Por Kiara Bazán Santillán, alumna de la facultad de Derecho de la PUCP y miembro del Consejo Editorial de Enfoque Derecho.

“Sentí que debía darle un escarmiento. Saqué la botella con gasolina que tenía en mi mochila. Me acerqué. Yo solo quería echarle en la cara pero el bus se movió y se esparció en todo su cuerpo. Mi brazo izquierdo también se prendió. Lo apagué. Corrí tres cuadras, me saqué la polera. Tomé un taxi que me cobró 60 soles hasta mi casa. Llamé a mi hermana para que me recoja en el hospital EsSalud. Le confié la verdad de lo que había sucedido”

Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, en el 2017 hubo 121 casos de feminicidio y 247 casos de tentativa de feminicidio, configurando un total de 368 casos. Asimismo, en los tres primeros meses del 2018, ha habido 32 casos de feminicidio y 84 casos de tentativa de feminicidio; es decir, un total de 114 casos en lo que va del año. Hace poco un caso de tentativa de feminicidio conmocionó al país cuando Carlos Huallpa quemó a Eyvi Agreda dentro de un bus de transporte público, ex compañera de trabajo a la que acosaba desde ya hace bastante tiempo. Asimismo, una mujer fue acuchillada por su ex pareja mientras se encontraba en una entidad financiera un día después de haber realizado una denuncia porque el sujeto la acosaba.

Vivimos inmersos en una sociedad en donde la violencia de género parece no parar, en la que se tilda de ”enfermo mental’’ al hombre que mata a una mujer para evitar una pena por feminicidio, todo esto en marco de la aprobación de la aprobación del Plan de Fortalecimiento de Salud Mental Comunitaria, sin embargo, ¿es esto posible? ¿Estos intentos de asesinato son causados por una enfermedad mental? En el presente artículo, se analizarán estas preguntas desde el punto de vista del derecho penal, es decir, al alegar estos sujetos un trastorno mental, ¿Se les puede disminuir la pena o evitarla?

En primer lugar, se debe analizar quiénes son inimputables para el derecho penal. La imputabilidad se refiere, en palabras del psiquiatra Jaime Gaviria Trespalacios, ex jefe del Servicio de Psiquiatría Forense, Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, a “atribuir a otro una culpa, delito o acción’’[1]. Asimismo, menciona que las premisas de la imputación son dos: la objetiva, referida a la conducta ilícita en sí y la subjetiva, es decir, que el acto haya sido querido, consentido y representando con todas sus consecuencias. Este último elemento se refiere a la capacidad de discernimiento y conocimiento de que la acción va a tener un resultado y unas consecuencias que son queridas y esperadas por el agente.

El término inimputable se refiere a la persona que no responde por un delito cometido porque no se encuentra en condiciones de comprender su actuación y las consecuencias de este. El artículo 20 del Código Penal menciona las causas eximentes de culpa y, entre ellas, se encuentra el trastorno mental y menciona que “El que por anomalía psíquica, grave alteración de la conciencia o por sufrir alteraciones en la percepción, que afectan gravemente su concepto de la realidad, no posea la facultad de comprender el carácter delictuoso de su acto o para determinarse según esta comprensión”.

El psiquiatra Jaime Gaviria Trespalacios, ex jefe del Servicio de Psiquiatría Forense, Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Colombia, analiza el concepto de inimputabilidad y menciona que la persona que realiza la acción no tiene la capacidad de “conocer y comprender su antijuridicidad o de orientar su comportamiento de conformidad con dicha comprensión”[2]. En otras palabras, el sujeto no puede entender ni saber que su acción en antijurídica y está orientada a dañar o vulnerar un bien jurídico protegido por el derecho penal. También, menciona que la condición del sujeto “le impide actuar con culpabilidad dolosa, culposa o preterintencional (…) presupuestos sin los cuales no es posible imputar a una persona una conducta típica y antijurídica desde una de estas modalidades de culpabilidad, ni endosarle responsabilidad penal materializable en la imposición de una medida punitiva ordinaria”. [3]En ese sentido, el sujeto que realiza una conducta típica sin tener la capacidad de discernir ni comprender que su accionar está dañando un bien o derecho jurídicamente protegido no podrá ser imputable penalmente, es decir, en la presunción de libertad y conocimiento del acto realizado.

Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la inimputabilidad y el trastorno mental? La Organización Mundial de la Salud define el trastorno mental como una “combinación de alteraciones del pensamiento, la percepción, las emociones, la conducta y las relaciones con los demás”[4]. Distorsión que impide conocer, comprender y discernir acerca de la antijuridicidad de una conducta. Según Gaviria, lo importante para que se configure la inimputabilidad es que dicha enfermedad mental sea la que causó la incapacidad para comprender la ilicitud de la conducta[5]y que ‘‘no se trata de cualquier trastorno mental, sino de aquel que se caracteriza, además de sus manifestaciones clínicas específicas, por la incapacidad de comprender y de determinarse’’ es decir, que el grado de distorsión cognitivo sea tal que impida al agente discernir y entender que su conducta es antijurídica.

Con ello ha quedado claro cuál es el presupuesto de inimputabilidad por trastorno mental que se debe manejar. Ahora, se analizará si la violencia de género calza dentro de enfermedad mental como eximente de responsabilidad penal. Primero, se debe responder lo siguiente: ¿Cuál es la causal de que existan hombres que maten a las mujeres? ¿Por qué lo hacen? Detrás de la violencia de género, hay muchos factores que confluyen, uno de ellos y el esencial es el machismo. Este presupone que la mujer está supeditada al hombre y la considera como una objeto o propiedad, es decir, hay diversos estereotipos de género que deben ser cumplidos por las mujeres, pues esto ha sido así a lo largo de los años. Presupone que tanto hombre y mujer son diferentes y que el varón es superior a la mujer.

La Ley 5/2008 española define como violencia machista a la que se ejerce “como manifestación de la discriminación y la situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres y que (…) tenga como resultado un daño o padecimiento físico, sexual o psicológico, tanto si se produce en el ámbito público como en el privado”[6]. Esta clase de violencia responde a los estereotipos de género impuestos en la sociedad y, como menciona Ingrid Diaz, doctora y magíster en Derecho Penal por la Universidad de Salamanca, ante el incumplimiento de este, los agresores deciden realizar este tipo de acciones que, más que ocasionar un daño buscan quitarle la vida a la víctima.

Ahora bien, una vez explicado a qué se refiere el concepto de machismo y la violencia machista, es necesario analizar si es que el machismo, como causante de violencia de género, configura un eximente de responsabilidad penal por trastorno mental. Como se mencionó antes, para que se configure la inimputabilidad, es necesario que el agente no tenga la capacidad de comprender la ilicitud de su conducta y las consecuencias de ella. El caso de violencia de género no es un caso en el que se pueda alegar inimputabilidad, puesto que, el machismo no se basa en una distorsión cognitiva sino en estereotipos que se han ido normalizando en la cultura machista en la que vivimos. El hombre que violenta o mata a una mujer lo hace porque hay una pensamiento de superioridad de esta ante él y de que ella es posesión del varón y, ante el rechazo o incumplimiento de uno de estos presupuestos, el sujeto agrede a la víctima y esto lo hace teniendo pleno conocimiento de las consecuencias e implicancias de su actuación y con pleno discernimiento de que esta va dirigida a dañar un bien jurídico protegido.

Comparto la posición que el Ministerio de Salud ha tomado al mencionar que no debería asociarse la violencia machista con las enfermedades mentales. Ambos tienen diferente naturaleza y distintas causas, por lo que no es compatible equiparar al machismo con una enfermedad mental. El primer paso para disminuir la violencia de género es erradicar la cultura machista arraigada en nuestra sociedad. Es necesario implementar educación con enfoque de género para los estereotipos de género desaparezcan. Es sumamente preocupante que existan casos como el de Eyvi Ágreda, el de María Elizabeth Fernández o como el de cualquier mujer que haya sido víctima de la violencia machista y que quieran eximir de responsabilidad o justificar el accionar del agresor. Considero necesario reflexionar sobre estos temas, no tomarlos a la ligera y empezar a visibilizar la grave situación de la mujer en nuestra sociedad.


[1] http://www.scielo.org.co/pdf/rcp/v34s1/v34s1a05.pdf

[2]http://www.scielo.org.co/pdf/rcp/v34s1/v34s1a05.pdf

[3]íbid

[4]http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs396/es/

[5]íbid

[6]http://ajuntament.barcelona.cat/dretssocials/sites/default/files/arxius-documents/piads-violencia-es2-ok-acc.pdf

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here