Eduardo Ramos, asociado del área de Regulación y Servicios Públicos del estudio Rodrigo, Elías & Medrano Abogados

Según la información del COES, nuestras principales fuentes de energía (matriz energética) son el agua (48%) y el gas natural (45%). En lo que va del año, el suministro de gas natural en nuestro país se ha visto afectado en dos oportunidades (febrero y junio). Ello ha generado que los precios de la electricidad se disparen alcanzando picos de hasta S/. 700 – 800 MW/h (cuando lo normal es S/. 30 MW/h). De otro lado, la disponibilidad de potencia hidroeléctrica disminuye sustancialmente en el periodo de estiaje (junio-octubre) y ello se manifiesta de manera especial en algunas áreas del país.

En este contexto, ¿sabes cuál es el sistema de Seguridad Energética del Perú? ¿Cuáles son sus enigmas y qué herramientas podrían implementarse para descifrarlos? El estudio de dichos enigmas es relevante en este contexto actual y su discusión tiene relevancia para mejorar nuestras normas y política energética. El enfoque de esta publicación no es estudiar (aún) las políticas o normas de  seguridad energética del país, pero sí tener una aproximación a este concepto y a sus enigmas a nivel global.

“Enigma” era el nombre del código secreto utilizado por Alemania para sus comunicaciones militares en la Segunda Guerra Mundial. Los mandos militares alemanes de la época consideraban a Enigma como indescifrable, pues consistía en un funcionamiento complejo de una máquina especial que ofrecía un altísimo número de combinaciones por cada tecla.  El experto en criptoanálisis y matemático británico, Alan Turing, fue el principal responsable de descifrar “Enigma” y con ello se contribuyó enormemente en acortar la guerra. Si bien no es una máquina con un funcionamiento complejo, la “Seguridad Energética” es un concepto que tiene diversos enigmas. Para poder descifrar estos enigmas, los países suelen analizar diversos aspectos asociados con la Seguridad Energética y exploran sus múltiples combinaciones.

Concepto y dimensiones de la Seguridad Energética:

De acuerdo con la International Energy Agency (“IEA”), la Seguridad Energética es “la disponibilidad ininterrumpida de fuentes de energía a un precio asequible”.  La IEA  destaca las siguientes dimensiones de la Seguridad Energética:

1. Corto plazo: capacidad para reaccionar rápidamente a cambios repentinos en el equilibrio entre la oferta y la demanda a lo largo de toda la cadena de energía. Relacionados con esta dimensión se encuentra: (i) la falta de disponibilidad física de la energía; o, (ii) los precios volátiles o no competitivo.

2. Largo plazo: evalúa las inversiones necesarias y oportunas para suministrar a los países, en armonía con su  desarrollo económico y sostenible.

3. Seguridad de la “demanda”: enfocada en los “países productores” cuya preocupación es garantizar la seguridad de sus exportaciones de energía. Estos países buscarán garantizar el control sobre los recursos estratégicos y tomar el control sobre los principales oleoductos y las rutas marítimas (principales puntos de tránsito) a través de los cuales los productos son transportados. Según los Reportes de la IEA, más de la mitad de la demanda mundial de petróleo al 4Q 2017) se transporta diariamente por mar. El “Estrecho de Hormuz” es la arteria más importante ya que por éste se transportan 17 MMBPD aproximadamente, lo cual representa el 35% del comercio marítimo y el 20% de la demanda mundial. La mayoría del crudo exportado desde Arabia Saudita, Irán, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak pasa por ese estrecho. También es la ruta para casi todo el LNG exportado por Qatar. Por tanto, cualquier conflicto en esa zona tiene un impacto geopolítico significativo.

4. Seguridad de la “oferta”: enfocada en los “países consumidores” que buscarán suministros de energía a precios asequibles. Se toman en  consideración aspectos como: (i) el impacto de la volatilidad de los precios del petróleo en su balanza comercial; y, (ii) la dependencia o autonomía de los recursos energéticos importados (por ejemplo, la relación de dependencia existente entre la Unión Europea (UE) (demanda) y Rusia (oferta)).

Como podrá apreciarse, cada país podrá interpretar el concepto de Seguridad Energética y sus dimensiones de manera particular. Consiguientemente, en la tarea de formulación de las políticas energéticas de un país suelen presentarse enfoques divergentes basados ​​en el papel de los Estados (países consumidores, de tránsito o productores). Sin embargo, cualquiera que sea el enfoque en cuestión, los legisladores y políticos (policy-makers) suelen además consideran razones estratégicas como la seguridad geopolítica, el desarrollo económico y la estabilidad política al momento de desarrollar los sistemas de  Seguridad Energética.

El sistema de Seguridad Energética actual y sus características:

Dependiendo de su rol dentro de la cadena de valor energética (producción, tránsito o consumo) y de sus intereses estratégicos (seguridad nacional u objetivos económicos), los Estados han adoptado diferentes orientaciones (“mercado” versus “intervención estatal”) hacia la Seguridad Energética. Ello, naturalmente, ha desencadenado diferentes interpretaciones y el establecimiento de políticas de Seguridad Energética, que en conjunto forma un Sistema de Seguridad Energética.

Actualmente, el referido Sistema de Seguridad Energética está compuesto por subsistemas que fueron creados en diferentes momentos por: (i) países productores (Organización de Países Exportadores de Petróleo – OPEP), (ii) países o naciones consumidoras (IEA); y (iii) bloques económicos regionales como el derivado del Energy Charter Treaty – ECT, suscrito por los estados miembros de la Unión Europea y otros países occidentales en un intento de impulsar la cooperación Oeste-Este después de la Guerra Fría. En función de quién es el ente creador y el momento de creación del subsistema es evidente que cada uno es un instrumento legal muy especial y diferente.

Si bien no es nuestra intención explicar detalladamente cada uno de estos sistemas legales, sucintamente podría señalarse que la OPEP (1960) y la IEA (1974) se ocupan principalmente de un “lado” de la cadena energética (oferta o demanda). Además, centran sus políticas en el petróleo crudo y sus subproductos al ser la fuente energía que dominaba en el momento de su establecimiento. A su turno, el ETC aborda toda la cadena de energía (suministro, transporte y  demanda) y cubre todo tipo de fuentes de energía y equipos relacionados (petróleo, gas y electricidad).

Los desafíos de la Seguridad Energética: Hacia un nuevo paradigma:

Nuevos desafíos geopolíticos, medioambientales y económicos ciertamente obligan a repensar el Sistema de Seguridad Energética existente. La experiencia nos muestra que la Seguridad Energética va más allá del petrolero, su estabilización de precios o herramientas para activar en caso de interrupciones severas (stocks o reservas). La Seguridad Energética es un criatura más compleja que debe extenderse a los siguientes productos: (i) el gas natural (cuyo consumo es bastante considerable y es el sustituto natural del petróleo en el futuro), (ii) el LGN (que puede mitigar en cierta medida los problemas que surgen de las tensiones geopolíticas relacionadas con ductos transfronterizos), (iii) la electricidad (cuya importancia es doble como fuente de energía de los consumidores como de la infraestructura requerida para obtener productos derivados de los hidrocarburos (refinerías); y, (iv) las recursos energéticos renovables (para cumplir objetivos de reducción del calentamiento global).

De otro lado, la Seguridad Energética enfrente nuevos desafíos derivados de: (i) tensiones geopolíticas (por ejemplo, Rusia y la UE en el tránsito de gas), (ii) el desarrollo de la tecnología que permite (y permitirá) explotar recursos considerados “no comerciales” (e.g. lo que ocurrió con el “fracking”); (iii) el continuo crecimiento de la demanda de energía en China, India y otros países en desarrollo; (iv) ataques terroristas contra la infraestructura energética y otros desastres naturales que puedan afectarla negativamente (incluido ataques a los sistemas operativos); y, (v) el crecimiento de la conciencia ambiental relacionada con el calentamiento global, entre otros.

Todos los factores antes mencionados deben ser considerados para desarrollar un Sistema de Seguridad Energética, en función de la realidad de económica de cada país. No cabe duda que un sistema sólido de Seguridad Energética generará la confiabilidad y el entorno político y económico requerido para atraer inversión extranjera para desarrollar o mejorar la infraestructura energética.  En esta tarea de crear un nuevo paradigma de Seguridad Energética, Daniel Yerguin (Asegurando la Seguridad Energética (2006)) observa los siguientes principios que son bastante ilustrativos: (i) la diversificación de las fuentes de suministro: es decir, centrándonos no sólo en el petróleo sino también en gas, electricidad, LNG y las energías renovables recurso de energía renovable); (ii) la resilencia del sistema: creando un “margen de seguridad” que proporcione un amortiguador contra los shocks y la recuperación de las instalaciones después de interrupciones (el almacenamiento es una medida, pero se complementaría con instalaciones estratégicas destinadas a respaldar y almacenar los recursos energéticos a lo largo de la cadena de suministro ); (iii) el reconocimiento de la realidad de la integración: la Seguridad Energética debe además formularse con miras a alcanzar una esfera “global” (en lugar de regional o estatal); y, (iv) la revelación de información relevante: los Estados deberían comprometerse a compartir información de alta calidad para crear planes de acción armonizados contra posibles interrupciones del suministro de energía.

Perú: Para hacer un análisis acertado de nuestra normativa/política energética, nuestras autoridades deberían tener en cuenta los siguientes factores y sus múltiples combinaciones en función de objetivos claros y estratégicos: (i) la fuente energética: convencional (gas o diesel) o no convencional (agua, viento, sol, biomasa, entre otras); (ii) la temporalidad de las medidas implementadas (o a implementar) para alcanzar los objetivos (corto, mediano o largo plazo); (iii) la aproximación de dichas medidas: (A)  si está basado en un “intervencionismo” estatal (no recomendable) o si se deja a criterios de mercado, o (B) si se centra en la oferta de energía (e.g. políticas o subsidios que fomenten la producción o generación de energía) o en la demanda de energía (políticas que fomenten la eficiencia energética y autogeneración).

El estudio de la normativa y política energética de un país requiere de mucho esfuerzo y trabajo en donde se integre y escuche la voz de los agentes del sector. Si bien nuestro enfoque no es ahondar en dicho estudio, podemos adelantar que nuestro sistema de seguridad energética debe ser repensado sobre todo en el contexto de las principales fuentes energéticas como se ha visto. En consonancia con lo anterior, podríamos sostener que nuestro sistema de seguridad energética sigue la ley del infortunio (Ley Murphy); es decir, lo único cierto es que (así como está) fallará en algún momento.

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