Yale Law School y el poder de las ideas: disordering the world and moving the furniture | Hacia una reforma en la educación en las Facultades de Derecho del Perú

“Nosotros, los mortales, somos sombra y polvo”, pero “lo que hacemos en vida –nuestras ideas— tiene eco en la eternidad”.

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1925

Por Fabio Núñez del Prado, asociado internacional de Clifford Chance, LL.M. por Yale Law School y exmiembro del Consejo Directivo de THEMIS

“The task is not so much to see what no one has yet seen; but to think what nobody has yet thought, about that which everybody sees”.

Erwin Schrödinger, Nobel Prize, Physics

Recuerdo como si fuese ayer mi primer día en Yale Law School. El Graduate Program nos había informado que Harold Koh y Guido Calabresi nos iban a dar charlas de bienvenida al día siguiente. Como era de esperar, estaba muy emocionado. Había leído mucho a Guido Calabresi toda mi carrera, y por fin lo iba a conocer. A Harold Koh no lo conocía, pero me emocioné más cuando me dijeron que había sido Decano de Yale e incluso el 22avo Legal Adviser del U.S. Department of State durante el Gobierno de Barack Obama. En este tipo de casos muchas veces las expectativas te juegan en contra. Pero esta fue la excepción. Ambas han sido dos de las charlas que más me han impactado en la vida.

Como gran storyteller, Harold Koh empezó su charla con una historia. Y contó que un día, cuando era profesor joven de Yale Law School, Guido Calabresi –quien en ese momento era Decano— lo llamó a su oficina, le pidió que se siente y le dijo:

Guido Calabresi: “Harold, what is your idea?”.

Harold Koh:my idea? What do you mean?”.

Guido Calabresi:see Harold. Most people do not have one idea; few people have one idea. I have two ideas”.

Harold Koh:Yes? Which are they?

Quienes han leído a Guido Calabresi saben que dos de sus ideas más poderosas en aquél entonces eran “The Cost of Accidents” y “Tragic Choices”. Sin embargo, mientras escuchaba las palabras de Harold Koh me ponía a pensar en qué es lo que hubiese respondido yo a la pregunta de Guido Calabresi. ¿Cuál es mi idea? Es una pregunta fundamental y lo cierto es que la mayor parte de las personas se pasan la vida sin hacérsela.

Y resulta curioso porque es realmente difícil explicar lo que la frase “my idea” significa. No significa “idea” en el sentido literal del término. En términos Calabresianos, es omnicomprensiva. Implica muchas cosas al mismo tiempo. Implica la existencia de una propuesta creativa, disruptiva, original, inédita y autentica. Implica cuestionar el status quo; implica quebrar paradigmas. Pero también tiene que tratarse de una propuesta que trascienda. El mundo debe ser un mejor lugar con ella.

En Yale el termómetro siempre son las ideas. Cuando entras a office hours, la primera pregunta que te hace un profesor es: “what is your idea?” Si tú le dices a un profesor de Yale que quieres escribir unos comentarios al Código Civil de tu país o explicar cuáles son los requisitos para resolver un contrato, el tema va a ser censurado sin duda[2]. Ideas, solo ideas. Cuando un profesor quiere elogiarte, lo mejor que puede decir de ti es “he is a guy/girl with ideas”. En la carrera de un profesor con “tenure”, lo relevante son sus ideas. Cuando le preguntaron a la Decana de Yale Law School, Heather Gerken, que es lo que distinguía a Yale de las demás universidades, dijo: Yale is the world of ideas”.

Y lo fascinante es que esa es la manera en que está estructurada la educación legal en Yale Law School. La universidad le otorga a los estudiantes mil espacios para que desarrollen sus ideas. La mitad de los cursos en Yale son paper option, lo que significa que el estudiante tiene la libertad de elegir si da el examen final o escribe un paper mediante el cual proponga una idea innovadora. Los estudiantes tienen decenas de conferencias y workshops a su disposición financiados por la universidad para presentar sus papers. Algunos de los LL.M. viajaron varias veces a presentar papers en otros países con todos los costos pagados por la universidad.

Por otro lado, los JDs tienen la obligación de presentar dos substantial papers para graduarse. Estos papers son bastante más cortos que una tesis de pregrado de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), pero doblemente exigentes. Por supuesto que tienen al menos a un profesor especializado en el tema del paper que se encarga de supervisar el trabajo. Por si fuera poco, al menos en el caso de los LL.Ms y los JSDs, la universidad asume todos los costos para que el paper que han elaborado sea publicado en una law journal (que suele ser bastante significativo en Estados Unidos). Finalmente, el Graduate Program organiza el Works-in-Progress Symposium (WIPS), una de las experiencias intelectuales más fascinantes que un LL.M. puede tener. Así, el estudiante expone su paper en un simposio y luego un profesor del Faculty de Yale como Michael Reisman, Bruce Ackerman, Ian Ayres o Daniel Markovits critica el paper al frente de una audiencia. Los LL.M. tienen la oportunidad de debatir sus ideas con varios de los académicos más influyentes del mundo.

Parecen cuestiones puntuales sin mucha relevancia, pero la suma de cada uno de estos detalles –y falta enumerar decenas más—, determina que la educación gire en torno a las ideas. Yale es –ante todo y sobre todo— una universidad de ideas.

Hasta hace algunos años en la Facultad de Derecho de la PUCP la educación era dogmática (y en algunos casos lo sigue siendo). A los alumnos se les enseñaban a repetir un rollo. Esto es lo que se conoce más coloquialmente como el “paporreteo”. Hace algunos años se realizó una reforma y se ha pasado a un modelo de competencias basado en la enseñanza de instituciones. Yo creo, sin embargo, que hay un paso adicional en que se debe imitar a las universidades estadounidenses en general, y a Yale en particular: las universidades del Perú se debe convertir en universidades de ideas. Lo más importante en los estudiantes es sembrar el espíritu crítico. El alumno tiene que aprender pensando y, sobre todo, criticando.

Pero eso es muy difícil de lograr si la educación no está estructurada de una manera en que se favorezca la producción de ideas. Es más difícil aún si los profesores no incentivan la crítica (y una gran cuota ni siquiera la ejerce). Si se ponen a pensar, es una tarea titánica identificar a profesores peruanos por sus ideas. ¿A qué profesor de Perú –sea cual sea la disciplina— ustedes lo identifican por sus ideas? Pocos. ¿Ideas disruptivas? Contados con una mano. A varios profesores se les reconoce porque han estudiado mucho una corriente de pensamiento de derecho comparado. Muchos han estudiado muchísimo la dogmática italiana o la alemana. Otros se saben de memoria todos los precedentes del Tribunal Constitucional. Otros han leído cientos de laudos arbitrales. Todo eso es excelente, pero no es suficiente ni por asomo. Lo único que está claro en el Perú es que contamos con grandes importadores de ideas.

El obstáculo con el que nos tropezamos es que si las ideas siempre van a venir de afuera, estamos en serios problemas. Estamos condenados a la mediocridad. En mi opinión, la principal misión de una universidad debería ser sembrar en los estudiantes esa predisposición para desordenar el mundo y producir ideas mediante el ejercicio del espíritu crítico.

En Yale puedes graduarte sin haber llevado propiedad, societario o familia. En lugar de haber llevado esas asignaturas, puedes llevar un curso tan lejano a la práctica del derecho como “Aristotle in Abraham’s Tent: Pagan Philosophy and the Challenge of Creationism”. Más allá del curso, hay algo que en Yale se aseguran de cultivar en todos sus estudiantes: el espíritu crítico.

Y es que en Estados Unidos la carrera de derecho no demora los seis o siete años que demora la carrera de derecho en el Perú. Demora tres. No llevan ni la mitad de los cursos que se llevan en el Perú. Empero, quienes han trabajado con abogados estadounidenses que han estudiando en las Ivy League sabe que nos llevan años luz. Cuando trabajas con ellos en una transacción o en un arbitraje internacional, la regla es que ellos hablan y tú te callas. Esa es la triste realidad. Y yo creo que ello se debe, en gran medida, al hecho de que las universidades estadounidenses se preocupan en sembrar en sus estudiantes espíritu crítico.

Tengo la impresión de que la forma en que está estructurada la educación en una universidad tiene grandes repercusiones en la formación de los estudiantes. Las universidades peruanas van a dar un salto mortal cuando se convierta en universidades de ideas. Cuando los profesores comprendan que enseñar no implica lograr que los alumnos repitan un rollo, sino despertar en cada uno de ellos la crítica. Y la mejor forma de lograrlo es fomentar que piensen por sí mismos. La universidad tiene que sembrar en los estudiantes esa predisposición popperiana para dudar de las instituciones y producir ideas que conviertan a su país y al mundo en un lugar mejor.

Muchos podrían objetar señalando que ese tipo de educación solo es necesaria cuando quieres formar académicos. No hay nada más alejado de la realidad. Ese espíritu crítico que despierta la universidad en el estudiante es fundamental con prescindencia del tipo de abogado que se quiera ser. Nadie podría dudar, por ejemplo, de que los socios de Wachtell, Litpon, Rosen & Katz son auténticos legal thinkers. Hasta hace pocos años trabajé en un estudio de abogados español. Escuché una vez a uno de los socios decir: “cuando hay una operación que nosotros no sabemos hacer, lo aceptamos y se la derivamos a Wachtell”. Y eso es simple y llanadamente porque los abogados de Wachtell tienen la habilidad de pensar fuera de la caja. Y es que resulta fundamental que la universidad no sea (solamente) una universidad dogmática o de competencias, sino –ante todo y sobre todo— una universidad de ideas.

Regreso ahora a la segunda charla que tuve durante orientación de Yale Law School. Luego de una inspiradora charla de Guido Calabresi, llegó el momento de las preguntas. Me había quedado muy intrigado con todo esto de las ideas, así que levanté la mano y pregunté: “what do I need to do to have ideas?” Guido sonrío y, luego de una extensa introducción, dijo:if you want to have ideas, you need to disorder the world; you need to move the furniture”. Estas frases se me quedaron grabadas.

Y es que no cabe la menor duda de que, al menos en el Perú, tenemos una predisposición a conservar el status quo. Y debería ser al revés. Cuando algo se presenta como obvio frente a nosotros, usualmente ahí hay un problema. Como bien señala Bullard, lo obvio es uno de los principales problemas que enfrenta el conocimiento y nos puede condenar al inmovilismo intelectual[3]. Tenemos que desordenar el mundo. Tenemos que pensar las cosas al revés. Tenemos que quebrar paradigmas. Cuando le pregunté una vez a Guido Calabresi en una entrevista por qué era importante que el sistema educativo esté basado en ideas, me respondió lo siguiente:

Law is about changes over time. And these changes occur faster than it is possible to imagine. Human beings tend to be biased upon the past. They have a significant inertia to respect the past. Ideas help you to prove that what was done in the past was wrong.[4]

Me gustaría ahora compartir algunos tips que aprendí durante mi estancia en Yale para desordenar el mundo:

    • Interdisciplinariedad: muchos han escuchado hablar de la importancia de la interdisciplinariedad. Y es que resulta sumamente atractivo y seductor analizar los fenómenos jurídicos o políticos desde una perspectiva económica, psicológica o biológica. Algunos dirían incluso que está de moda. Pero, ¿por qué la interdisciplinariedad es tan importante?

Una de las cosas más deslumbrantes que vi en Yale Law School fueron los Faculty Lounges. Todos los lunes un profesor presentaba un paper en el Faculty Lounge. La Facultad ofrecía almuerzo y prácticamente todos los profesores del Faculty asistían. Los LLMs teníamos permiso para ir a escuchar. Estar ahí era una montaña rusa de emociones. Era como presenciar una auténtica pelea de box intelectual. Luego de que un profesor explicaba brevemente la idea del draft de su paper, se abría una ronda de comentarios en que había al menos veinte o treinta profesores –de todas las disciplinas— comentando y criticando la idea del paper. Y era ahí, en ese espacio, en esas cuatro paredes, en que otras mentes brillantes te estaban ayudando a desordenar el mundo. Y es que es ese momento en que un experto en arbitraje presenta un paper, y recibe comentarios de un constitucionalista como Bruce Ackerman, un PHD en economía como Ian Ayres, o un PHD en psicología como Tom Tyler, en que el mundo se está poniendo de cabeza. Es en ese espacio en que surgen la idea de un New York Best Seller o por qué no de un Premio Nobel de Economía. Por eso es tan importante la interdisciplinariedad. Te ayuda a desordenar tus premisas; a pensar fuera de la caja. Desde otras disciplinas ves luces que tu disciplina ciega.

Hace algunos meses tuve la oportunidad de entrevistar a Guido Calabresi y Bruce Ackerman. Les pregunté a ambos qué es lo que resultaba fundamental para tener ideas. Lo sorprendente fue que ambos me respondieron lo mismo. Bruce Ackerman me dijo que para tener ideas era fundamental:

The possibility of having face-to-face intellectual conversations beyond specialties between professors (and students).

Por su parte, Guido Calabresi me respondió:

Ideas come when you move the furniture; when you analyze things from a different perspective. That is why the interdisciplinary analysis is so important. That is why the paper discussions in the Faculty Lounge are so important. This is the space in which ideas appear. It is when a Law & Economics idea is analyzed from a constitutional point of view in which you are moving the furniture. That is why it is so important to have Bruce Ackerman commenting a paper of Ian Ayres; or having Alan Schwartz commenting a paper of Akhil Amar. Through their comments, they are inviting the author to disorder the world; to question everything.

Uno de los profesores a los que más estimo en Yale Law School, Alan Schwartz, me contó que uno de los hábitos que más le sirvió en Yale para tener ideas fue matricularse como alumno en cursos de facultades de otras disciplinas. ¡Cuánta humildad y cuánta sed por el conocimiento! Estamos hablando de uno de los precursores del análisis económico del derecho en el mundo. Alan Schwartz sabía que solo analizando las instituciones desde otra disciplina, podían surgir ideas disruptivas.

    • Utilicen el modelo socrático: en Yale las ideas se forjan bajo un modelo socrático. Los profesores discuten y testean intensamente su ideas. Si hay algo que tenemos que aprender de ellos es que escuchan mucho más de lo que hablan. Y, con muchísima humildad, escuchan con más atención a quienes no piensan como ellos. Si algo estaba claro en Yale era que las ideas tienen que estar sometidas a un escrutinio permanente. Después de haber superado un proceso de crítica tan intenso es evidente que muchas de las ideas que surgen en Yale van a ser galardonadas como Premios Nóbel o van a ser plasmadas en libros best sellers.

Y es que no solo se trataba de la discusión de las ideas en los Faculty Lounges. Se trataba de los almuerzos, las conversaciones en los pasillos, y las mismas clases con los alumnos. En Yale les encantaba decir que las ideas no surgían de los escritorios, sino de los pasillos.

Hace poco me hicieron ver que el proceso de elaboración de una buena idea se parece mutatis mutandi a un partido de tenis. Como los buenos puntos de tenis, las buenas ideas surgen después de un interminable e intenso peloteo en que la idea va y viene. Es precisamente en ese peloteo en que se desnudan las debilidades de la idea, y el autor puede reforzarla. Es cierto que hay excepciones. A veces puedes encontrar talentos innatos como Nick Kyrgios o Roger Federer que sacan algún drive que no parece de este planeta. Eso ciertamente también ocurre con las ideas. A veces a algún genio se le ocurre una idea brillante de un chispazo. Sin embargo, esos casos son los menos. Lo usual es que las mejores ideas sean las que han estado sometidas a un intenso y exigente escrutinio. Y la mejor fórmula para lograrlo es jugar la mayor cantidad de partidos de tenis con la idea. Qué la idea vaya y venga, una y otra vez, en un prolongado peloteo. Esto, además, devela muchísima humildad. Cada vez que consultas tu idea con otra persona, el mensaje subliminal que hay detrás es “creo que tú tienes algo que aportarme intelectualmente”. Y eso es algo muy bonito.

En el Perú tenemos un modelo muy soberbio. ¿Cómo se escriben los artículos? Los académicos se sientan en su escritorio y los escriben. Cuando creen que está listo, lo envían. Por ahí hay profesores que suelen enviar sus artículos a colegas antes de publicarlos, pero se trata de contadas excepciones.

En Estados Unidos las cosas no funcionan así. Es impresionante la cantidad de conferencias y workshops que los alumnos y los profesores tienen a su disposición para presentar sus papers en que siempre se incluye un espacio para comentarios y reflexiones por parte de la audiencia. Además, quienes escriben tienden siempre a contrastar sus ideas con profesores, con colegas e incluso con alumnos. Es más, los profesores tienden a mandarle los drafts de sus papers a innumerables personas para recibir comentarios antes de publicarlos. Viajan a conferencias y a workshops. Organizan almuerzos y cafés para someter sus ideas a crítica. Esa es una verdadera academia. Nuestra academia, qué duda cabe, no tiene punto de comparación con la academia estadounidense.

Si comparan los artículos de los profesores americanos con los de los latinoamericanos, verán que la primera nota al pie de página que incluyen los primeros es una lista interminable de agradecimientos a todas las personas que colaboraron con ellos durante la elaboración del artículo. Este pie de página en los artículos latinoamericanos usualmente brilla por su ausencia.

    • Háganse preguntas absurdas: cuando quieran desordenar el mundo, háganse las preguntas más absurdas y estúpidas que puedan imaginar. Y si se ríen de ustedes, sepan que esa es una muy buena señal. Y cuando ello suceda recuerden que hace al menos cinco siglos, no solo se rieron de una persona, sino que la mandaron a la hoguera por preguntarse si la tierra era plana. Y es que la ignorancia es atrevida. También se creía que la tierra era el centro del universo, que el sol giraba alrededor de la tierra o que si llegaban en barco al final del horizonte habían monstruos marinos que devoraban a los hombres.

Y cuando se rían mucho de ustedes y se sienten desalentados, recuerden las sabias palabras de John Stuart Mill: “Every great movement must experience three stages: ridicule, discussion, adoption”. Por eso, cuando se burlen de sus ideas, tomen las críticas como un halago. Es parte del proceso natural.

En Yale es imposible que se rían de una idea. Mientras más loca fuese tu idea, con más atención te escuchaban los profesores. Tenían muchísima apertura y tolerancia, incluso para aquellas ideas que violaban el más básico sentido común.

Recuerdo que cuando entré a Yale, algunos profesores peruanos me dijeron “te estás yendo a una universidad socialista”. No la calificaría así. La diversidad de pensamiento era sintomática de Yale. Sí definiría a Yale, sin embargo, como una universidad muy popperiana. Karl Popper argumenta que el conocimiento es un proceso de ensayo y error que no tiene fin. El conocimiento –dice Popper— es siempre provisional y está abierto a objeciones. Cada nueva falsación implica un avance en el conocimiento.

Una de las cosas que me genera muchísimo rechazo y animadversión es el conservadurismo. El conservador es una persona que, por definición, siempre busca conservar el status quo. Y yo, muy por el contrario, creo que siempre debemos cuestionarlo. Karl Popper nos invita a no ensimismarnos y a poner constantemente en duda nuestra propia posición.

Y eso era algo sintomático de Yale. Dudaban y cuestionaban constantemente. Dudaban de sí mismos. Las personas que están ahí tienen un hambre insaciable por el conocimiento. Yale era –ante todo y sobre todo— una universidad popperiana. No existía una verdad; todo estaba abierto a refutación. Una de las anécdotas más famosas de Yale sucedió cuando Daniel Markovits y Alan Schwartz, profesores de Yale, escribieron un paper para refutar uno de los papers más famosos de Guido Calabresi.

En Yale –y en varias de las universidades estadounidenses— se cree en el poder de las ideas. Y eso es algo que en el Perú no hemos logrado comprender. Estamos llenos de dogmatismos y fundamentalismos. No es lo que se dice, es quién lo dice. ¿A quién imitamos? ¿De quién nos copiamos? ¿De los italianos, los alemanes, los españoles? Y es que si seguimos así en el Perú, estamos destinados a la mediocridad y al fracaso. Lo importante es: ¿qué dices tú? ¿Cuál es tu idea? Ciertamente, no es fácil tener ideas disruptivas. Yo al menos, hasta ahora, no he tenido ninguna. Pienso que lo importante es tener esa predisposición para desordenar el mundo de la que hablaba Calabresi. Creo que el hecho de dar solo ese paso es ya muy importante.

Tenemos que cambiar la estructura de la educación en las Facultades de Derecho del Perú. Hacer que el alumno paporretee sirve de poco o de nada. Y tampoco creo que sea suficiente un modelo educativo basado en competencias. Lo más importante en una universidad es sembrar en los estudiantes la crítica.

Pienso también que en el Perú la función del profesor está trastocada. Se suele pensar que el profesor cumple un rol fundamental porque educa. Y no quiero que se me malinterprete. No pienso que ello no sea importante. Todo lo contrario. Pienso que es demasiado importante. Empero, se trata de tan solo una de las grandes funciones que deben cumplir los profesores en una sociedad.

En Estados Unidos un profesor no se limita a enseñar unos cursos y a elaborar textos académicos que le pueden servir a sus estudiantes desde el punto de vista pedagógico. Es mucho más que eso. Y es que los profesores no solo se deben al estudiante, sino también a la sociedad. Además de ser un centro educativo, la universidad debe ser un think tank. Los profesores deben estar preocupados por producir ideas disruptivas que hagan de su país, su región o el mundo un mejor lugar. Tienen la misión de cuestionar constantemente el status quo y generar un impacto visible y material en el mundo.

Esto genera un efecto dominó. Y es que cuando los profesores desordenan el mundo; producen ideas disruptivas; y las comparten en sus clases, en sus artículos y en los pasillos, irremediablemente contagian el ejercicio crítico en sus estudiantes. Las funciones del profesor dentro de la universidad y para la sociedad son complementarias y se retroalimentan.

Solo cuando uno comprende el rol que tienen los profesores en Estados Unidos, uno entiende por qué por ejemplo el programa de LL.M. de Yale Law School está dirigido únicamente a abogados con un perfil marcadamente académico. Para el Admissions Committee de Yale los profesores son siempre los legal thinkers de una sociedad. Les resulta difícil concebir que las grandes ideas provengan del sector privado. En mi opinión, están claramente sesgados y condicionados por la realidad de su país. Y es que al menos en Latinoamérica –para bien o para mal— los legal thinkers están desperdigados por todos lados.

Hay una última misión que es fundamental para las Facultades de Derecho del Perú: que los estudiantes “aprendan a aprender”. Pienso que mientras más autodidáctas sean los estudiantes al final de la carrera, mejor. Y es que los alumnos van a asistir a la universidad durante seis años, pero van a ejercer la abogacía durante los siguientes cincuenta. Si se limitan aplicar lo que aprendieron en las aulas, están condenados a la mediocridad de la rutina. En mi experiencia, los mejores abogados que he visto son aquellos que han logrado comprender que el aprendizaje es un proceso permanente, espontáneo y complejo. Simple y llanamente no se cansan de aprender. Un buen abogado se nutre y aprehende de todas las experiencias vividas. Y, qué duda cabe, la experiencia es la principal fuente del conocimiento.

Para concluir, en honor al poder de las ideas, voy a fusionar dos frases de mi personaje favorito de mi película favorita “El Gladiador”: “Nosotros, los mortales, somos sombra y polvo”, pero “lo que hacemos en vida –nuestras ideas— tiene eco en la eternidad”.


[1] Este artículo está basado en la conferencia que di por invitación del Cato Institute en la Universidad Francisco Marroquín (Ciudad de Guatemala) titulada “El Poder de las Ideas” el 20 de noviembre del 2019.

[2] Este tipo de textos se incluye usualmente en casebooks. Los casebooks de las universidades americanas no se comparan en lo más mínimo a los compendios de lecturas elaborados por los profesores en el Perú. Los casebooks son frecuentemente preparados por profesores de un mismo curso de varias Facultades de Derechos en Estados Unidos, y se demoran años. No se trata únicamente de elaborar un compendio de textos relevantes. Los profesores también escriben y explican los conceptos y las instituciones más relevantes, incluyen los casos más importantes, comentan y critican las sentencias de las cortes, y un largo etcétera. Elaborar un casebook en Estados Unidos es muy demandante. Requiere un esfuerzo inmenso. Por eso es que los profesores estadounidenses suelen incluir la elaboración de casebooks en sus currículums. Y es que elaborar un compendio en Estados Unidos es casi tan demandante como escribir un libro.

[3] Prólogo de Alfredo Bullard. En: NÚÑEZ DEL PRADO, Fabio. Desmitificando Mitos: Análisis Económico de la Doble Instancia en el Proceso Civil Peruano. Thomson Reuters, Lima, 2016, p. 11.

[4] En dicha entrevista, aproveché y compartí con Calabresi los temas centrales de mi dos libros: que el arbitraje debe ser la jurisdicción por defecto en controversias comerciales y que se debe eliminar el recurso de apelación en el proceso civil. Mientras hablaba, me di cuenta que le estaba diciendo mis ideas a la persona menos indicada: un juez de apelaciones especializado en derecho civil. Con el carisma que lo caracteriza, me felicitó por las ideas y me hizo un par de críticas basadas en behavioral law & economics. Pero, para ser sincero, creo que se quedó con bastantes ganas de decirme: “Fabio, the idea is to move the furniture, not to break it”.

Fuente de imagen: Yale Daily News.

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