Abner Francisco Casallo Trauco, colaborador de Regulación Racional y estudiante de Derecho de la UNMSM y Economía de la UNAC.

Recientemente, el Gobierno ha propuesto el programa “Renta Joven”, el cual establece un subsidio al alquiler de viviendas por parte de la población joven del país. Sin embargo, cuando uno se pregunta por la justificación de dicha propuesta, como ya se ha señalado en nuestro medio, encontramos con que ella va desde la ayuda para ahorrar una cuota inicial para la compra de una vivienda, hasta el incentivo para promover el acceso a vivienda independiente a sectores de la población compuestos por jóvenes parejas de bajos recursos económicos[1]. Es decir, no hay un objetivo claro en la propuesta.

De hecho, si analizamos un muestreo de la población adulta, más allá de que sea pobre o no pobre, la gente joven (de 18 a 30 años) es una minoría, y si vamos a beneficiar a una minoría debe existir un objetivo o una razón al menos clara (en caso de que efectivamente el proyecto sea para ayudar a jóvenes pobres la pregunta es ¿Cuántos jóvenes pobres hay dentro de este grupo? y ¿acaso no hay otras medidas alternativas?)[2]:

Frente a esto cabe interrogarse si un subsidio al alquiler de viviendas es deseable. Aquí es importante considerar la teoría económica. Esta nos permitirá entender su funcionamiento. Si bien cada subsidio tiene su particularidad, desde el lado de los productores, en un modelo básico, este tiene el siguiente esquema:

En la imagen adjunta se muestra el precio del subsidio que es el precio que recibe el productor menos el precio que paga el consumidor (ambos distintos al precio del equilibrio). Dicho subsidio genera un incremento en el excedente del productor u ofertante (área del color azulado)  y del consumidor o demandante (área del color rojizo). Estos mayores excedentes, sin embargo, no son gratuitos, generan un costo al Estado que viene representado por el rectángulo de tres colores (precio del subsidio por la cantidad). Como se muestra, el triángulo verde queda como pérdida social, en tanto que el Estado gasta más de lo que beneficia a los ofertantes y demandantes.

Cabe enfatizar que esta pérdida social es independiente de si el subsidio se da a los ofertantes o demandantes, el proceso de explicación varia ligeramente, pero el resultado es el mismo[3]. En efecto, este modelo microeconómico básico nos ayuda a entender que el Estado no puede gastar por gastar. Los subsidios deben ser tratados cautelosamente. Si vamos a generar ineficiencias sociales debe de ser en sectores estratégicos; sectores en los que de verdad se precisa ayuda. Asimismo, vale añadir que este tipo de medidas incrementa el déficit fiscal generando un menor ahorro del gobierno y, por lo tanto, menor posibilidad de inversión pública, otro problema más.

Ahora bien, es evidente que, desde un punto de vista económico, el tema da para más. Se podría analizar el efecto que tendrá el subsidio en los precios, tasa de interés, producción, etc. Sin embargo, para fines de nuestro escrito, lo importante es considerar que los subsidios deben ser tratados de forma inteligente. No se puede subsidiar sin una buena razón o justificación para hacerlo. Es importante resaltar que toda acción del estado tiene un costo de oportunidad. El dinero destinado al programa de “Renta Joven” deja de ser dinero que podría destinarse a ayudar a los niños de las zonas alejadas del Perú o a combatir la desnutrición, entre otra infinidad de necesidades urgentes en nuestro país.

¿Y si subsidiamos el consumo de televisores?, ¿O el consumo de vestimentas? Evidentemente ello sería absurdo, ¿y si subsidiamos el alquiler de viviendas a jóvenes? Si sumamos la ausencia de un objetivo claro a las ineficiencias económicas que esto conlleva definitivamente parece ser una medida poco deseable. Asimismo, si tomamos en cuenta las prioridades del gobierno como son el uso eficiente del fisco, evitar la saturación de los servicios públicos, congestión vehicular, etc., ¿acaso no es contradictoria la medida? Efectivamente, de alguna forma, la presente propuesta termina yendo en contra de tales prioridades.

¿Por qué entonces el gobierno la promueve? Si técnicamente no es correcta, probablemente estemos ante otro clásico ejemplo de maximización de votos.


Fuente de la imagen: http://expertoenderecho.blogspot.com/2011/02/ley-reguladora-del-regimen-de.html

[1] MIRANDA, Jorge. Renta Joven: ¿Qué debe subsidiarse? Revisado el 26/05/2018 en: https://gestion.pe/opinion/renta-joven-debe-subsidiarse-234188

[2] El cuadro fue realizado con Stata a partir de un muestreo del ENAHO- 2017 (módulo 2).

[3] Desde el lado del consumidor se simula un desplazamiento de la demanda y no de la oferta, pero el efecto sigue siendo prácticamente el mismo: pérdida social.

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Análisis Regulatorio se publica en colaboración con la asociación Regulación Racional, dirigida por Oscar Sumar, profesor de calidad regulatoria con un doctorado en UC Berkeley. En este blog, se realizará el análisis de regulación o políticas públicas, basándose en la teoría económica y en la evidencia empírica. ¡No te lo pierdas!

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