El concordato y la igualdad religiosa

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Alonso Gurmendi Dunkelberg
cargo: 
Bachiller en Derecho por la Universidad de Lima. Estudio Echecopar.

Jaime Bayly es un personaje por quien difícilmente votaría para la Presidencia del Perú. Sin embargo, no puedo dejar de estar de acuerdo con algunas de sus propuestas como la de retirar los privilegios a la Iglesia Católica. Ésta en particular llamó mi atención porque el tema de la igualdad religiosa implica asuntos prácticos y jurídicos que pocas veces son tomados en cuenta por políticos y sacerdotes. 

El Perú y la Santa Sede (que es un Sujeto de Derecho Internacional distinto del Estado del Vaticano) tienen una fecunda y larga relación bilateral, que genera objeciones de parte de ciertos sectores de la población. Un punto focal de estos desencuentros es el Concordato firmado por el Perú y la Santa Sede en 1980 que otorga concesiones que, para muchos, no tienen lugar en un Estado que es supuestamente laico.

El Concordato, por ejemplo, perpetúa en el tiempo una serie de exoneraciones y beneficios tributarios (art. X) y otorga subvenciones directas a la Iglesia Católica que en 2009 excedieron los S/.2’600,000.00 (art. VIII). Asimismo, dispone la enseñanza de la religión católica en los colegios estatales sometiendo el nombramiento y permanencia en el cargo de los profesores de Religión a la aprobación de los Obispos (art. XIX). Si bien han existido desacuerdos con respecto a la extensión de las exoneraciones comprendidas en el tratado (comparar Informes 001-2003-SUNAT/2B3000 y 227-2003-SUNAT/2B0000, que indican que el Concordato únicamente establece “un régimen de permanencia de los beneficios (…) existentes a la fecha de su vigencia” con el Oficio OF. RE (LEG) Nº 2-5-E/900 de Cancillería, trascrito en parte en este artículo, que describe al régimen del tratado como uno de “exoneración permanente” que alcanza a todas las actividades propias de la Iglesia), lo cierto es que las concesiones avaladas por el Concordato son defendidas por la Conferencia Episcopal Peruana como una forma de compensar a la Iglesia por los gastos incurridos en la independencia y la guerra con Chile, pero, ¿acaso es doctrina católica que uno debe ayudar a otro sólo a cambio de algo? En realidad, la cuestión del Concordato gira en torno a la pregunta de si su vigencia es realmente consecuente con el principio de la separación del Estado y la Iglesia. ¿Tiene pues sentido que un agnóstico o un ateo paguen con sus impuestos subvenciones a la Iglesia Católica? Creo que no y, por lo tanto, creo que la denuncia del Concordato puede ser una alternativa viable; pero ¿cómo se denuncia un tratado?

La denuncia de un tratado es una declaración unilateral de voluntad por la que un Estado declara querer retirarse del mismo, y tiene por efecto que el denunciante no esté más obligado a cumplirlo. En el Derecho interno peruano, la denuncia de los tratados está regulada en el tercer párrafo del artículo 57 de la Constitución y el artículo 7 de la Ley 26647, que, en concordancia con el Derecho Internacional, señalan que la denuncia debe proceder conforme lo estipulen las disposiciones del propio tratado o, en su defecto, de acuerdo con las normas generales del Derecho Internacional.

Siendo que el Concordato no contiene disposiciones sobre su denuncia, debe revisarse la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados que, si bien es aplicable únicamente a tratados entre Estados (y la Santa Sede no es un Estado), es aplicable por analogía, en tanto la misma resume la costumbre internacional imperante sobre el tema. La Convención señala pues que en ausencia de disposiciones sobre denuncia, un tratado no podrá ser denunciado a menos que (i) conste que fue la intención de las partes admitir la posibilidad de denuncia o (ii) el derecho de denuncia pueda ser inferido de la naturaleza del tratado. Considero que el Concordato no es un tratado que tenga vocación de permanencia como podría ser un tratado de límites o un tratado de paz y que un derecho subyacente a la denuncia sí puede ser inferido de su texto.

Así, el Perú, a través de su Presidente, podría comunicar su decisión de denuncia con un plazo prudencial de doce meses (art. 56 de la Convención) y asegurarse de terminar de cumplir con todas las obligaciones, derechos o situaciones jurídicas que puedan haberse creado como consecuencia de la ejecución del tratado antes de su terminación (art. 70.2 de la Convención), como por ejemplo, cumplir con el pago de aquellas subvenciones que ya se hayan devengado.

Sin embargo, una potencial denuncia, en mí opinión, no sería el final del debate. Una buena cantidad de beneficios son otorgados a las confesiones religiosas (no sólo la católica) por medio de leyes internas. Si bien es cierto que la especial naturaleza de las religiones hace necesaria la existencia de determinadas concesiones, también es verdad que algunas de éstas bien podrían ser consideradas excesivas o innecesarias. Así, una vez denunciado el Concordato, el Perú debería promulgar una nueva norma sobre el tema que nos permita afirmar con tranquilidad que en el Perú existe una real autonomía entre Estado y Religión y que coloque a todos los credos en una verdadera situación de igualdad.

 

 

¿Cómo citar este artículo?

GURMENDI DUNKELBERG, Alonso. El concordato y la igualdad religiosa. En: Enfoque Derecho, 3 de febrero de 2010. http://www.enfoquederecho.com/?q=node/224 (visitado el dd/mm/aa a las hh:mm).

El tema da para el debate. Historicamente la Iglesia Católica contribuyó bastante con la nación peruana (reconocido por la misma Constitución). Por ejemplo en la parroquia de cada pueblo se registraban las partidas de nacimiento desde la República, dada la ausencia del Estado Peruano.

¿Históricamente? ¿Como podían contribuir los demás si los mataban? Hoy a sabiendas de la importancia y contribución de algunas de las Iglesias no católicas, no los dejan trasmitir, las bondades de una manera de vivir con una sólida moral, donde casi no existen homosexuales, prostitutas, delincuentes, alcohólicos, drogadictos, machistas (maltratos a la mujer), donde se practica la verdad sin hipocresía, el amor al prójimo, donde se da sin esperar recibir, donde hay colegios para niños indigentes, para jóvenes ex-delincuentes y drogadictos, casas para ancianos, madres solteras...
¿Quién puede hablar mejor de matrimonio? un pastor casado y con un feliz matrimonio ó un sacerdote que ni mantiene ni sabe como conducir un hogar. La teoría es excelente, pero es necesario tener práctica matrimonial, como tener ingresos, comprensión, entendimiento, amor a los hijos, a los suegros, a si mismo, etc., etc., es fácil encontrar dentro de estas iglesias matrimonios de 40, 50 o más años de casados. Con excelentes hijos, nietos amorosos...

Creo que una propuesta interesante seria eliminar las subvenciones y que cada persona al momento que hace su declaracion de impuestos, decida si dona o no de su dinero.

Creo q no existen razones jurídicas, ni lógicas para continuar siendo parte de un tratado que atenta contra principios constitucionales. Si queremos progresar como Estado y como sociedad no debemos permitir que se perpetuen privilegios innecesarios y dañinos.

El Estado es laico. Cierto. Ello tiene consecuencias prácticas y jurídicas. Cierto. El Concordato otorga determinados beneficios a la Iglesia Católica. Cierto. ¿El otorgar dichos beneficios es incompatible con un Estado laico? Veamos.

El Concordato señala en su artículo I que: "en reconocimiento a la importante función ejercida en la formación histórica, cultural y moral del país, la misma Iglesia recibe del Estado la colaboración conveniente para la mejor realización de su servicio a la comunidad nacional." De acuerdo con este documento -me parece-, el Estado otorga beneficios a la Iglesia Católica no por el hecho de asumir su credo como religión oficial, sino como respuesta a la función de esta entidad en la "formación histórica, cultural y moral del Perú". ¿Esto se justifica? Se dice -con acierto- que la Iglesia Católica vio mermado su patrimonio para apoyar al Perú tanto en su independencia cuanto en la Guerra del Pacífico (y OJO que no dejó claro que lo hacía "sólo a cambio de algo"); es cierto además que la Iglesia Católica mantiene trabajando en el Perú "casi 450 congregaciones, institutos religiosos y sociedades de vida apostólica"; y es cierto que la Iglesia Católica ha participado de la fundación de más de una Universidad en nuestro país, incluida la Universidad que acoge a esta prestigiosa Revista. Aún así, no me parece suficiente... ¿Hay más?

El 28 de Julio don José de San Martín proclamó la independencia del Perú; para hacerlo, debía antes comprobar que "la opinión general se halla decidida por la independencia, cuyo voto le sirviese de norte" (Acta de la Independencia del 15 de julio de 1821). ¿Quienes podrían encarnar la voluntad general del naciente Perú? La citada Acta nos dice que estuvieron "Reunidos en este Excmo. Ayuntamiento los señores que lo componen, con el Excmo. e Ilmo. Señor Arzobispo de esta santa Iglesia Metropolitana, prelados de los conventos religiosos, títulos de Castilla y varios vecinos de esta Capital". ¿Por qué prelados de conventos religiosos? En ese entonces no había una organización civil como la tenemos ahora, y fueron aquéllos quienes transmitieron el sentir de las localidades de donde provenían. ¿Existe acaso otra institución vigente hasta nuestros días que haya participado de un momento tan crítico en la independencia del Perú?

El artículo comentado afirma que no tiene sentido que un agnóstico o ateo "subvencione" a la Iglesia Católica. Alguien llevando al extremo esa lógica podría negarse a pagar impuestos que favorecieran a un gobierno por el cual no votó; sin embargo, no quiero llevar el discurso en esa dirección. El centro de la discusión gira en torno a si los PERUANOS estamos dispuestos a otorgar ciertos beneficios a una Institución (que en este caso es religiosa) que contribuye y sobre todo ha contribuido -no sin riesgos- enormemente a la formación histórica y cultural del PERÚ.

En el Perú se promulgan leyes de carácter particular, que favorecen a determinados individuos (Ej. asignándoles un sueldo vitalicio) por su gran aporte al País en algún ámbito determinado. ¿No sería coherente que el Perú otorgue ciertos beneficios económicos (que no llegan a mermar siquiera en un sol anual el patrimonio de los peruanos) o de otra índole a una institución que no sólo ha tenido parte activa en su momento fundacional, que -con riesgo- le brindó apoyo en momentos críticos (Ej. guerras), y que actualmente sigue contribuyendo material y culturalmente?

El Estado es laico. Cierto. Ello tiene consecuencias prácticas y jurídicas. Cierto. El Concordato otorga determinados beneficios a la Iglesia Católica. Cierto. ¿El otorgar dichos beneficios es incompatible con un Estado laico? Me parece que no.

Daniel Torres Cox
Alumno de Derecho de la PUCP.
(Las citas, salvo las del Acta de Independencia, corresponden a los documentos a su vez citados en el artículo)

Estimado Daniel,

Gracias por tus comentarios. Si entiendo bien tu argumento, postulas que los beneficios otorgados a la Iglesia Católica se justifican por dos motivos: (i) porque son compatibles con un Estado laico y (ii) porque son justos dado el rol de la Iglesia en la formación del Estado. Me permitiré analizar ambos puntos.

En primer lugar, tal vez sea pertinente aclarar que en ningún momento he planteado que Estado e Iglesia sean antitéticos ni que no puedan trabajar juntos en aquellos objetivos que comparten. Tanto el Estado como las Iglesias (no sólo la católica) comparten una preocupación por el bienestar de los peruanos y pueden cumplir roles semejantes. Las iglesias pueden hacer obra social, pueden crear colegios, pueden colaborar en hospitales; en fin, pueden hacer muchas cosas que pueden, como decía uno de los comentaristas anónimos, reemplazar al Estado en aquellos lugares alejados en donde sus instituciones no llegan.

Dicho esto, sin embargo, soy un firme creyente en que, como alguna vez dijera Thomas Jefferson, la religión es un tema que compete únicamente al hombre y su Dios, sin que el Estado pueda entrometerse para nada en esta relación tan personal. Es importante que los Estados no tomen partido por ciertos credos porque, en última instancia, los principios religiosos que informan a la fe no son necesariamente compatibles con las políticas de buen gobierno que coadyuven al bienestar de nuestra población (se me ocurren ejemplos tan diversos como las políticas machistas de la teocracia afgana antes de la invasión estadounidense y las extrañas políticas de planificación familiar amparadas por nuestra propia Iglesia Católica). La imposición de una religión a los ciudadanos además, siempre ha traído desgracia y resentimientos, ese es un hecho. Así, esta “muralla de separación” como la llamara Jefferson, que debe existir entre ambos entes implica pues una que una serie de precondiciones deben informar cualquier vínculo que el Estado (nuestro Estado) desee emprender con una Iglesia (cualquier Iglesia): (i) Un Estado no debe apoyar la labor evangelizadora de las iglesias; (ii) Un Estado no debe convertir a ninguna religión en su religión oficial; (iii) Un Estado no debe colocar a través de la ley a los fieles de una religión en una situación desfavorecida con respecto a los fieles de otra y (iv) Un Estado debe apoyar a las religiones para que puedan ejercitar sus fines no-terrenales de una manera más óptima.

Sobre la base de estos preceptos, yo aplaudiría que el Estado firme la mayor cantidad de convenios de colaboración con la mayor cantidad de religiones posibles. Si las iglesias pueden ofrecer doctores, pueden ofrecer obra social, pueden ofrecer profesores, en buena hora. Pero aquí es donde uno debe ser cuidadoso de no excederse: Si para hacer estas labores las iglesias van a pretender extender su fe, con dinero de todos los peruanos, entonces habrá un problema. Si las iglesias, en cambio, quieren simplemente ayudar de buena gana al Estado, que lo hagan, pero sin tratar de usar esto como una forma de extender su fe. Si la idea es suplir al Estado en colaboración con el Estado, esta ayuda ha de ser laica. Si lo que quieren es además extender su fe, deberán hacerlo con sus propios fondos (que no son pocos en varios casos).

Entonces, ¿son compatibles las disposiciones del concordato y la ley peruana con un Estado laico? Algunas creo que sí. Ciertas exoneraciones tributarias, como el impuesto predial, por ejemplo, me parece que están en orden. Otras, como la del impuesto vehicular, no tanto. Pero hay varias disposiciones en ese tratado (y en la ley interna peruana) que son impensables teniendo en cuenta los principios que he propuesto: Las subvenciones que se le entregan a la Iglesia, por ejemplo, son casi un cheque en blanco sobre el que nadie puede saber dónde terminan esos fondos. ¿Puedo recibir satisfacción de que mis impuestos no están yendo a campañas de evangelización en el Amazonas? ¿Nos consta que con esas subvenciones simplemente no estoy financiando nuevas compras para las Iglesias? ¿Por qué tenemos que estar a oscuras con respecto a estos gastos si es que existe el riesgo de que vayan a fines que, sinceramente, deberían ser financiados por la propia Iglesia? Si la Iglesia realmente considera que ha de ser compensada por la independencia y la guerra con Chile, debería cuantificar el monto a ser compensado y exigirlo al Estado. Si la Iglesia considera que cumple un rol social que amerita una subvención social, que rinda cuentas de que lo que está haciendo es, en efecto, ayudar al Estado y no propagar su fe entre los peruanos. No tengo nada contra que la Iglesia evangelice y construya iglesias, pero eso es algo que debe financiar ella misma. Yo me imagino un sistema en donde Estado e Iglesias colaboran para ayudar a la población en aquellas cosas que tienen en común, pero no apoyo un sistema en donde la Iglesia pretende financiar sus actividades espirituales a través del Estado.

Creo que el argumento de que todo está justificado porque la Iglesia ha ayudado mucho al Perú a lo largo de los años distrae del verdadero énfasis de la discusión. Nadie ha puesto en duda el rol (tanto positivo como negativo) que ha cumplido la Iglesia en la formación del Perú. Los peruanos no seríamos peruanos si no hubiésemos nacido en un país predominantemente católico. Nuestra sociedad, durante siglos, se ha visto moldeada por principios que tienen su base en la religión católica. Ese no es el punto de mí artículo y creo que no es el punto de la discusión. El punto de la discusión es si (i) el Estado debería financiar actividades netamente religiosas y (ii) si es que debe hacerlo con una fe y no con otra.

Si lo enfocases así, te darías cuenta que el problema no es tan blanco y negro como lo planteas. Hay puntos medios a los que pueden arribarse, pero para esto hay que poder ponerse en los zapatos del otro. ¿No te parece excesivo que los hijos de un evangélico o de un judío o de un ateo deban aprender doctrina católica en un colegio del Estado?

En resumen, y ya para acabar, la discusión no es si el Estado debe o no apoyar y/o colaborar con la Iglesia Católica. No tengo ningún problema con que el Estado le haga la vida más fácil a las iglesias con beneficios tributarios. Eso sin lugar a dudas está justificado con el rol social que cumplen las religiones (creamos en ello o no, a la gente le gusta ir a misa o al templo o a la mezquita y el Estado debe respetar eso y permitir a los credos llegar a sus fieles de la forma más fácil posible). Pero hasta allí llega la cosa. La propagación de la fe es una actividad privada, que no debe realizarse con fondos del Estado porque viola la libertad de confesión de los ciudadanos. Por ende, sí, el Estado debe apoyar a las iglesias (a todas y a todas por igual), pero estas iglesias deben asegurarnos que no se valerán del apoyo del Estado para lograr sus fines particulares.

Estimado Alonso,

Acabo de leer tu comentario y no puedo evitar intentar una respuesta. Trataré de centrarme en aquello que es materia de discusión. Dices que Estado e Iglesia no son expresión de una antítesis, y estoy de acuerdo; sin embargo, el argumento de que el Estado no debe verse influenciado por la religión en la toma de decisiones políticas me parece un argumento que puede ser usado de manera engañosa (no digo que tú lo uses así en este momento). Me explico con un ejemplo. En materia de embarazos, la postura de la iglesia es clara frente a temas críticos como el aborto, y su posición no se sustenta en dogmas de fe, sino en argumentos estrictamente racionales (Ej. ADN del concebido es distinto al del padre y de la madre), y sin embargo, aquellos que no están de acuerdo con esta postura dicen que la iglesia no debe imponer su religión, y lo hacen precisamente para introducir prácticas que se sustentan en una determinad ideología (Ej. Ideología de género). Entonces, bajo el argumento de la laicidad del Estado, se descarta un determinado cúmulo de ideas (que repito, no se sustentan en dogmas) para introducir otro. Analizando tu comentario, afirmas que “los principios religiosos que informan la fe no necesariamente son compatibles con las políticas de buen gobierno que coadyuven al bienestar de nuestra población”, y sin embargo, la doctrina social de la iglesia (hablo de la Iglesia Católica, que es la que más conozco) no se sustenta en dogmas incuestionables, sino en argumentos de orden estrictamente racional, y descartarlos (que me parece válido se hay razones mejores) implica una toma de postura frente a éstos. La pregunta es ¿En un “Estado laico” se acostumbra descartar las propuestas de la Iglesia porque hay argumentos mejores, o sencillamente porque vienen de la Iglesia?

Dices que Thomas Jefferson habla de la llamada “muralla de separación”. A primera vista es difícil no estar de acuerdo con esta propuesta, pero me parece que la misma no se sostiene frente a un análisis detenido. Vayamos por ejemplo al punto III, en el que se postula que la ley no debe colocar a los fieles de una religión en situación desfavorecida frente a los fieles de otra. Supongamos que la práctica de una religión supone sacrificios humanos (que en nuestro continente americano, eran llevados a cabo por los Aztecas, y en menor intensidad, por los Incas), ¿no debería intervenir el Estado para prohibirlos y proteger así al resto de la población? Me parece una situación en la que es válido colocar a los fieles de una religión en desventaja. El punto IV a su vez señala que el Estado debe ayudar a que las religiones realicen sus fines no-terrenales (asumo que en realidad el punto hace referencia a fines no-trascendentales, porque de lo contrario, la lectura debería ser que el Estado debe ayudar a las religiones a evangelizar (fin transcendental, no terrenal), y no habría discusión). Es cierto que todas las iglesias tienen fines no-trascendentales, pero a diferencia de una ONG, NECESARIAMENTE ordenan estos fines terrenales hacia fines trascendentales, es decir, hacia la evangelización. Me explico a continuación.

Dices que te parece bien que el Estado firme convenios de colaboración con distintas religiones, pero no te parece adecuado que se sirva de ellos para evangelizar. Yo me pregunto, una religión que realmente lo sea, ¿puede no evangelizar? Todas las obras de caridad de la Iglesia no se agotan en la caridad misma, sino que usan la misma con el fin de expandir su fe. No se puede pretender que un médico puesto al servicio del Estado por la Iglesia Católica practique abortos, o que un profesor proporcionado por la Iglesia Católica instruya a sus alumnos en doctrina comunista. De la misma forma, no es posible decirle a cualquier Iglesia que realice una obra social pero que no evangelice, pues es precisamente aquélla la puerta de entrada para esta segunda actividad, que es a la que REALMENTE se dedica. Las nociones Iglesia-evangelización son inseparables.

Dices que “los peruanos no seríamos peruanos si no hubiésemos nacido en un país predominantemente católico”, y estoy completamente de acuerdo. Es cierto también que en la construcción de esa identidad la Iglesia Católica ha cumplido un rol trascendental, y me parece que a pesar de las luces y sombras, el balance finalmente es positivo. La pregunta es, las veces que la Iglesia Católica ha intervenido en la formación histórica y cultural del Perú ¿lo hizo como una entidad que se dedica exclusivamente a hacer obras sociales, o lo hizo como una Iglesia propiamente dicha? Siendo esto así, si cuando realizó los actos que contribuyeron a la formación histórica y cultural del Perú actuó como agente de evangelización, ¿por qué ahora la vamos a reducir a una entidad meramente social? La Iglesia Católica, con sus intervenciones (algunas de las cuales mencioné en mi primer comentario) durante los casi 200 años de historia republicana del Perú –e incluso desde mucho antes- se ha ganado muchos de los beneficios de los que hoy goza, y así lo entendieron las autoridades que firmaron el Concordato, ya que no existe alguna otra entidad que haya tenido una obra tan fecunda a lo largo de nuestra historia republicana. Entiendo también que así como se beneficia a la Iglesia Católica, será oportuno beneficiar a cualquier otra entidad –religiosa o no- en proporción a su contribución en la formación histórica y cultural del Perú, si se estima pertinente; y ello, más que una violación de la “libertad de confesión”, será propio de un Estado que con inmensa gratitud, sabe ver en el presente las huellas de su pasado, así como la oportunidad de continuar con una prolífica labor.

Estimado Daniel, una vez más, gracias por el comentario. Puedo ver que se está generando un interesante debate sobre el tema, que sólo puede redundar en beneficios para los lectores de Enfoque. En respuesta a tus argumentos, ofrezco lo siguiente:

Sobre el tema del buen gobierno, creo que en un Estado democrático las ideas que prevalecen son aquellas que son avaladas por la mayoría de la población. En principio, un Estado religioso que pretenda ser democrático debería también someterse a este principio y he allí el riesgo de que, a pesar de que la mayoría de la población quiera algo, la religión lo impida. Sin embargo, no creo haber dicho que en un Estado laico deban desestimarse las ideas que proponga la Iglesia por el simple hecho de haber sido propuestas por la Iglesia… Eso iría en contra de todo principio de cooperación entre Estado e Iglesia. Mantengo mi punto inicial: Estado e Iglesia no son antitéticos.

Creo que con el argumento de los Aztecas, sin embargo, estas intentando un argumento “reductio ad absurdum” con el que nunca he estado muy de acuerdo. Llevados a extremos, toda proposición puede ser absurda y llevar a resultados terribles. Argumentar que un Estado laico puede llevar a condonar el asesinato de personas es como argumentar que el celibato católico lleva a la pedofilia o que el Islam lleva al terrorismo (ambas son absurdas!). Sin mencionar que es un principio básico que mis derechos terminan allí donde empiezan los derechos de los demás. No creo que tu argumento haya debilitado mi posición que se circunscribe a asuntos más mundanos como subvenciones económicas y la enseñanza del catolicismo en los colegios estatales.

Sobre la relación entre cooperación y evangelización, tu argumento más bien serviría de caldo de cultivo para posiciones más “radicales” que la mía. Si las Iglesias han nacido únicamente para evangelizar y no pueden evitar evangelizar sin importar la actividad que realizan, pues entonces Estado e Iglesias serían antitéticas por la Muralla de Separación de la que hablaba Jefferson. Personalmente yo no creo que ese sea el caso. Sin tener que irnos muy lejos, y de lo que he podido leer, en Bolivia existe una relación sensata entre Estado e Iglesia sobre la base de principios muy semejantes a los que tú consideras de imposible aplicación. En todo caso, mi postura no es que la Iglesia no evangelice, es sólo que lo haga con sus propios fondos.

Debo admitir, empero, que sí me sorprendió tu argumento de que un profesor de la Iglesia no podría enseñar doctrina comunista. Eso sería simplemente una falta de apertura al conocimiento por parte del profesor. No veo ninguna razón por la que un sacerdote no podría explicar a sus alumnos doctrinas con las que la Iglesia no está de acuerdo, siempre que deje sentada su objeción a ellas. Yo no tendría ninguna objeción, por ejemplo, a que en un curso de historia de las ideas se expliquen las doctrinas judeo-cristianas, musulmanas, budistas, confusionistas, etc. del mundo a los alumnos de colegios estatales (sería interesantísimo!). Mi objeción es a que se enseñe un curso de religión desde el Estado porque, como dije, el Estado no tiene por qué meterse en la personalísima relación que cada hombre tiene con su Dios, eso es algo que corresponde al templo y a los padres. Pero en lo que a ideas se refiere, sean todas bienvenidas! (Siempre claro que sean bien explicadas y sean colocadas en su debido lugar).

Para terminar, comento tu argumento de que el Concordato es el resultado de autoridades (más bien, dictadores!) agradecidas con una entidad que ha colaborado con el Estado durante 200 años y que, por lo tanto, no debe ser reducida a una entidad social hoy. Entiendo que tu argumento es principalmente que si las demás Iglesias quieren recibir una subvención, tienen que ganarse ese rol. Creo que ahí está nuestro desencuentro: Yo no creo que ninguna religión, Católica o no, deba recibir una subvención del Estado. Como dice un buen amigo mío, la idea no es que las demás religiones se suban al carro del Concordato, sino que la Iglesia Católica se baje de él.

Pero me resulta curioso el argumento de que la Iglesia se ha ganado su lugar privilegiado entre las demás religiones en el Perú. Más allá de si podemos concluir que el rol de la Iglesia Católica en el Perú ha sido en balance positivo o no, creo que tu línea de pensamiento es impracticable: ¿Cómo y quién determina qué entidad ha sido beneficiosa para el país y en qué proporción? ¿Cómo podemos saber eso? Este tipo de determinaciones centralizadas son muy peligrosas y son históricamente rehuídas. Personalmente creo que la Iglesia merece ser reconocida por firmar el Acta de la Independencia y apoyar durante la Guerra con Chile y todas esas cosas, pero ese reconocimiento es y debe ser moral, porque el rol de las Iglesias es, después de todo, como tú dices, evangelizar, que no es otra cosa que ofrecer principios morales sustentados en una doctrina centrada en un Dios determinado. Si vamos a tratar iguales a los iguales y diferente a los diferentes (principio básico de toda república), ¿podemos realmente decir que la función que cumple la Iglesia Católica para con un católico es mayor que aquella que cumple la Iglesia Evangélica para con un evangélico? ¿No crees que estás tomando el argumento de “la Iglesia nos ha ayudado y nos ha formado” y lo estás llevando demasiado lejos? Tú mismo me has admitido que el rol principal de las Iglesias es evangelizar, ¿por qué entonces quieres medir la importancia de una u otra religión con el criterio de cuánto ayudaron al país y no con el criterio de cuánto ayudan a sus fieles con sus doctrinas? En mí opinión, estás mezclando conceptos que al final de la historia, te llevan a argumentos que discriminan a casi el 15% de la población peruana. Por ello, yo prefiero inclinarme por un punto medio según el cual, creo yo, tanto católicos como no católicos pueden estar tranquilos con que las relaciones Iglesia-Estado están bien resguardadas y en el lugar que corresponden.

Saludos y gracias nuevamente por esta interesante conversación!

Estimado Alonso,

Nuevamente acabo de leer tu respuesta y me es difícil resistirme a plantearte una réplica. No sé si los lectores de Enfoque encontrarán esta discusión interesante, particularmente yo sí. Yendo directo al grano, con relación al gobierno democrático, me parece que aquello que planteas como una característica de la democracia (el que “las ideas que prevalecen son aquellas que son avaladas por la mayoría de la población”), es su principal debilidad: ¿qué sucede si la mayoría decide que no quiere pagar más tributos?, o yéndome más al extremo (aunque trataré de moderarme, para evitar tus críticas) ¿Qué sucede si la mayoría decide limitar los derechos de un determinado grupo social? No quiero decirte con esto que la Iglesia tiene la última palabra en todos los temas, sino que existen determinados principios contra los que aún la mayoría no puede atentar (Ej. Defensa de la vida o la integridad de las personas, por ir a lo más básico), y estaré de acuerdo con todo aquel que esté decidido a defenderlos, ya sea que se trate de un agente religioso o no.

Sé que al poner el ejemplo de los Aztecas me exponía a la crítica que me acabas de hacer, sin embargo, en la actualidad existen prácticas que –a pesar llevarse a cabo al interior de un grupo religioso-, deben ser severamente reprimidas por el Estado, como es la lapidación en el caso de la secta yazidí, en el norte de Irak. Yo no estoy de acuerdo con lo que plantea Jefferson, y sostengo que la separación Estado-Iglesia propia de un Estado Laico es compatible con que el Estado otorgue determinados beneficios a una Iglesia si se considera que existen motivos para ello, aún cuando emplee dichos beneficios para evangelizar (en caso se considere que el beneficiar a una religión es colocar en desventaja a las otras, para mantener cierta coherencia con lo planteado en el punto III de la “muralla de separación”).

Dices haber leído que en Bolivia existe una relación estado-Iglesia bajo unos principios que yo considero de imposible aplicación. Perdona mi ignorancia por no estar al tanto de la situación de la Iglesia en Bolivia, sin embargo, yo no sostengo que la Iglesia no pueda firmar pactos con el Estado para brindar ayuda social, sino que el fin último de esa ayuda social que proporcionará la Iglesia será el de evangelizar. Un sacerdote, una orden religiosa, o un misionero laico que acuden a un lugar para brindar apoyo social indubitablemente prestarán asistencia religiosa, porque sin este último componente carecería de sentido que vayan a algún sitio como miembros de la Iglesia, sino que podrían haberlo hecho como miembros de alguna asociación u ONG.

Con relación del profesor católico que enseña doctrina comunista, supongo que en mi afán de no extender mucho mi comentario omití explicarme un poco más (es eso, o has pecado de inocente… no te ofendas, lo digo con buena onda). En efecto, siendo el comunismo una doctrina para la cual la única misión del hombre es la de asegurar la producción de bienes materiales mediante el trabajo colectivo, negando toda dimensión trascendental del ser humano (estas palabras no son exclusivamente mías, mi conocimiento en estas materias no es tan amplio como quisiera), sería contradictorio que un profesor católico adoctrine a sus alumnos con estos postulados con la exclusiva finalidad de crear agentes que los lleven a la práctica.

Volviendo al Concordato, si bien éste fue firmado durante un gobierno militar, no recuerdo que los gobiernos civiles que vinieron después hayan planteado formalmente la denuncia de dicho acuerdo. En efecto, considero que la Iglesia Católica ha cumplido un papel tal en la formación de la historia y la cultura del Perú, que como institución, ninguna otra Iglesia o religión se le puede equiparar. No pretendo sostener esta línea argumentativa con el fin de afirmar que la religión católica es superior a las demás, sino afirmar que basándonos en los hechos, no existe otra institución de índole religiosa que haya estado tan presente en la formación histórica y cultural del Perú. No vengo haciendo una valoración de índole moral, sino de orden histórico, y a los hechos ya expuestos en anteriores comentarios –a modo de ejemplo- me remito. Cuando se narra la historia del Perú es imposible no mencionar a la Iglesia Católica.

Es necesario dejar en claro que hasta este punto, la valoración es histórica, y estamos hablando de instituciones, no de lo que éstas predican. Para esto no es necesario hacer una valoración moral. Tratemos como iguales a los iguales y diferentes a los diferentes, pero de cara al Perú, no frente a los fieles. Definitivamente el papel de cada iglesia para cada uno de sus practicantes es muy difícil de medir, pero el aporte HISTÓRICO Y CULTURAL de una institución a la formación de un país se puede hacer, y en esa valoración, me parece que la Iglesia Católica le saca varias cabezas a las demás, que en la mayoría de los casos llegaron al Perú y cobraron cierta relevancia bajo la sombra de aquélla, y el Concordato (que precisamente se firmó con la Iglesia Católica y no con otra) es una prueba patente de ello.

Dices que el reconocimiento propio que se debe hacer a la Iglesia Católica debe ser moral, pues ella se dedica a evangelizar. Mi pregunta es, ¿los actos que hicieron merecer a la Iglesia Católica dicho reconocimiento fueron de índole moral? ¿Acaso cuando el Perú necesitaba armas para librar las guerras del Pacífico y de la Independencia la Iglesia Católica le dio una bendición? O ¿Acaso cuando San Martín necesitaba saber si el pueblo peruano quería independizarse la Iglesia Católica se limitó a elevar una plegaria al cielo? Un acto bueno merece un reconocimiento semejante. El que la Iglesia Católica –por su propia naturaleza- emplee dicho reconocimiento para un determinado fin que es inherente a ella me parece adecuado en tanto aquélla no renunció a dicha finalidad al momento de prestar la ayuda que le fue requerida. Saludos.

Daniel,

A mí esta conversación me parece interesantísima y me da muchísimo gusto que este artículo pueda haber generado un debate tan rico en ideas. Este tipo de conversaciones son justamente lo que nuestro país necesita, no sólo en el tema religioso, sino en todos los temas que son de relevancia.

Iré punto por punto:

Democracia: ¿Qué sucede si la mayoría no quiere pagar tributos? Bueno Daniel, eso lo ves a diario. En el Perú la mayoría no quiere pagar (y no paga) tributos. Pero los miembros de esta sociedad al firmar su “contrato social”, transmitieron al Estado el poder de obligarlos a hacer cosas que no quieran, porque de lo contrario no habrían podido sobrevivir a un mundo pre-jurídico. Así, si bien la mayoría no quiere pagar tributos, mientras no convenzan a 61 congresistas para que saquen una ley que diga que no hay que pagar tributos (y hay gente que sí lo logra, como por ejemplo, los que tienen exoneraciones tributarias) su conducta será un incumplimiento de la ley y el Estado podrá usar sus atribuciones coactivas para cobrarles lo adeudado en contra de su voluntad. ¿Y qué sucede si se quiere recortar derechos a determinado grupo social? Pues Daniel, eso lamentablemente también pasa todos los días en este país. Se llama discriminación (y en ciertos casos, violaciones a los Derechos Humanos). Para eso existe el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, las Cortes Internacionales y las instituciones del Estado. Nuevamente aquí tendríamos que conseguir que las naciones del mundo decidan denunciar en conjunto el Pacto de Derechos Civiles y Políticos, la Convención contra la Tortura, la Declaración de Derechos Humanos, etc., etc., etc y que generen algún tipo de costumbre internacional que avale las violaciones a los Derechos Humanos (algo imposible en mi opinión!). Mientras no lo hagan, la conducta será un incumplimiento de las normas. Nada más. En mi opinión, la Iglesia no juega un rol en esta pregunta. La Iglesia no es dueña de los Derechos Humanos ni de los principios morales que rigen la conciencia de los hombres. Eso está allí, metido en el cerebro de todos, seamos católicos, agnósticos, ateos, musulmanes o judíos. ¿Por qué es la Iglesia el freno? ¿Por qué no la moral humana?

Evangelizar: No confundamos asistencia religiosa con evangelizar. Si un sacerdote católico que también es médico es parte de una misión médica del Ministerio de Salud en la sierra y encuentra un campesino católico que necesita consejo espiritual, es evidente que el sacerdote está en obligación de servir a su grey. Evangelizar lo entiendo como que se pretenda convertir o por lo menos diseminar el mensaje del Dios Católico entre personas que no han ido allí para ese fin, sino que han ido a que se los cure de una enfermedad y que no necesariamente son católicos. Ahora, repito, si la Iglesia misma decide mandar una misión de salud a la sierra y decide que como parte de los servicios que proveerá, dará clases de religión y celebrará misas, eso está perfecto. Pero esa misión de salud no deberá ser financiada con fondos del Estado. Eso es todo. Esa misión podrá no pagar impuestos por sus vehículos, la posta médica que establezcan no pagará impuesto predial y todo eso, eso no es tanto problema. Pero el financiamiento de la misión no deberá provenir de los contribuyentes. Ese es mi punto y no creo que sea tan incompatible con lo que la Iglesia podría estar dispuesta a tolerar.

Comunismo: Creo que tienes razón: Tal vez sí pequé de inocente y debí asumir que te referías al adoctrinamiento comunista y no a su mera enseñanza. Pero me resulta sumamente curioso que menciones que “sería contradictorio que un profesor católico adoctrine a sus alumnos con estos postulados con la exclusiva finalidad de crear agentes que los lleven a la práctica”. En mi opinión, sería contradictorio que el Estado laico adoctrine a sus alumnos con postulados religiosos católicos con la exclusiva finalidad de crear agentes que los lleven a la práctica. ¿O no?

Rol de la Iglesia en la Historia del Perú: Dices que el reconocimiento a la Iglesia no debe ser moral sino pecuniario. Está bien. Estoy dispuesto a aceptar que se le dé un reconocimiento pecuniario por su contribución (aunque entonces tal vez deberíamos en todo caso cobrarle por todas aquellas malas contribuciones que también ha tenido). Suponiendo que el saldo de la contribución de la Iglesia al Perú es, como dices, positivo, ¿por qué debe ser un reconocimiento eterno? ¿30 años de subvenciones millonarias no son suficientes para saldar la deuda pecuniaria? Si la deuda es monetaria, ¿por qué no se cuantifica y se liquida de una vez? No existen las indemnizaciones vitalicias ni perpetuas ni nada por el estilo. Personalmente me parecería un poco (espero que no lo tomes a mal, también lo digo con buena onda) hipócrita de parte de la Iglesia que le diga a sus fieles que deben donar a los pobres pero que exija compensación por sus donaciones al Perú cuando éste estuvo necesitado. No es algo muy cristiano que digamos. Pero bueno… es prerrogativa de la Iglesia solicitar una compensación.

¿La Iglesia Católica le saca varias cabezas a las demás por su larga relación con el Perú?: Depende. Las relaciones entre la Iglesia y el Perú independiente no fueron uniformes. Muchos obispos abandonaron el Perú junto con los españoles y no olvides que la lógica independentista era liberal, inspirada en principios franceses que separaban Iglesia de Estado, y que en muchos casos había masones entre los próceres y precursores de la independencia. La Iglesia se adaptó bien al cambio de gobierno (en México fue más complicado, por ejemplo), pero eso no quiere decir que la Iglesia actuó siempre uniformemente a favor del Perú y en contra de España ni que el Perú siempre tuvo buenas relaciones con la Iglesia. Hubo obispos para ambos lados. Y también hubo intelectuales peruanos que hablaban de la necesidad de que la Iglesia y el Estado tengan una relación distinta a la que venían teniendo (Manuel Lorenzo de Vidaurre y Francisco García Calderón por ejemplo). O sea que las relaciones entre el Perú y la Iglesia en el siglo XIX no fueron tampoco un paraíso. Y ya en el Siglo XX, en 1933, se abandonó el calificativo de Estado Católico. Así que la Iglesia ha hecho mucho por el Perú, sí. Pero no sé si podría decirse que el Perú siempre estuvo contento con la Iglesia y que por ende ésta le saca varias cabezas a las demás. Estado e Iglesia convivieron en paz porque tenían que hacerlo, porque eran dos entidades sumamente poderosas para los habitantes del Perú, pero de ahí a decir que la Iglesia y el Perú colaboraron siempre me parece exagerado. Por eso es que prefiero utilizar como criterio para ver quién le saca más cabezas a quién, el criterio del efecto en los fieles y no las relaciones con el Estado. Si hablamos de para quién es más importante su fe, ahí todas las Iglesias están empatadas y por ende debería haber igualdad para todas.

Daniel, con cada día que pasa me parece cada vez más probable que nuestro debate esté condenado a terminar en un “estamos de acuerdo con que no estamos de acuerdo”. Espero, sin embargo, que ese no sea el caso. Espero que podamos llegar a un punto medio que satisfaga ambos puntos de vista. Me parecería un gran logro para esta discusión que podamos arribar a un acuerdo concreto. Te parece si en lugar de seguir refutándonos, planteamos soluciones? Yo ofrezco lo siguiente, y espero me ofrezcas a cambio tus contrapropuestas:

1. Denunciemos el Concordato con la Iglesia.
2. Firmemos un Convenio de Colaboración en donde la Iglesia y el Estado acuerdan colaborar en los objetivos que tienen en común de manera “laica” y donde el Estado se compromete a no entorpecer las actividades religiosas de la Iglesia y a ayudarla en lo que sea posible a desempeñar mejor estas funciones.
3. Suspendamos las subvenciones (si lo consideras necesario, liquidemos la deuda pendiente).
4. Dejemos algunas exoneraciones tributarias en pie y saquemos otras (propongo sacar la del impuesto vehicular y el impuesto a la renta así como las pensiones a los clérigos del ejército y dejando en pie el predial, arbitrios y exonerando de impuestos las donaciones a la Iglesia).
5. Mantengamos la inembargabilidad de los bienes de la Iglesia.
6. Respetemos el derecho de la Iglesia de poner colegios católicos, pero hagamos que en los colegios del Estado se enseñe un curso de historia de las ideas que no tenga un enfoque religioso.
7. Mantengamos el reconocimiento por defecto de la Iglesia Católica como Iglesia sin necesidad de registro (es, después de todo, un Sujeto de Derecho Internacional).
8. Ofrezcamos estos mismos beneficios al resto de Iglesias que se registren.

Esas son mis propuestas, qué opinas?

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