Resulta interesante observar que el factor nominal sigue siendo un elemento relevante para la identidad de una marca, pese a que la aceptación depende de factores emocionales y cognitivos que, en nuestra perspectiva, deben ser estudiados por técnicas de investigación neuro-científicas y psico-antropológicas.
¿Por qué las personas ocupadas no se alimentan bien? ¿Por qué los pobres siguen siendo pobres? ¿Por qué las personas que están a dieta no dejan de pensar en comida? ¿Qué tienen en común la persona ocupada, el pobre y la que está a dieta? La respuesta está en las consecuencias psicológicas que se presentan en cualquier experiencia de escasez.
Se acerca el inicio del año escolar y Pedro debe decidir si matriculará a Luis, su hijo de 15 años. Desde afuera – o desde adentro pero con el aire acondicionado a toda potencia para aplacar el calor de febrero – la decisión parece simple. La realidad es más complicada y, para entenderla, Pedro nos invita a ingresar a su cerebro por un momento.
Este post no es político, aunque sí de políticas públicas. Existen muchas razones que explican por qué el actual alcalde de Lima, Luis Castañeda, ganó la última elección. Creo que todas son válidas y ayudan a entender la idiosincrasia de nuestra ciudad. Sin perjuicio de ello, en esta pequeña entrada quisiera abordar una explicación complementaria sobre el tema desde el punto de vista psicológico, enfocándome en la discusión sobre el proceso mental que facilitó a los electores votar por dicho candidato sin sentir la “culpa” de tener que elegir a una persona identificada con la frase “Roba pero hace obra”.
Lo recientemente ocurrido en París despierta en nosotros un debate sobre si la estrategia contra el terrorismo resulta efectiva y sostenible, considerando el peligro que representa dicho fenómeno social para la libertad de expresión y la seguridad que pretenden brindar los Estados democráticos a sus ciudadanos. Sin embargo, en esta oportunidad, queremos ir un paso más atrás o incluso más adelante y analizar los factores psicológicos que integran o recubren el problema de los actos terroristas, así como observar si es que existe algún sesgo cognitivo en cierto sector de la opinión pública, el cual plantea al fanatismo religioso como el único factor u origen que estimula este tipo de violencia.
Han pasado ya unos días desde que acabaron las fiestas, aunque decir “fiestas” quizá sea, hoy en día, solo un decir. Para muchos se trata de solo un momento, de una breve pausa, de unos pocos días que gritan por su espacio en nuestro calendario hecho de días útiles. En nuestra sociedad, pareciera que consideramos inútil a todo tiempo que no esté destinado al crecimiento económico. La Navidad y el año nuevo, ya pasaron. ¿Qué significan estas fiestas? ¿Qué significaron para nosotros? Se trata de fiestas muy antiguas, cargadas de sentido, cuyo poder simbólico está hoy en día en peligro de extinción.
Hace unos meses, un amigo me extendió un artículo de Enfoque Derecho titulado “La nota de participación, el MBTI y la sombra”, escrito por quien fue mi profesor, Fernando del Mastro. Si bien nunca me he encontrado en el otro lado de la relación pedagógica, como alumno siempre he tenido el mal hábito de adoptar una postura crítica y sancionadora respecto de la manera como se maneja en ocasiones el sistema de evaluación. Y dentro de este paradigma juicioso, la “nota de participación” siempre me ha parecido un criterio que no suele recibir la atención que debería. Mi amigo sabía esto, inclusive habíamos tenido un pequeño debate al respecto y por tanto, consideró que era imperativo que yo leyera este artículo dado que el autor compartía la postura que él tan fervientemente defendía.
Si saliste temprano del trabajo para hacer las compras navideñas, pasaste tres horas en el tráfico tratando de llegar a tu centro comercial favorito o si, en general, te atreves a comprarle un regalo a otro ser humano en Navidad, eres un imbécil. O al menos eso es lo que piensa Joel Waldfogel, autor de Scroogenomics.
No, este post no busca defender el tan manoseado argumento de que “el peruano es aspiracional” y que la publicidad sólo responde a lo que la demanda pide. Tampoco busco defender la postura de quienes dicen que Saga Falabella es racista al emitir una publicidad con niñas rubias, porque tampoco estoy de acuerdo con esta idea.
En días en que el Perú es sede y anfitrión de la cumbre internacional más importante sobre el cambio climático, la COP 20, nos tomamos un momento para observar como el consumo puede afectar la sostenibilidad del medio ambiente y si el hecho de mejorar nuestra alimentación (dieta) puede contribuir con el cuidado de nuestro planeta, así como el de nuestra salud. Al respecto, surgen tres grandes preocupaciones globales, la seguridad alimentaria, el cuidado del medio ambiente y la lucha contra la obesidad, en especial, la infantil.

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