y que tocará continuar a Vizcarra. La conformación de un gabinete ministerial sólido y alejado de cualquier escándalo político debería ser el primer acierto del nuevo presidente, el cual, además, no solo debe llevar una relación estable con los grupos de oposición, sino que también deberá procurar recuperar el apoyo perdido de su propia bancada, además de lograr que esta sea fuerte y estable.

Otro de los puntos claves en el cual el presidente Vizcarra debe enfocarse es en mantener una posición firme acerca las investigaciones de corrupción. Tanto sobre el caso de Lava Jato, el cual es investigado por vía judicial y legislativa, como sobre los recientes videos en los que presuntamente se estaría realizando la compra de votos a congresistas de la oposición para el último escenario de vacancia. El presidente debe hacer que el discurso que dio en su juramentación en relación a la lucha contra la corrupción se vea reflejado en acciones concretas. No debe ceder ante la presión social; por el contrario, se debe exigir a los operadores de justicia que trabajen por la búsqueda de la verdad, evidentemente respetando su imparcialidad e independencia.

Inicia una nueva etapa y es una oportunidad para que el Perú pueda llegar el bicentenario fortalecido en la lucha contra la corrupción y con una sociedad que haya recobrado la confianza en sus instituciones. El Perú es un país que tiene grandes desafíos y dificultades que enfrentar; pero a la vez es un país con grandes oportunidades que aprovechar para lograr el progreso para todos los ciudadanos. Martín Vizcarra ha asumido la responsabilidad de gobernar dentro de este complicado contexto. Ahora que se presenta un cambio de gestión, debe ser lo suficientemente asertivo para lograr los dos principales retos que se le presentan; por un lado, establecer espacios de diálogo y gobernabilidad con la oposición congresal y con su propio grupo político. En segundo lugar, apoyar en la lucha frontal contra la corrupción y mantener siempre una imagen de integridad y alejada de cualquier escándalo político que ponga nuevamente en duda la legitimidad del gobierno.

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