El 13 y 14 de abril pasado se realizó la VIII Cumbre de las Américas en nuestro país, en la cual diferentes autoridades de los países de la región discutieron en torno a un tema: Gobernabilidad democrática frente a la corrupción. Todo esto en en el contexto de los grandes escándalos de corrupción y su incidencia en las crisis política que aún seguimos atravesando en todo latinoamérica. De esa manera, se busca plantear una solución conjunta ante esta problemática. Además de este tema, se ha buscado discutir y tratar otros también importantes, como son el desarrollo sostenible, la cooperación, la institucionalidad internacional y las alianzas público-privadas.

En ese sentido, el presente editorial busca abordar las problemáticas en temas de corrupción y gobernabilidad, y analizar la importancia de la realización de esta clase de reuniones para buscar soluciones a dichas problemáticas, así como la necesidad de que los acuerdos que se adopten se transformen en cambios reales y efectivos.

En primer lugar, es claro que existe crisis social en la región a partir de los casos de corrupción de Odebrecht, lo cual ha ocasionado que incluso gobiernos enteros se vean desplazados debido a las acusaciones realizadas por los líderes de la constructora brasileña. Esto no ha sido exclusivo de un solo país, sino que ha traspasado fronteras y ha puesto de manifiesto dos de los graves problemas que enfrentan los países latinoamericanos: la corrupción y la escasa gobernabilidad. Esto nos demuestra que pueden existir problemáticas que son un factor común en varios países de la región.

Solo es cuestión de analizar la situación política en Brasil o en Perú para percibir el alcance de las crisis institucionales a partir del caso de Odebrecht. En Brasil, por ejemplo, el ex presidente Lula da Silva ha sido condenado a doce años de prisión por el delito de corrupción pasiva y lavado de activos, tras haber sido acusado de recibir dinero de la empresa OAS para beneficiarla en negociaciones con la empresa Petrobras. Asimismo, en el 2016, Dilma Rouseff fue destituida por el Congreso del cargo de la Presidencia por violación a las normas presupuestarias y por sospechas de implicación en negocios de corrupción con Petrobras, puesto que, se sabía que Marce Odebrecht le había entregado 150 millones de dólares para la campaña del 2014.

En el caso peruano, por otro lado, el caso de corrupción Lava Jato ocasionó una gran crisis política, pues en las últimas declaraciones de Jorge Barata, este mencionó que entregó dinero a diversos funcionarios públicos y candidatos políticos, como por ejemplo, Keiko Fujimori, Alejandro Toledo, Susana Villarán, Alan García y el ex presidente Pedro Pablo Kuczynski. Ello conllevó a que a este último se le iniciara un proceso de vacancia por las relaciones que mantenían sus empresas con Odebrecht durante su etapa como Primer Ministro y Ministro de Economía. Finalmente, luego de otro escándalo político a raíz de los videos de Kenji Fujimori comprando votos en contra de la vacancia, Pedro Pablo Kuczynski renunció a la presidencia y está siendo investigado por el caso Odebrecht.

En segundo lugar, la corrupción contribuye también a generar un problema de gobernabilidad y desconfianza en las instituciones democráticas por parte de la población, problemas que también son común en varios países de la región. Una de las instituciones democráticas cuya credibilidad se ha visto más afectada por la corrupción ha sido, por ejemplo, el Poder Judicial. Dentro de los países de América con más desconfianza en la administración de justicia se encuentran países latinoamericanos como Paraguay, Perú, Ecuador, Haití, Bolivia, Argentina, etc. Por el contrario, los países con democracias más consolidadas son a su vez aquellos que demuestran más confianza en su Poder Judicial, como son Canadá, Uruguay, Estados Unidos, entre otros. Por otro lado, los casos de corrupción también han generado una desconfianza hacia los líderes políticos y sus agrupaciones. El caso peruano es un claro ejemplo de ello, dado que todos los ex presidentes desde el año 2000 (año de la supuesta reconstrucción democrática) tienen problemas con la justicia a raíz de casos de corrupción.

Tanto la corrupción como la falta de gobernabilidad y la desconfianza en las instituciones democráticas son problemas recurrentes en varios países de la región, por lo cual su solución debería plantearse de forma sistemática y con colaboración entre los países. Es ahí donde radica la importancia de eventos como este en los que se discutan soluciones que involucren a varios países.

Ahora bien, enfocándonos en la realización de la Cumbre en sí, una de las principales críticas a la ejecución de este tipo de reuniones radica en su utilidad para producir cambios efectivos. Muchos son los que critican la falta de resultados de las anteriores cumbres realizadas en Colombia y Panamá, y que consideran que estos foros se han convertido en una oportunidad para hacer “turismo diplomático” en vez de discutir cambios efectivos en la región. Debido a ello, es importante que los funcionarios se comprometan a llevar a cabo las políticas y objetivos que se planteen en la Cumbre y que comprometen a los Estados, de tal forma que este importante evento no pierda el sentido y no sea en una mera reunión simbólica.

La corrupción ha ocasionado un clima de inestabilidad política y de crisis institucional en la región, lo cual se ha traducido también en problemas de gobernabilidad. Es por ello que consideramos importante que se realicen reuniones en las cuales se discutan estas problemáticas entre los líderes de los países afectados, de tal forma que se llegue a una solución sistemática. Los mandatarios deben llegar a soluciones conjuntas para superar estas etapas de crisis, además deben incentivar la colaboración mutua entre los países de la región y la sensibilidad ante problemáticas que afectan a uno o a varios países. En ese sentido, la Cumbre de las Américas es una oportunidad para alcanzar este objetivo, por lo que se deben hacer esfuerzos máximos para que los acuerdos concretados se implementen efectivamente y no se queden en simples ofrecimientos sin una verdadera voluntad para realizar un cambio.

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