Por Daniel Masnjak, estudiante de la Facultad de Derecho de la PUCP y miembro de la Editorial Jurídica THĒMIS

En el año 2012, tres años antes de que la Corte Suprema de Estados Unidos decidiera el caso Obergefell et al. v. Hodges, director, Ohio Department of Health, et al. sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, una pareja acudió a una pastelería en Colorado para ordenar un pastel de bodas. Jack Phillips, dueño de Masterpiece Cakeshop, Ltd., les indicó que no podía hacer el pastel debido a que concibe el matrimonio como la unión sagrada entre un hombre y una mujer, reflejo de la unión de Jesús y su Iglesia[1]. La pareja llevó el caso a los órganos administrativos de Colorado para que investiguen la presunta violación de las normas del Estado contra la discriminación.

El procedimiento terminó con una decisión adversa para la pastelería. Se le declaró culpable de violar la Colorado Anti Discrimination Act y se ordenó que haga pasteles de bodas para cualquier pareja, teniendo además que enviar, durante dos años, reportes trimestrales de todos los servicios que denegase. Phillips llevó el caso a las cortes, argumentando que la decisión violaba las cláusulas de libertad de expresión y libre ejercicio de la religión de la Primera Enmienda de la Constitución americana. El pasado 4 de junio, la Corte Suprema se pronunció a su favor en última instancia.

La tensión entre la redefinición del matrimonio y las libertades de quienes se han opuesto a ella es materia de discusión desde hace un tiempo. La propia sentencia del caso Obergefell, en la cual Corte Suprema ordenó la redefinición en todos los Estados, cuidó de señalar que “la Primera Enmienda asegura que las organizaciones y personas religiosas reciban debida protección al buscar enseñar principios que son tan importantes y centrales para su vida y fe[2]. Sin embargo, en su opinión disidente, el juez Samuel Alito criticó que “la mayoría [de la Corte] compara las leyes del matrimonio tradicional con leyes que negaban igualdad de trato a los afroamericanos y las mujeres. […] Las implicancias de esta analogía serán explotadas por aquellos dispuestos a eliminar cualquier rezago de disidencia.”[3]

Esta tensión subyacía al caso Masterpiece Cakeshop. ¿Puede un chef pastelero negarse a hacer un pastel celebrando una boda entre personas del mismo sexo? Para quienes conocieron el caso en vía administrativa, la respuesta era no. Las transcripciones de las audiencias revelan que los miembros de la comisión encargada llegaron incluso a sostener que Jack Phillips utilizaba su fe como fachada para encubrir su odio hacia un grupo vulnerable, llegando incluso a compararlo con defensores de la esclavitud y el holocausto.[4]

Para la de defensa de Phillips, él simplemente había hecho uso de su libertad de expresión. Según explicaron, esta no solo abarca el poder opinar libremente, sin ser censurado, sino también el no ser obligado a difundir ideas con las que uno no está de acuerdo.[5] Al sancionarlo por no hacer el pastel, la Colorado Civil Rights Commission pretendía forzarlo a difundir un mensaje contra su conciencia, usando sus dones artísticos en el diseño y elaboración del pastel.

Sin embargo, aunque la Corte Suprema falló a favor de Masterpiece Cakeshop, no se pronunció sobre la vulneración a la libertad de expresión. Según explicó el juez Clarence Thomas en su opinión concurrente, esto se debió a que la mayoría no tenía certeza sobre si Phillips se negó a “hacer” el pastel o simplemente a “vender” uno que ya estaba hecho.[6] Por eso, la Corte se concentró en la falta de neutralidad de la administración frente a su fe, evidenciada en la forma en que se trató el caso en vía administrativa.

La comparación con defensores de la esclavitud y el holocausto, por ejemplo, fue considerada una afirmación “inapropiada para una Comisión a cargo de la solemne responsabilidad de una aplicación justa y neutral de la ley anti-discriminación de Colorado – una ley que protege contra la discriminación por motivos religiosos, así como por orientación sexual”.[7] Además, que en el pasado la comisión no considerase discriminatorio denegar pedidos de pasteles contra el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero sí lo hiciera en el escenario opuesto, también fue catalogado como un signo de hostilidad.[8]

La decisión ha dejado más preguntas que respuestas sobre la relación entre las libertades personales y las limitaciones que impone, a su vez, el derecho a no ser discriminado. Se ha criticado, por ejemplo, que la Corte se haya enfocado en los errores procedimentales de los miembros de la comisión, en la forma en que llegó a su conclusión, y no el contenido de esta.[9]

En efecto, la decisión deja esa interrogante. ¿Hubiera cambiado la sentencia si, en lugar de ordenar “hornea el pastel, embustero”, la comisión le hubiera dicho a Phillips “sírvase hornear el pastel, por favor”? El hecho clave parece estar en que, si se trata de vender un bien disponible al público en general o de confeccionar uno nuevo, con determinadas características y mensaje. La discusión no es sobre si uno puede dejar de servir a una persona determinada el mismo café que sirve a todas, sino sobre si alguien está obligado a crear, usando sus dones personales, una obra con un mensaje que no haría para nadie.

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Fuente de la imagen: Alliance Defending Freedom

[1] Brief for petitioners Masterpiece Cakeshop, Ltd. and Jack Phillips. Masterpiece Cakeshop, Ltd.; and Jack C. Phillips v. Colorado Civil Rights Comission, Charlie Craig, and David Mullins. p. 9. En línea: https://www.americanbar.org/content/dam/aba/publications/supreme_court_preview/briefs-2017-2018/16-111-pet.authcheckdam.pdf

[2] Opinion of the Court. Obergefell et al. v. Hodges, Director, Ohio Department of Health, et al. p. 27. En línea: https://www.supremecourt.gov/opinions/14pdf/14-556_3204.pdf Traducción libre

[3] Opinion of Justice Alito. Obergefell et al. v. Hodges, Director, Ohio Department of Health, et al. p. 6. https://www.supremecourt.gov/opinions/14pdf/14-556_3204.pdf Traducción libre.

[4] Opinion of the Court. Masterpiece Cakeshop, Ltd., et al v. Colorado Civil Rights Comission et al. p. 13. En línea: https://www.supremecourt.gov/opinions/17pdf/16-111_j4el.pdf. Traducción libre. “Me gustaría reiterar lo que dije en la audiencia o en la última reunión. La libertad religiosa y la religión han sido usados para justificar todo tipo de discriminación a lo largo de la historia, sea la esclavitud, sea el holocausto […] podemos listar cientos de situaciones en la que la libertad religiosa ha sido usada para justificar la discriminación. Y para mi es una de los más despreciables recursos retóricos que una persona puede usar”.

[5] Brief for petitioners Masterpiece Cakeshop, Ltd. and Jack Phillips. Op. cit. p. 30. Traducción libre. “La doctrina del discurso forzado protege la libertad de cada individuo de decidir qué ideas merecen ser expresadas y a negarse a transmitir ideas contrarias.”

[6] Opinion of Justice Thomas. Masterpiece Cakeshop, Ltd., et al v. Colorado Civil Rights Comission et al. p. 1

[7] Opinion of the Court. Masterpiece Cakeshop, Ltd., et al v. Colorado Civil Rights Comission et al. p. 14. Traducción libre.

[8] Ibid. p. 15

[9] PAUL, Darel. “No victory for religious liberty”. En First Things. 6 de junio de 2018. En línea: https://www.firstthings.com/web-exclusives/2018/06/no-victory-for-religious-liberty

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