La educación jurídica[1] en la mayoría de las Universidades peruanas, si es que no en todas, tiene un rasgo particularmente común: forma técnicos legales. Los jóvenes estudiantes de las distintas Facultades de Derecho son adiestrados en la selección de normas y en la aplicación de estas de acuerdo al caso planteado, de manera que estarán preparados para los casos que se les podrían presentar a lo largo de su carrera. En este momento, la Facultad deviene en un laboratorio, en donde se les muestra a los alumnos la fórmula (el trinomio caso-norma-aplicación) que se debe aplicar y luego egresan de estas Facultades creyendo que “saben Derecho” [2]. En este sentido, de acuerdo a esta educación, el egresado aplicará una determinada norma cuando sea pertinente, porque así lo exige la circunstancia. Cuando se trate de otra, evidentemente, aplicará otra norma, o tal vez una sentencia de observancia obligatoria, que en la práctica será como aplicar otra norma más. Y si se cambia la legislación, habrá que acomodarse a la nueva legislación en los casos que prevé. Esto podría darse per secula seculorum. Sin embargo, si de esto se tratara ser abogado, las Facultades de Derecho carecerían de sentido, porque para formarse solo haría falta un instructor que maneje la “técnica” (la elección de la norma a aplicar para el caso concreto) y podríamos obtener “abogados” como si se tratara de una producción industrial.
Cuando hablamos de revolución cultural creo poder hacer una distinción entre dos perspectivas: la cultura como instrumento de la revolución, y la revolución como instrumento de la cultura.
En épocas de la independencia, tanto España como el Perú vivían profundos procesos de cambio político y social. La metrópoli española estaba profundamente debilitada por la crisis económica, por la invasión napoleónica y por el deterioro de un modelo monárquico absolutista que urgía reformas, tanto en Europa como en el nuevo mundo.
Hasta hace poco, la homosexualidad era algo que se consideraba vergonzoso y que se mantenía en reserva. Pocas personas se identificaban a sí mismas como gays o lesbianas a pesar de que la homosexualidad es un fenómeno muy antiguo y que tiene amplio reconocimiento en la cultura occidental. Hasta hoy se discrimina a los homosexuales y, en muchos lugares, se les reprime con la violencia
La “alienación”, para Marx, no tiene nada que ver con la cháchara de moda entre los intelectuales marxistoides de finales del siglo XX. No significaba un sentimiento psicológico, de ansiedad o extrañamiento, del cual podría culparse de alguna forma al capitalismo o de una “represión” cultural o sexual.
Supongo que las historias van cobrando forma en las palabras de quienes las cuentan. También supongo que si las historias no se cuentan, se abre una puerta a que el pasado se torne en una masa difusa de versiones ajenas y contradictorias y que (todas) las verdades pierdan sus colores frente a la indiferencia. Creo que hay algunas historias que tienen que ser contadas.
“Todos los juicios son juicios para la vida de uno, como todas las sentencias son sentencias de muerte, y tres veces lo he intentado. La primera vez dejé la caja de ser arrestado, la segunda vez fui llevado a la casa de la detención, y la tercera pasé a la prisión por dos años. La sociedad como está constituida, no tiene un lugar por mí, no tiene nada qué ofrecer; pero la naturaleza, cuyas dulces lluvias caen sobre justos e injustos de la misma manera, tendrán hendiduras en las rocas donde yo pueda esconderme, y valles secretos en los que pueda llorar sin ser molestado. Ella pasará con las estrellas de tal modo que yo pueda caminar afuera, en la oscuridad, sin tropezar, y enviar el viento sobre mis huellas, así nadie pueda rastrearme a mi dolor: Ella me limpiará en grandes aguas, y con hierbas amargas, hacerme un agujero.”
Como parte de la semana del libro, Enfoque Derecho entrevistó a Ramón Mujica, Director de la Biblioteca Nacional del Perú.
Hace algunas semanas volvió a salir a la luz en la prensa peruana el tema del conflicto que enfrenta a la Argentina con el Reino Unido por la propiedad las Islas Malvinas/Falkland Islands (ambos nombres refieren al mismo territorio, pero se le llama de una u otra forma dependiendo la posición que cada uno tenga al respecto). Ello se debió no sólo a la película sobre Margaret Thatcher que hasta hace poco estuvo en cartelera y que le mereció el Oscar a mejor actriz a Meryl Streep –muy buena, se las recomiendo–, sino principalmente a que por esos días le fue requerido a Ban Ki-moon, el Secretario General de la ONU, que actúe como intermediador oficial en el conflicto.
Por: Claudia Danielle Zegarra Pérez Psicóloga Educacional y pre-docente del Departamento de Psicología de la Universidad Católica del Perú. Introducción Los acontecimientos recientes en relación a la intención del Movimiento pro Amnistía y Derechos Fundamentales (MOVADEF) de convertirse en un partido político...

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