Estefany Rodríguez, alumna de la Facultad de Derecho de la PUCP y miembro del Consejo Editorial de Enfoque Derecho.

En junio de 1219, se dio el histórico encuentro entre Francisco de Asís y el Sultán de Egipto, Melek-el-Kamel, en plena época de cruzadas. De Asís, haciendo caso omiso de la postura de cardenales, delegados papales y otras figuras eclesiásticas, decidió acudir al encuentro pacífico de los musulmanes con el objetivo de lograr entablar un diálogo interreligioso y pacífico.

Rescatamos ese ejemplo de diálogo no solo porque en este año se cumplen ochocientos años de ese encuentro, sino porque debe ser una pauta de acción y comportamiento para todas las confesiones alrededor del mundo. Es así que, quizás, la iniciativa más grande para la promoción de una paz interreligiosa es la que se promovió el rey Abdullah II de Jordania. Dicha propuesta consistía en establecer una semana en la que se celebre y promueva la armonía interconfesional.

Por ello, el día 20 de octubre del 2010 en la resolución A/RES/65/5[1], se proclamó la “Semana Mundial de la Armonía Interconfesional entre todas las religiones, confesiones y creencias”, que se celebra la primera semana de febrero de cada año. Ese documento tiene como objetivo reconocer la necesidad de que las distintas confesiones y religiones dialoguen para que aumente la comprensión mutua, la armonía y la cooperación entre las personas. Alienta a todos los Estados a que durante esa semana presten apoyo, de manera voluntaria, a la difusión del mensaje de armonía interconfesional y la buena voluntad en las iglesias, mezquitas, las sinagogas, los templos y otros lugares de culto del mundo, sobre la base del amor a Dios y al prójimo o del amor al bien y al prójimo, cada uno según las propias tradiciones o convicciones religiosas.

Dicha resolución parte la siguiente premisa: se debe reconocer que los imperativos morales de todas las religiones, convicciones y creencias incluyen la paz, la tolerancia y la comprensión mutua.

Sin embargo, a pesar de esas iniciativas, lamentablemente aún existen lugares en los que la profesión de alguna religión puede llegar a costar incluso la vida. El informe de UniSabana de finales del año 2015 reveló que en el 42% de los países del mundo no existe libertad religiosa.

Un reflejo de esta crítica situación es la cantidad de persecuciones que se han registrado alrededor del mundo. En relación al caso de los cristianos, según la Lista Mundial de Persecución, que es elaborada de manera anual por la organización Puertas Abiertas, 245 millones de cristianos son perseguidos en el mundo. Aproximadamente 4305 fueron asesinados a causa de su fe el año anterior. El principal motor de persecución es la opresión islámica, mientras que otros motivos que la alientan también son las paranoias dictatoriales como la que está presente en Corea del Norte en donde existe una falta total de libertad religiosa.

Entre los países que forman parte de dicha lista están Afganistán (ocupando el segundo lugar), Somalia, Libia, Pakistán, Sudán, Eritrea, Arabia Saudí, Siria, Yemen, Irak, República Centroafricana. Casi todos los integrantes de esa lista están ubicados en Asia y África. Incluso, en Somalia, practicar cualquier religión que no sea la musulmana (que es la oficial) es considerado como un acto ilegal. Dichas cifras también revelan que en países como Rusia, en los que no existe una mayoría islámica, cerca del 80% de estos son perseguidos por grupos extremistas islámicos.

No obstante, los cristianos no son el único grupo que es objeto de persecución, por el contrario, los musulmanes constantemente también sufren agresiones en razón a su fe. Un ejemplo reciente de esta situación es el de Khadija Ivana Escalante. La semana pasada Khadija, profesante de la religión musulmana, fue atacada por sus vecinos quienes mientras le propiciaban golpes, le decían estas palabras: “la bruja oficial del barrio”. No solo ella fue atacada, sino también su hijo de 8 años y su padre. Khadija tiene una casa que funciona como una especie de capilla para quienes profesan su misma fe y, es por ello, que es común que distintos hombres y mujeres se acerquen a su casa. Ello ha generado que constantemente le atribuyan apodos como “tirabombas”, “terrorista”, “gitana”.

Es importante resaltar que la intolerancia religiosa no solo se da entre la religión cristiana y la musulmana, sino también entre otros grupos religiosos. Es así que la Semana de Armonía Interconfesional se muestra como un espacio ideal para evaluar el estado entre las distintas profesiones.

Una reflexión debería partir de un derecho que es la premisa para el diálogo pacífico: la libertad religiosa. Este concepto ha sido dibujado de distintas maneras. Prieto la define como “el derecho a practicar libremente la religión, tanto individualmente como asociado con otras personas sin que el Estado, otras instancias sociales o los mismos individuos puedan imponer convicciones religiosas o discriminar a nadie en razón de sus creencias” (2008: 39).

Entonces, la pregunta que surge inmediatamente después es ¿qué instrumentos internacionales protegen el derecho a la libertad religiosa? No existe ningún instrumento específico que lo proteja pero es innegable que está garantizado por medio de declaraciones como, por ejemplo, el artículo 18° de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

Es preciso regular de manera más clara la protección a este derecho. Si bien la libertad religiosa es presupuesto para una armonía entre confesiones, es importante emprender una búsqueda de conocimiento hacia el otro. Como bien decía Javier Alonso en su obra Las cinco caras de Dios, las distintas religiones del mundo, y especialmente las que tienen una mayor cantidad de adeptos, tienen elementos en común esenciales. Para graficar dicha situación propone el siguiente ejercicio: imaginar que existe una canción de fondo mientras que cada religión va componiendo sus propias letras y ritmos. Considero que es acertada esa posición y que debe ser difundida especialmente en el marco de esta celebración.


PRIETO, Vicente

2008 Libertad religiosa y confesiones. Bogotá: Temis.

ALONSO, Javier

2012 Las cinco caras de Dios. Barcelona: Editorial Viceversa.

[1] Ver la resolución completa: http://www.un.org/en/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/RES/65/5&Lang=S

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