El 13 y 14 de abril se celebrará en el Perú la VIII Cumbre de las Américas. En este importante evento se juntarán representantes de los países de América para discutir cuestiones relacionadas al comercio, apoyo mutuo y temas políticos de interés regional. Días atrás, la cancillería peruana retiró formalmente la invitación al gobierno de Venezuela a este evento, basándose principalmente en la Carta Democrática Interamericana, cuyo artículo 19° establece que el rompimiento del orden democrático constituye un “obstáculo insuperable” para que un país participe en la cumbre.

Este hecho ha despertado controversia en la opinión pública no solo del Perú, sino de toda Latinoamérica. MuchoS actores políticos felicitan esta decisión de la cancillería pues, sostienen, se trataría un rechazo a un gobierno antidemocrático. Sin embargo, ¿el impedir la participación de Nicolás Maduro en esta cumbre es la mejor manera de actuar en contra de la situación crítica de Venezuela? ¿No podría ser la opción contraria; es decir, permitir la participación de Maduro, una medida más eficiente? Estas y otras interrogantes serán abordadas en el presente editorial.

La Carta Democrática y la Declaración de la Ciudad de Québec son mecanismos que la Organización de los Estados Americanos (OEA) utiliza para alcanzar su propósito de promover y consolidar la democracia representativa, puesto que reconoce que esta es indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región. Es cierto que en ambas declaraciones se indica que no son bienvenidos a la Cumbre los países que hayan roto el orden democrático y por dicha razón se le estaría negando la participación a Maduro; no obstante, países como Cuba y Honduras, cuyas participaciones en la cumbre también serían incompatibles con este artículo, han sido invitados a participar. Eso no significa que dichas invitaciones sean erradas, por el contrario, muestran una actitud conciliadora por parte los países miembros para reconocer la importancia que tiene el diálogo como un mecanismo democrático para la búsqueda de soluciones. La misma actitud de diálogo que se está teniendo con países como Cuba y Honduras-también criticados por atentados al orden democrático-debería tenerse con Venezuela, más aún considerando su situación actual.

Por otro lado, el negarle la participación al gobernante Venezolano es contraria con la finalidad con la que fue creado el Grupo de Lima. Este se creó en el 2017 con el objetivo de buscar la estabilidad democrática en Venezuela y establecer puentes de diálogo con el gobierno de dicho país para buscar superar la crisis. Si ese fue el objetivo, resulta incoherente que ahora sea el propio grupo el que no permita la participación del gobernante venezolano en la cumbre, cuando esta es una oportunidad para conversar y expresar preocupaciones directamente al gobernante de Venezuela.

Similar finalidad busca la propia Cumbre de las Américas, esta ha sido convocada para expresar ideas de desarrollo, preocupaciones y buscar soluciones en caso de que un país se encuentre en crisis. La Cumbre es un espacio de debate y diálogo; es por ello que debemos tener en cuenta que la presencia de un país en crisis democrática en esta reunión favorece a que se tiendan puentes y se pueda solucionar conjuntamente la situación en la que este se encuentra. De no permitir la participación de un país en estas condiciones en la Cumbre, no estaríamos cumpliendo con el fin de de esta.

A lo que los países miembros deberían apuntar, más bien, es a  generar un espacio de crítica a Nicolás Maduro y el régimen dictatorial venezolano en presencia de este  mismo y frente a los demás líderes. De esta manera sería posible expresar mejor el rechazo de los Estados miembros y la voluntad de generar espacios de conciliación para mejorar la condición de millones de venezolanos. A los países democráticos les conviene que Venezuela participe de la Cumbre dentro de un espacio de debate y crítica.

Actualmente, la única forma de control y fiscalización que tienen los Estados Americanos para evitar actitudes autoritarias en otros Estados es a través de los mecanismos internacionales como la OEA, la Carta Democrática, el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, entre otros. Cuando un gobernante quiere instaurar una dictadura en un país, es muy común que se busque romper justamente con los mecanismos de control democrático, pues estos significan un obstáculo para el establecimiento de una dictadura. Tuvimos una experiencia previa aquí en Perú, cuando Alberto Fujimori intentó desvincularse de la Convención Americana de Derechos Humanos.

En este contexto, podría generarse este riesgo con Venezuela. Sobre la suspensión que se le podría imponer a Venezuela con la aplicación de la Carta Democrática, este tipo de sanciones podrían tener un efecto perjudicial, pues un país como Venezuela que justamente quiere desvincularse de la OEA, no le tomará tanta importancia a dicha suspensión. Por el contrario, el gobierno de Venezuela podría usar estas sanciones como una razón más para desvincularse de la OEA, con lo cual los demás estados y mecanismos perderían cualquier chance de acción. Tampoco podemos descartar la idea de que Nicolás Maduro utilice como excusa la condición de persona no grata otorgada por el Presidente, la cual que le impide participar de la reunión regional, para desvincularse de los mecanismos internacionales de control democrático y con esto agravar la situación del pueblo venezolano.

Por todo lo expuesto, consideramos que una decisión más adecuada frente a la participación de Venezuela en la Cumbre de las Américas es que se le permita a Maduro la entrada al país para que así pueda participar en la misma. Este evento puede ser una verdadera oportunidad para encarar al gobernante venezolano y expresarle las preocupaciones sobre todo lo que sucede en dicho país. La cumbre ha sido creada para expresar ideas, discutir preocupaciones comunes y desarrollar una visión compartida para el desarrollo futuro de la región, ya sea  de carácter social, económico o político. En contextos como este, se necesita que los países busquen cualquier oportunidad para enfrentar y expresar rechazo a quienes rompen el orden democrático. Aislar a Venezuela impediría justamente esta posibilidad.

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