El uso de las firmas electrónicas en tiempos de coronavirus

La autora propone la firma digital como un medio de poder continuar con el tráfico jurídico y económico, a raíz de la pandemia del Covid-19, diferenciandola de una firma electrónica y una firma digitalizada.

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Por Grecia Zorrilla Garay, estudiante de la Facultad de Derecho de la PUCP y asociada extraordinaria de Themis

En pleno siglo XXI, el uso de la tecnología y medios electrónicos es cada vez más necesario para nuestra vida cotidiana. Sin embargo, sorprende que aún continuemos usando la firma manuscrita para suscribir contratos y, como consecuencia, generar derechos y obligaciones. Así, en tiempos de coronavirus, en donde ya no estamos en la posibilidad de firmar documentos de manera presencial, surge una necesidad inevitable de utilizar la firma electrónica y/o digital para poder continuar, en la medida de lo posible, con el tráfico jurídico y económico.

Ante esta urgencia del uso de mecanismos electrónicos y/o digitales, surgen interrogantes tales como ¿qué es una firma electrónica? ¿qué es una firma digital? ¿Estas firman generan alguna vinculación legal? ¿Puede una firma escrita escaneada tener la misma validez que una firma escrita?

Para dar respuesta a estas preguntas, es necesario remitirnos a la Ley N° 27269, Ley de Firmas y Certificados Digitales (en adelante, la “Ley”), la cual tiene como objeto regular la utilización de la firma electrónica otorgándole la misma validez y eficacia jurídica que el uso de una firma manuscrita.

Por un lado, en esta normativa se define a la “firma electrónica” como cualquier símbolo basado en medios electrónicos utilizado o adoptado por una parte con la intención precisa de vincularse o autenticar un documento cumpliendo todas o algunas de las funciones características de una firma manuscrita. Sin embargo, con la sola firma electrónica no se presumen las siguientes características propias de una firma manuscrita:

  • Autenticidad: la firma corresponde a quien dice ser el autor
  • Integridad: la firma no se haya visto alterada; y,
  • No repudio: no se puede negar de dicha firma.

En otras palabras, con la sola firma electrónica no se tiene la seguridad de que esa firma corresponda a quien dice ser el autor, no hay ninguna garantía de que dicha firma no se haya visto alterada y el autor puede repudiarla (negarla).

Por otro lado, la “firma digital” es aquella firma electrónica que utiliza una técnica criptográfica asimétrica basada en un par de claves únicas, asociadas a una clave privada y una clave pública relacionadas matemáticamente entre sí. En este caso, hay un valor numérico que se le asigna al mensaje de datos y, por ende, se otorga una mayor certeza de la firma.

Para que una persona pueda ser titular de una firma digital es necesario que se le otorgue un certificado digital, el cual es un documento electrónico generado y firmado digitalmente por una entidad de certificación, la cual vincula un par de claves con una persona determinada confirmando su identidad.

Respecto al certificado digital, este contiene lo siguiente: (i) datos que identifiquen indubitablemente al suscriptor; (ii) datos que identifiquen a la Entidad de Certificación; (iii) La clave pública; (iv) la metodología para verificar la firma digital del suscriptor impuesta a un mensaje de datos; (v) número de serie de certificado; (vi) vigencia de certificado; y, (vi) firma digital de la entidad de certificación.

Debido a que el contenido del certificado digital[1]es tan completo respecto a la información del autor de la firma, con este tipo de firma sí se puede dar certeza de la autenticidad, integridad y del no repudio de la misma; es decir, se cumplirá con las mismas características de la firma manuscrita y, por ende, tendrá la misma validez legal.

Precisado lo anterior, se debe indicar que la firma digital no es lo mismo que una “firma digitalizada”. Esta última es una firma manuscrita y, posteriormente, escaneada con la finalidad de querer generar una validez legal, sin embargo, esto por sí misma no tiene ninguna fuerza vinculante, ya que no se encuentra contemplada en la legislación y no cumple de manera certera con las características de una firma – autenticidad, integridad y no repudio.

Por todo lo señalado previamente, y con ánimos de haber despejado las dudas respecto al tema, concluyo sugiriendo que, si bien la firma digital amerita un costo adicional para poder obtenerla, esta significa una mayor seguridad y certeza a la hora de suscribir contratos, pues es la única que permite dar las mismas características que una firma manuscrita.

La crisis que estamos viviendo puede servir como una oportunidad para poder mejorar y vincularnos con el uso de la tecnología.


[1] Teniendo en cuenta lo anterior, y en vista de la situación actual de emergencia que vive nuestro país, el 18 de marzo, la Comisión de Gestión de la Infraestructura Oficial de la Firma Electrónica (IOFE) del Indecopi ha establecido lineamientos para que los operadores de la IOFE sigan prestando servicios informáticos y facilitando el intercambio de documentos electrónicos con pleno efecto legal. En tal sentido, se ha dispuesto lo siguiente:

  1. Se suspenderá la verificación presencial como condición previa para la emisión de certificados digitales que reemplacen a los expirados.
  2. Para poder emitir un certificado digital y que, efectivamente, se cumpla con la verificación de la persona, tendrá que presentarse ante las entidades de registro algún medio de prueba digital que garantice razonablemente la identidad de una persona natural o jurídica a la que ya previamente se le otorgó un certificado digital.
  • Concluida la vigencia de lo señalado en inciso i y ii, las entidades de registro pertenecientes a la IOFE deberán entregar a la comisión una relación de los certificados digitales que se hayan generado durante este periodo de emergencia, con el objetivo de que posteriormente se lleven a acabo las acciones de verificación y fiscalización.

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