Por Monica Yrrarazabal, asociada senior del Estudio Garrigues (Perú), abogada por la Pontificia Universidad Católica del Perú y candidata a LL.M. en Columbia Law School

A inicios de diciembre, muchos de nosotros nos dimos con la sorpresa que el mercado de futuros tenía un nuevo integrante: el agua. El índice Nasdaq Veles California Water Index (NQH20) se lanzó en octubre de 2018; sin embargo, solo desde el pasado 7 de diciembre de 2020 es que un contrato futuro de agua basado en el índice cotizó en la bolsa de valores de Nueva York, con un precio de 486,53 dólares por acre-pie, medida que equivale a 1.233 metros cúbicos. 

El Chicago Merc (Chicago Mercantile Exchange o CME, un mercado estadounidense de derivados financieros) explicó en su sitio web que el precio se estableció como un valor promedio de (i) los contratos de derechos de uso agua existentes y (ii) las ventas de esos derechos de uso en las siguientes regiones de California: la Cuenca Central, Cuenca del Chino, Cuenca Principal de San Gabriel y la subárea alta de la Cuenca de Mojave.

¿Qué son los futuros?

Los futuros son productos financieros derivados. Un derivado financiero es un producto financiero cuyo valor depende del valor de otro activo, es decir, los derivados por sí solos no tienen valor, a diferencia de las acciones o los bonos. En ese sentido, un futuro es un contrato por el que se acuerda el intercambio de determinado activo subyacente (valores, índices, productos agrícolas, materias primas, etc.; por ejemplo, el petróleo) en una fecha futura predeterminada, a un precio convenido de antemano.

Por tanto, un comprador de futuros obtendrá beneficios si el precio del activo subyacente es superior al pactado en la operación. En el caso de un vendedor de futuros, obtendrá ganancias si el precio del subyacente es inferior al acordado. 

El contrato del mercado de futuros del agua permite a los compradores y vendedores intercambiar un precio acordado por un derecho de uso de agua en una fecha concreta en el futuro; esto es que no se adquiere el agua el día de hoy sino el derecho a usarla en el futuro por un precio pactado hoy.

¿Por qué el agua?

En el Perú, conforme al Reglamento de la Ley No. 29338, Ley de Recursos Hídricos, aprobado mediante Decreto Supremo No. 001-2010-AG, “(…) El agua es un recurso natural renovable, vulnerable, indispensable para la vida, insumo fundamental para las actividades humanas, estratégica para el desarrollo sostenible del país, el mantenimiento de los sistemas y ciclos naturales que la sustentan y la seguridad de la Nación. El agua es patrimonio de la Nación y su dominio es inalienable e imprescriptible. No hay propiedad privada sobre el agua, sólo se otorga en uso a personas naturales o jurídicas. El uso del agua se otorga y ejerce en armonía con la protección ambiental y el interés de la Nación”.

A pesar de ello, según la Encuesta Nacional de Hogares 2018 (ENAHO) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más de 3.6 millones de peruanos no tienen acceso a agua potable. De este número, unas 342 mil personas viven en Lima y se abastecen, sobre todo, a través de camiones cisterna.

Además, según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020 Agua y Cambio Climático, el uso global de agua se ha multiplicado por seis en los últimos cien años, y continúa aumentando aproximadamente un uno por ciento (1%) cada año.

Esto se debe principalmente al desarrollo económico, al crecimiento demográfico y al cambio en los patrones de consumo alrededor del mundo. La ONU estima que en la actualidad unos 2.200 millones de persona carecen de agua potable y 4.200 millones carecen de un sistema de saneamiento adecuado (OMS/UNICEF 2019), situación que podrá verse agravada a consecuencia del cambio climático.

Esto deja en clara evidencia que el agua es un bien indispensable para la vida y para la industria, cuenta cada vez con mayor demanda, y muchas personas todavía no pueden acceder a él.

Posiciones

Entonces, a raíz de esta salida al mercado y tomando en consideración las cifras expuestas precedentemente, se ha especulado mucho sobre las razones y posibles consecuencias de que un derecho sobre el agua sea un derivado.

Muchas personas son de la posición de que esta cotización tiene una connotación negativa. Si tomamos en consideración que: (i) en las bolsas se suelen cotizar productos con una expectativa de que, en el largo plazo, estos suban de valor; y, (ii) analizamos el principio básico de la ley de la oferta y la demanda; esto nos permitiría deducir que algo sube de valor cuando la oferta no alcanza a cubrir la demanda. ¿Es esto lo que estaría pasando con el agua? ¿Debemos intuir que la cotización de los derechos del agua implica que exista la posibilidad de que en el futuro –tal vez cercano- el agua escasee?

Por otro lado, otro grupo de personas afirma que a través de la cotización del agua se llegará a un uso más eficiente de esta, pues las personas tratarían de ahorrar su consumo para poder ofrecer el excedente a través del mercado de futuros. 

Del mismo modo, a través de este mecanismo se podría lograr una mayor transparencia de precios, ya que lo que se busca al utilizar este índice es que el precio del agua sea público. Lo cual podría conllevar a que si se conoce que el agua es cara las personas tendrán incentivos para ahorrarla o no usarla. 

Así, el mercado reflejaría cualquier escasez de este recurso y ello podría alentar su uso responsable, e incluso exhortar la innovación tecnológica para que se logre un uso más eficiente del agua.

Consideramos que el futuro del agua es incierto, así como las razones por las cuales su uso se convirtió en un derivado financiero; lo que sí es cierto es que este índice podría ser usado como referente en los mercados del agua del resto del mundo.


Fuente de imagen: Responsabilidad Social Empresarial y Sustentabilidad

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