La supervivencia de la sensibilidad en tiempos de crisis: sobre la importancia del Cine para reevaluar el Derecho

El autor evalúa el rol del cine en la formación personal del abogado, la representación del Derecho en el cine y su importancia en el contexto actual.

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Por Luz Andrea Caycho, estudiante de la Facultad de Derecho de la PUCP y asociada ordinaria de THEMIS

Aunque las luces que rodean a esta habitación inunden a los pasillos de una quietud inusitada, es imposible olvidar que fuera de ella una pandemia ha desenvuelto la crisis más grande de las últimas décadas. Noventa días ya. Su omnipresencia en nuestras vidas se acentúa con el mecánico tic-tac del tiempo que pareciera dictar insólitas formas de explotación de las vulnerabilidades de múltiples esferas sociales.

Cuando los testimonios sobre la violencia o el olvido sistemático parecen perderse ante la tenebrosa pila de pérdidas humanas, nos colocamos frente una crucial cuestión: ¿cómo impedir que la apatía empañe los lentes de nuestra razón? Una primera aproximación podría encontrar innecesaria a esta interrogante. Después de todo, se ha afirmado antes que la razón es el sustrato común de los seres humanos y, así también, nuestro comportamiento debería seguir su guía única e invariable.[1] Podrá advertirse que desde esta perspectiva la sensibilidad y las emociones son colocadas en un segundo plano pues –al servirse de las infinitas particularidades de cada experiencia– parecieran ser insuficientes para establecer un modelo de deber-ser.

Para entender la importancia de esta discusión, consideremos una escena. La educación tradicional del Derecho en muchas instituciones de nuestro país suele servirse primordialmente del método exegético: un maestro se coloca frente a sus alumnos y recita los extremos de un código para solo después delinear las instituciones a estudiarse en la lección. Sin embargo, ¿podría afirmarse que esta formación es suficiente para insertarnos en la realidad donde aplicaremos lo antes estudiado?

Es necesario que desde una etapa temprana de nuestra formación como futuros operadores del Derecho seamos conscientes que la norma jurídica, como lo afirma el jurista italiano Calamandrei, “no es como el legislador lo ha previsto en abstracto, sino […] como l[a] “representan” […] los hombres, jueces y justiciables, que participan en él en concreto, y que no son muñecos mecánicos construidos en serie, sino hombres vivos, cada uno situado en su mundo individual y social, con sentimientos, intereses, opiniones y costumbres […] que desafortunadamente [pueden ser] malas […]” (2006: 164).[2]

Así, al colocar los cimientos de una perspectiva crítica hacia el status-quo del Derecho no deberíamos servirnos exclusivamente de fuentes jurídicas (doctrina, ley y jurisprudencia). Si tales fuentes –como todo producto humano– forman parte de una época y lugar determinados, también deberíamos considerar para nuestro estudio la utilidad de incorporar las herramientas ofrecidas por otras disciplinas.

Lo que hemos desarrollado es uno de los principales fundamentos de la interdisciplinariedad y Gabel, miembro del movimiento estadounidense de los Estudios Críticos del Derecho, identificó con perspicacia un vínculo importante. Existe una tendencia a que en el proceso de formación universitaria los estudiantes de Derecho disocien las emociones subyacentes al lenguaje por enfocarse en el rigor intelectual. En cambio, humanidades como la Literatura introducen dilemas éticos que demandan una resolución no desde el papel de “abogado”, sino de “persona”.[3]

El arte es una manifestación que se sirve de la inclinación estética del ser humano, pero posee una voz que también puede y debe ser interpretada. La combinación de la ética y la estética fue altamente explotada por los griegos a través de la idea del paideia desde la que se consideró que el arte podría permitir a los ciudadanos educarse, hacerse más responsables y críticos.[4] Si aquel optimiza su mensaje al conectar emotivamente a sus destinatarios, el mejor consejo será aprovechar el contenido visual y artístico para transmitirlas[5] – actividad, por supuesto, de la que también pueden servir los operadores del Derecho.

De igual manera, el Cine no debería ser solo entendido como entretenimiento, sino cual vehículo de expresión de pensamientos y reflexiones para el aprendizaje de experiencias provenientes de distintas culturas y tradiciones. Obsérvese, por ejemplo, a la representación de los abogados como personajes: les han asignado virtudes como la empatía, locuacidad, sabiduría o sinceridad; pero también defectos como la avaricia, indolencia y corrupción. Cada personaje es él mismo y, a su vez, una representación de su profesión.[6]

¿Cómo afrontar esta multiplicidad? Como Sherwin afirma en su libro When law goes pop, el Derecho se confunde entre ser productor y producto de la cultura popular. Sería inútil resistirnos a las fuerzas y conflictos de la cultura moderna por seguir un afán nostálgico, pero tampoco resulta adecuado retraernos por desinterés a lo que ellas dicten. Por esto, una crítica sensata del Derecho desde el Cine debería considerar los límites del medio (el cine), su marco de producción (una obra no especializada) y de las enseñanzas que pudieran obtenerse del objeto en sí mismo.

Situémonos ahora en el contexto actual. Puede afirmarse que en tiempos sombríos debería creerse al menos en el arte pues lo que ofrece, en épocas buenas o malas, es una visión del mundo en que quisiéramos vivir, en lugar del mundo en sí mismo.[7] O más bien que las creaciones, al ser la interfaz crucial entre la imaginación y la realidad, permiten que las creencias sobre el futuro adquieran firmeza.[8]

Las circunstancias actuales pueden haber otorgado a algunos mayor disponibilidad de tiempo para aproximarse a distintos bienes culturales con fines de entretenimiento y ocio.[9] Sin embargo, como señalé líneas atrás, el arte va más allá de su función de entretener a las personas que se aíslan en la pandemia con libros, música y Netflix[10]: al ser una plataforma que da voces a las respuestas emocionales y críticas hacia distintos eventos, tomarlas permite que se inserten en las necesarias reformas de nuestro sistema.

Para enfrentar las inequidades que observemos, debemos entrenar nuestra visión crítica; y, así también, para formar nuestra opinión debemos ser conscientes del arte que elegimos consumir. Algunos filmes podrían ser más aptos para responder a las siguientes preguntas y quizás deberían ser escogidos sobre otros para realizar el ejercicio crítico propuesto:

  • Sobre los personajes: ¿Quién es la persona objeto del análisis? ¿Por qué se la escogió? ¿Cuáles son sus motivos personales, y cómo estos influyen en su comportamiento?
  • Sobre el contexto: ¿Qué es lo que se nos dice del entorno en la película? ¿Es relevante o influyente para el desarrollo de la trama? ¿Mediante qué técnicas cinematográficas (tomas, planos, musicalización, entre otros) podemos intuir esto?
  • Sobre las escenas destacadas: ¿Entre qué puntos se destaca la parte elegida? ¿Revela alguna intención del protagonista u otros personajes? ¿Resulta realista o fantasiosa? ¿Cómo se integra al resto de la historia, si es que lo hace? ¿Qué consecuencias se desarrollan a partir de este punto?
  • Sobre los temas o motivos: ¿Qué principios son los que se proponen en la película? En suma, ¿qué grado de verosimilitud se ha alcanzado? ¿Qué métodos se han usado para llegar a esta conclusión? ¿Es esta crítica aplicable a nuestro contexto actual?

Cada historia individual puede revelar deficiencias estructurales de nuestro sistema y es importante contar con las herramientas suficientes para comprender su importancia. Por esto, el ejercicio de observar filmes se muestra como apto para incorporar la sensibilidad de la que precisamos en nuestra profesión: nuestras emociones son la primera aproximación a la pantalla que permite que luego comprendamos el motivo de tal creación y el contexto en que surge. Pensar sobre el Derecho de esta manera no nos enseña a abandonar el estudio de los textos legales, pero sí alienta a la realización de que no es autónomo: no se limita a las palabras de legisladores, jueces y administrativos porque está en todos lados.


[1] Se sostiene: “El imperativo categórico, que manda de modo completamente incondicionado, posee la forma de una ley universal en el sentido preciso que corresponde […] a una «ley del deber ser», esto es, a una ley de lo que debe acontecer, aun cuando nunca aconteciera efectivamente […] Los únicos destinatarios de tales leyes son, pues, los agentes racionales […] involucra también, y con igual originalidad, una referencia directa al universo entero de los destinatarios de su intención normativa, vale decir, a todas y cada una de las personas.” Vigo A. G. (2011). Ética y derecho según Kant. Tópicos (México), 41. Recuperado de: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0188-66492011000200004

[2] Calamandrei, P. (2006). Proceso y democracia. ARA: Lima.

[3] Ward, I. (1993). The educative ambition of Law and Literature. Legal Studies, 13(3), pp. 323-331.

[4] Narvaez Hernández, A. (2014). El cine como herramienta en la formación judicial. En Botero-Bernal, A. (coord.) Cine y derecho: memorias del VIII seminario internacional de teoría general del Derecho. Sello editorial de la Universidad de Medellín: Medellín

[5] Ídem.

[6] Véase Bullard, A. (2018). La representación de los abogados en el cine [Archivo de vídeo]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=TdUy-UAjYOY

[7] Véase Farago, J. (28 de marzo de 2020). The Saint who stopped an epidemic is now on Lockdown at the Met. The New York Times. Recuperado de: https://www.nytimes.com/2020/03/26/arts/design/van-dyck-metropolitan-museum-virus.html

[8] Véase Levin, T. (9 de abril del 2020). What the art world’s past tell us about the future beyond COVID-19. Artsy. Recuperado de: https://www.artsy.net/article/artsy-editorial-art-worlds-tells-future-covid-19

[9] Véase Novak, I. (6 de junio del 2020). El arte ha resistido y sobrevivido a todas las pandemias del mundo. El Litoral. Recuperado de: https://www.ellitoral.com/index.php/id_um/243137-el-arte-ha-resistido-y-sobrevivido-a-todas-las-pandemias-del-mundo-el-teatro-en-tiempos-de-salas-cerradas-escenarios-amp-sociedad.html?

[10] Véase Regnier, M. (2 de mayo del 2020). Pandemic art: how artists have depicted disease. The art newspaper. Recuperado de: https://www.theartnewspaper.com/analysis/art-pandemic

Fuente de la imagen: Atticus

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