Por Uber López Montreuil, estudiante de la Facultad de Derecho de la PUCP y practicante en Bullard Falla Ezcurra +.

En 1998, una investigación periodística reveló que la donación de algunas obras de arte a la Galería Nacional de Austria presentaba ciertas irregularidades. Entre ellas se encontraban seis pinturas de Gustav Klimt,[1] que fueron arrebatadas por los Nazi a su dueño original, Ferdinand Bloch-Bauer. María Altmann, su sobrina y heredera, decidió reclamar al gobierno austriaco su restitución. Sin embargo, este se negó a hacerlo.[2] Ante la negativa, Altmann tenía dos opciones: acordar con el gobierno austriaco someter su controversia a un arbitraje o recurrir a las cortes judiciales.

¿Cómo resolvería usted este dilema? A continuación, desarrollaré cinco puntos que nos ayudarán a encontrar una respuesta.

El costo

Inicialmente, el gobierno austriaco se negó a recurrir a un arbitraje. La única vía que le quedó a Altmann fueron las cortes judiciales. Sin embargo, acceder a los tribunales de Austria resultó imposible. Las tasas judiciales se calculaban en función del monto en disputa. En ese entonces, las pinturas, en conjunto, estaban valorizadas en US$ 150 millones, aproximadamente, por lo que la tasa era cercana a US$ 1.6 millones. Si bien los tribunales redujeron el monto a US$ 135,000, este aún era bastante alto.[3] ¿Un arbitraje hubiese resultado menos costoso?

Salvo excepciones, como esta, someterse a un arbitraje resulta mucho más costoso que recurrir a las cortes judiciales. De hecho, ello es tan dramático que en la última encuesta realizada por la Queen Mary University, el 67% de los encuestados señaló que la peor característica del arbitraje son sus elevados costos.[4] Esto se confirma al verificar las tarifas de las principales instituciones de arbitraje del mundo:

Fuente: The London Court of International Arbitration (LCIA), Costs and duration: 2013-2016.

Como vemos, de acuerdo al monto en disputa en la controversia de la señora Altmann, solo en gastos administrativos de la institución arbitral y honorarios del tribunal el monto a pagar puede ascender hasta US$ 896,000. Si a eso le sumamos los gastos en defensa legal, expertos técnicos y demás costos logísticos, el monto supera, incluso, la primera tasa impuesta por las cortes austriacas. No cabe duda, el arbitraje es más caro que un proceso judicial.

El Tiempo

 Dado lo costoso de las tasas judiciales del sistema austriaco, Altmann recurrió a las cortes estadounidenses. En el 2000, presentó su demanda ante el Tribunal del Distrito Central de California. En respuesta, la República de Austria y la Galería Nacional de este país cuestionaron la competencia de la Corte. Esta discusión jurisdiccional fue resuelta finalmente en junio de 2004 por la Corte Suprema de Estados Unidos. Es decir, solo para determinar si podían o no resolver la disputa, las cortes norteamericanas demoraron cuatro años.

Salvator Mundi de Leonardo Da Vinci

Este plazo puede parecerle exorbitante. Sin embargo, es reducido si lo comparamos con la duración de otros casos de similar naturaleza. En el caso Bakalar v. Vavra se discutió la propiedad del dibujo “Seated Woman with Bent Left Leg”, de Egon Schiele. Para resolver la controversia, las cortes estadounidenses demoraron siete años.[5] Otro ejemplo es el caso United States v. Portrait of Wally, en el que también se discutió la propiedad de una pintura de Schiele. En este caso, el proceso duró cerca de doce años antes de que las partes pudieran llegar a un acuerdo.[6]

¿Un arbitraje es más célere? Veamos algunas cifras. El último reporte de la London Court of International Arbitration (LCIA) señala que la duración promedio de los arbitrajes que administra es de 16 meses.[7] Por su parte, la Singapore International Arbitration Centre (SIAC) precisa que es de 13.8 meses;[8] mientras que el Arbitration Institute of the Stockholm Chamber of Commerce (SCC), de 12 meses.[9] Si bien, dependiendo de la complejidad de la controversia, los arbitrajes pueden extenderse por muchísimo más tiempo, en promedio la duración de un arbitraje es considerablemente menor a la de un juicio.

¿Árbitro o juez?[10]

Resolver controversias sobre materias especializadas, como aquellas relacionadas con obras de arte, no es sencillo. No solo se requiere un agudo conocimiento jurídico sobre derecho patrimonial e internacional, sino que también experiencia en el mercado específico de la materia discutida. ¿Un juez reúne estas características? Es difícil determinarlo. Peor aún en un sistema de asignación de jueces por sorteo, como en Perú.

El arbitraje brinda opciones para solucionar este problema. Las partes pueden, libremente, elegir a quien resolverá la controversia. A mayor capacidad del árbitro designado, mejor será la decisión que adopte. Es lógico pensar que las partes buscarán a un profesional especializado en la materia que se discutirá. A diferencia del sistema judicial, esta persona no necesariamente tiene que ser un abogado.

El proceso

Otro de los aspectos que diferencian al arbitraje de un juicio es la naturaleza del proceso. Son dos mundos con lógicas distintas. En el ámbito judicial, la controversia debe ajustarse al tipo de proceso que la norma estipula. En el arbitraje, ocurre lo contrario. Es el proceso el que se adecúa a la controversia.

La flexibilidad del arbitraje conlleva múltiples beneficios. Las partes, según sus intereses y preferencias, podrán acordar los plazos de presentación de documentos, los tipos de medios probatorios que pueden adjuntarse, el lugar y la fecha de las audiencias, entre otros aspectos procedimentales. Ello resulta muy útil cuando la controversia está relacionada con temas poco usuales que exigen un análisis particular del caso, como ocurre con las disputas en torno a obras de arte.

La ejecución de la decisión

Una de las disputas más recientes y más grandes del mundo del arte es la que enfrenta al coleccionista Dmitry Rybolovlev y a su marchante Yves Bouvier. Esta controversia se inició en 2015, cuando Rybolovlev acusó a Bouvier de haber inflado el precio de compra de varias de las obras que adquirió por encargo suyo. La diferencia de precios por obra asciende hasta US$ 20 millones, aproximadamente. Entre estas se encuentran pinturas de artistas muy reconocidos, como el “Salvator Mundi”, de Leonardo Da Vinci; “Nude on a Blue Cushion”, de Amedeo Modigliani; o “Wasserschlangen II”, de Gustav Klimt. Actualmente, estas discusiones se llevan a cabo en una serie de cortes nacionales de Mónaco, Singapur, Hong Kong, Francia, entre otros Estados.[11]

Wasserschlangen II de Gustav Klimt

Como en este caso, es usual que las controversias contemporáneas trasciendan fronteras. Las sentencias judiciales son emitidas por cortes de todo el mundo y deben ser ejecutadas en países que no coinciden con el lugar en el que fueron dictadas. Ello trae una serie de problemas.

La ejecución de sentencias judiciales está sujeta a las reglas que cada Estado establezca sobre el tema. En algunos casos, el procedimiento puede ser muy engorroso y poco predecible en cuanto a sus efectos. La usual exigencia de que el Estado de origen también ejecute las sentencias emitidas en el Estado de destino, conocido como el requisito de reciprocidad, es muestra de ello.

El arbitraje brinda algunas opciones que facilitan la ejecución de las decisiones arbitrales. La mayoría de ellas derivadas de la suscripción de la Convención sobre el Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras, conocida como la Convención de Nueva York. Como su propio nombre lo revela, este tratado establece un marco normativo sobre ejecución de laudos común a todos los Estados parte. Así, mediante esta Convención se soluciona el problema en torno al requisito de reciprocidad[12] y se proscribe cualquier requisito exigido para el reconocimiento o ejecución de laudos extranjeros que sea más riguroso y costoso que los establecidos para los laudos nacionales.[13]

 El dilema

Entonces, ¿cómo respondería usted al dilema de arbitrar o no arbitrar? La experiencia del arbitraje en el mundo artístico nos demuestra que no es perfecto. Es más costoso, pero implica menos tiempo, permite que un especialista resuelva la controversia, que el proceso se adapte a las particularidades de la disputa y brinda mayores facilidades para la ejecución de los laudos arbitrales. Haciendo sumas y restas, los beneficios de arbitrar parecen ser mayores a los de recurrir a cualquier corte judicial.

Fuente imagen: Pedro Llerena Córdova.


[1] Las pinturas mencionadas son “Adele Bloch-Bauer I”, “Adele Bloch-Bauer II”, “Apple Tree I”, “Beechwood”, “Houses in Unterach am Attersee”, y “Schloss Kammer am Attersee III”. En el caso se discutió la propiedad de las primeras cinco pinturas.

[2] La historia de esta controversia fue magistralmente retratada en la película “La dama de oro”, dirigida por Simon Curtis.

[3] B. Hay, Nazi-Looted Art and the Law. The American Cases (2017), p. 45.

[4] Queen Mary University of London, 2018 International Arbitration Survey: The Evolution of International Arbitration (2018), p. 8, consultado en: http://www.arbitration.qmul.ac.uk/media/arbitration/docs/2018-International-Arbitration-Survey—The-Evolution-of-International-Arbitration.PDF

[5] B. Hay, Nazi-Looted Art and the Law. The American Cases (2017), p. 184.

[6] A. Chechi, The Settlement of International Cultural Heritage Disputes (2014), pp. 189-190.

[7] London Court of International Arbitration, Facts and Figures. Costs and Duration: 2013-2016 (2017), p. 8.

[8] Singapore International Arbitration Centre, SIAC Releases Costs and Duration Study (2016), consultado en: http://www.siac.org.sg/images/stories/press_release/SIAC%20Releases%20Costs%20and%20Duration%20Study_10%20Oct%202016.pdf

[9] Arbitration Institute of the Stockholm Chamber of Commerce, SCC Statistics 2017 (2017), consultado en: https://sccinstitute.com/statistics/

[10] Los alcances y criterios relacionados a la elección de árbitros serán desarrollados a detalle en una próxima publicación.

[11] Ver: S. Knight. The Bouvier Affair, en: The New Yorker, 31 de enero de 2016, consultado en: https://www.newyorker.com/magazine/2016/02/08/the-bouvier-affair

[12] El requisito de reciprocidad solo se mantendrá para aquellos Estados que realicen la reserva contenida en el artículo I.3. Aun así, esta limitación impone menos restricciones que la reciprocidad en el ámbito judicial; ya que abarca a todos los Estados contratantes de la Convención y no a un Estado en específico.

[13] Convención sobre el Reconocimiento y la Ejecución de las Sentencias Arbitrales Extranjeras, Nueva York, 1958, artículo III (“Cada uno de los Estado Contratantes reconocerá la autoridad de la sentencia arbitral y concederá su ejecución de conformidad con las normas de procedimiento vigentes en el territorio donde la sentencia sea invocada, con arreglo a las condiciones que se establecen en los artículos siguientes. Para el reconocimiento o la ejecución de las sentencias arbitrales a que se aplica la presente Convención, no se impondrán condiciones apreciablemente más rigurosas, ni honorarios o costas más elevados, que los aplicables al reconocimiento o a la ejecución de las sentencias arbitrales nacionales.”).

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