Histeria: Derecho y Superhéroes | Entrevista a Felix Morales Luna

“Solemos destacar los actos altruistas de los superhéroes, sin detenernos a evaluar todos los daños que pueden causar. Un poder sin supervisión ni limitaciones es un poder al que solo queda someterse, y confiar en la corrección de su ejercicio, pero nada garantiza que así lo será”.

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Por Enfoque Derecho

En esta primera entrega de la Histeria de Derecho y Superhéroes, EnfoqueDerecho.com conversó con Felix Morales Luna, Doctor en Derecho por la Universidad de Alicante (España) y profesor de los cursos de Introducción a las Ciencias Jurídicas y de Filosofía en la Facultad de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, sobre la relación a los Superhéroes y el Derecho, específicamente respecto a la trascendencia de la justicia y su vinculación jurídica.

ED: ¿Existe alguna similitud entre los superhéroes y los abogados o el derecho en sí mismo? 

La relación entre los superhéroes y el derecho no es inmediata, pero se relaciona de forma muy intensa con sus presupuestos. Entre los fundamentos de nuestras instituciones sociales, como el derecho, subyacen ciertos rasgos de nuestra condición humana. Tomando en este punto el planteamiento de Hart, los seres humanos presentan, entre otros rasgos, la vulnerabilidad, así como una fuerza física similar. Ello hace que nadie pueda, por sus solas condiciones naturales, situarse por encima de los demás para imponerle su voluntad sin temer alguna represalia por ello. Esto les obliga a acordar un conjunto de reglas de convivencia (reglas jurídicas) y a legitimar un aparato de poder que controle el respeto de ellas (el Estado). Si por alguna circunstancia fortuita alguna persona contase con alguna capacidad que le desmarque de esta condición de normalidad y cuente con algún poder que le permita posicionarse por encima de todas las demás personas sin temer alguna represalia, se pierde uno de los presupuestos en los que se basa el derecho y su capacidad de imponer sus normas a las personas.

Así, el derecho expresa un poder legitimado que somete a las personas y orienta sus conductas para lograr una convivencia pacífica. Si alguien tuviera un poder por encima de cualquier otro poder, para decidir el sentido de sus actos y el modo de como ello impacte en los demás, no podrá ser sometido por el derecho y su fuerza a sus normas. Las normas que decidan seguir quienes se encuentren en tal condición, y a qué finalidad orientar dicho super poder, será una decisión estrictamente moral. Ser bueno en estas circunstancias, dice Brenzel, es una elección determinada por el tipo de vida que quieran tener considerando sus capacidades. No es, por cierto, una decisión fácil; implica privaciones en lo personal, un gran esfuerzo por mantener oculta su identidad, incluso de sus relaciones más cercanas, y conlleva también asumir la falta de reconocimiento que su labor implica. En esa condición existencial se resolverá la cuestión discutida entre Sócrates y Galucón reseñada por Platón en La República a propósito de la historia del anillo mágico de Giges: ¿somos justos por naturaleza o actuamos de forma justa solo por temor a una sanción?

El derecho en una sociedad constituye la herramienta necesaria para mantener una convivencia pacífica, orientando los comportamientos hacia ese fin. Cuenta con un poder legítimo para concretar esta función social. En un escenario en el que alguien cuente con un poder superior no solo a las personas sino a la propia coerción social, podría dirigirla hacia una finalidad moralmente justificada, y ser por ello un héroe, o a fines egoístas, y ser por ello un villano. Al ser una elección de vida, los superhéroes encarnan el ideal de justicia y conducta altruista en beneficio de la sociedad.

A falta de tales poderes, necesitaremos al derecho, es el superpoder con el que contamos para lograr nuestros objetivos sociales. Confiamos su gestión a funcionarios que, mediante su empleo, pueden actuar como héroes o como villanos. Nuevamente, estamos ante una elección de carácter moral. El modo como lo ejerzamos definirá que tipo de personas queremos ser. Al igual de lo que diría un superhéroe, el lema del derecho también es “luchar por la justicia”, en su caso, mediante el poder de sus normas.

ED: ¿Deberían los superhéroes tomar la justicia por sus manos, dejando de lado a las leyes y a quienes las imparten si con ello se garantiza la justicia? 

Los superhéroes emplean su poder, más que para tomar justicia por sus propias manos, para proteger a las personas, impidiendo que se cometan los crímenes, o evitando la impunidad de quien causa un daño o comete un delito, supliendo muchas limitaciones, carencias e ineficiencias de los sistemas de represión de los delitos. Valiéndose de sus capacidades frustran los atentados, salvan a las víctimas, y ponen a los criminales en manos de las autoridades. No son vengadores.

Sus poderes les permiten determinar la autoría de los crímenes y aprehender a los responsables, pero no les infligen castigos. Sus poderes no les dota de capacidad para determinar qué le corresponde a cada quién, por ejemplo, un castigo apropiado. Tales criterios deben estar definidos por las normas y las instituciones de la sociedad de la que también forman parte, con base en criterios aceptados y compartidos.

Si hicieran justicia por su propia mano, según los criterios que ellos mismos definan, perderían su legitimidad. La justicia exige publicidad, requiere también que todas las personas puedan seguir y compartir los criterios con base en los cuales se toma una decisión que puede afectar bienes esenciales de una persona. Si los superhéroes aplicasen justicia por su propia cuenta, no habría forma de oponerse o cuestionar sus decisiones, la impondrían en virtud de su fuerza, y solo queda confiar en la corrección de sus actos.

ED: ¿Debería de existir alguna entidad que controle o supervise las acciones de los superhéroes o, en su defecto, normas exclusivas para superhéroes que deban ser siempre respetadas por ellos?

Toda sociedad necesita garantizar un orden en el que basar la convivencia pacífica y justa de sus integrantes, y que les permita interactuar y coordinar acciones colectivas. Confiamos al derecho y a las autoridades la regulación y gestión de dicho orden. Todos quienes formen parte de la sociedad han de estar sometidos a este poder legítimo. Nadie puede estar al margen o por encima de la ley y del pacto social que ella expresa, cual fuera sus condiciones o potencialidades. Nótese que, fuera de su rol de superhéroe, las personas con superpoderes se comportan como ciudadanos ejemplares y respetuosos de la ley. El contar con tales poderes no los sitúa al margen de ese orden que expresa los valores compartidos. El derecho debe someter incluso a quien tiene un superpoder, solo que, si de fuerza se trata, no puede.

La regulación del ejercicio del superpoder no implicaría prohibirlos, sino asegurar la corrección en su empleo, y serviría para reparar los daños por cualquier exceso o maniobra irresponsable en el ejercicio de dicho poder. Sería como contar con una nueva tecnología cuyo uso debería estar sometido a regulaciones que atienda criterios éticos y de seguridad. Solemos destacar los actos altruistas de los superhéroes, sin detenernos a evaluar todos los daños que pueden causar. Un poder sin supervisión ni limitaciones es un poder al que solo queda someterse, y confiar en la corrección de su ejercicio, pero nada garantiza que así lo será. Esto conlleva a una reducción de las libertades y de la autonomía de las personas, sometidas a un poder superior del que no participan ni tienen capacidad de exigirle nada.

ED: ¿Cómo podría el Derecho someter a aquellos superhéroes que empleen sus poderes de manera irresponsable cuando sus instituciones carecen de un poder siquiera similar al de quien pretende sancionar?

¿Por qué debería alguien con super poderes aceptar reglas comunes que lo iguale con personas vulnerables a las que podría someter? ¿Qué podría motivar su sometimiento a ese régimen de igualdad en el que perdería su evidente ventaja? En un estricto cálculo estratégico, tal decisión supondría más pérdidas que beneficios. Sería un escenario similar al que plantea el orden internacional que reúne a Estado con manifiestas disparidades en sus poderes. ¿Cómo construir un orden igualitario en un contexto donde intervienen sujetos con tales desproporciones en sus capacidades? El derecho debe ofrecer razones distintas que el respaldo de la fuerza (que en este caso sería inútil) para someter a quien cuente con un poder superior al suyo.

El derecho tiene más razones, y más poderosas, que su sola fuerza para exigir el cumplimiento de sus normas. Su legitimidad debe basarse, más que en la imposición forzosa de sus normas, en la corrección del modo como regula la vida de las personas en sociedad, y la justicia del orden que impone y garantiza mediante sus instituciones. En este escenario, quedarse al margen de dicho pacto, relegaría a quien esté fuera a un rol de estricto vigilante; y quien actúe desde un poder que no emana del pacto deviene en ilegítimo, aunque sus actos puedan ser justos en sus objetivos.

Alguien con un super poder podría razonablemente desconfiar del poder civil al que se somete, pues podría prestarse a un uso interesado, ineficiente, irresponsable o corrupto. El superhéroe acepta la moralidad como parámetro, pero desconfía de que sea el derecho la mejor expresión de dicha moralidad para sus propios actos. Las garantías tendrían que ser muchas para asegurar la corrección de las instituciones a las que se someten. En todo caso, considerando la magnitud de tales poderes, lo razonable sea ponerlo al servicio de la humanidad en su conjunto, representada por alguna institución legítima que represente y realice los valores en los que se asiente la convivencia justa y pacífica entre las naciones.

El sometimiento a las normas civiles por parte de los superhéroes solo podría responder, nuevamente, a una elección moral, tras reconocer el valor de vivir en un sistema de reglas justas, iguales para todos y orientadas a garantizar el bienestar general. A pesar de tener una expresión formal que asociamos con el derecho este pacto reposa en un acto moral de todos quienes suscriben el pacto, al asumirse como pertenecientes a una comunidad de iguales (en sentido moral). De esta forma, al poner sus poderes al servicio de la comunidad, y gestionados por criterios legítimos y justificados, los superhéroes realizan un acto moral, cediendo en el ejercicio de sus poderes en aras de asegurar un orden justo para todos.

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