Por César Landa, ex presidente del Tribunal Constitucional y docente de la Facultad de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú

El Estado constitucional se fundó sobre supuestos históricos liberales universales, consensuados en pactos sociales y políticos nacionales, que fueron consagrados en constituciones estatales. Sin embargo, la utopía de un orden de valores basados en la persona humana y el control del poder, inicialmente se vio desfasado de las realidades nacionales con la aparición de la llamada “cuestión social”, que dio lugar a la surgimiento del constitucionalismo económico y social, que gestó el Estado de bienestar, para ahora, enfrentar el desafío global del cambio climático y de las pandemias como el coronavirus que ha paralizado a los Estados y que viene sacudiendo al mundo con decenas de miles de muertos. Ello ha puesto en evidencia la necesidad de refundar el Estado constitucional sobre nuevas bases históricas al largo plazo.

El primer cambio de paradigma del Estado constitucional es que no solo estamos viviendo una situación temporal de anormalidad constitucional, que constituye una excepción al orden constitucional, sino que la crisis se ha convertido en una forma de vida de las sociedades a nivel internacional, para lo cual los Estados -en tanto garantes del interés general- no se encuentran concebidos ni preparados para afrontar estas nuevas situaciones. Es cierto que el clásico Estado de Derecho concibió estados de excepción, pero solo para las graves alteraciones del orden interno, la paz internacional y apenas las catástrofes.

Sin embargo, los fenómenos regulares de la Tierra como los terremotos, heladas, incendios forestales, erupciones volcánicas y eventuales maremotos; los accidentes ambientales provenientes de los derrames de petróleo, contaminación minera de la tierra, el aire y los ríos, contaminación pesquera del mar, tala ilegal de bosques, depredación de especies[1]; los 272 millones de migrantes internacionales en los hemisferios norte y sur del planeta[2]; así como, la aparición de nuevas pandemias, la expansión de nuevas enfermedades y/o la reaparición de algunas que habían sido extinguidas[3], entre otros males, como las permanentes guerras y conflictos locales; pone en evidencia que vivimos en una sociedad en permanente crisis, y que lamentablemente el Estado, la sociedad, la economía, la tecnología y la política convencional no se encuentran preparados para enfrentar tal situación.

La expansión universal de dichos desafíos no han podido ser resueltos por los estrechos marcos del Estado nacional ni del Derecho Internacional (Público, de Derechos Humanos e incluso Humanitario), por cuanto se han fundado en una noción limitada de la soberanía estatal. De allí que los estados de excepción del constitucionalismo no hayan sido suficientes o solo hayan desnudado las debilidades del Estado Constitucional, que con una visión local de sus líderes, muchas veces arbitrarias y discriminatorias, no han podido prevenir los graves daños ni garantizar el bienestar general de las víctimas y sobrevivientes. Ello, en la medida que precisamente, en períodos de graves crisis, los más afectados son las poblaciones más vulnerables, debido a su pobreza o porque son discriminados incluso en épocas de emergencia por ser refugiados y/o por su género, edad, raza, o cualquier otra desventaja.

Por tal motivo, los mencionados riesgos locales, que también son mundiales, deben llevarnos a concebir un nuevo Derecho Constitucional Mundial, que sobrepase la soberanía de los Estados, orientados a revertir dichos desafíos universales, pero sobre nuevas bases de un pacto mundial y local. El mismo requiere partir de una idea de solidaridad internacional y nacional -ya no del individualismo, ni de la soberanía estatal absoluta-, donde la finalidad sea el bien común o bienestar general como fundamento de la felicidad humana, sin sacrificar las libertades políticas. Para ello, la economía debe estar al servicio de las personas, y al servicio de las empresas y los gobiernos. En este entendido, los Estados deben ceder soberanamente competencias a instituciones internacionales que asuman responsabilidades ejecutivas en la solución de los problemas locales que son universales.

No obstante, la gobernanza constitucional mundial requiere no solo garantizar los viejos y nuevos derechos fundamentales universales, sino también financiarlos global y localmente. Para alcanzar ese objetivo, existen suficientes recursos económicos no solo en los países industrializados, para integrar un sistema internacional contributivo de la nueva agenda internacional, a efectos de prevenir y combatir los desafíos contemporáneos que atraviesan los Estados constitucionales, y proteger a los más vulnerables. Sin embargo, “son apenas 26 los multimillonarios que poseen más dinero que los 3.800 millones de personas más pobres del planeta”[4].

Finalmente, el ciudadano del siglo XXI goza de una ciudadanía cosmopolita que contribuye con su producción al actual orden mundial desde sus localidades, frente al cual es necesario sentar las bases de una redistribución de las cargas públicas mundiales porque terremotos, maremotos, contaminación ambiental, pandemias como el coronavirus, que viene diezmando a la humanidad, no conocen de fronteras, soberanías de los Estados, como tampoco diferencia a los líderes locales y mundiales de los simples ciudadanos, ni a los dueños del mundo de los parias de la Tierra.


[1] El Foro Económico Mundial de Davos en su Informe de riesgos mundiales del 2018 destacó que tres de los cinco riesgos mundiales más probables para ese año eran el clima extremo ambiental, los desastres naturales y la incapacidad de mitigar el cambio climático. Ver https://redaccion.lamula.pe/2018/01/23/con-nieve-y-frio-empezo-el-foro-de-davos-corrupcion-desarrollo-sostenible-y-economia-global-son-lostemaspr incipales/ albertoniquen/.

[2] Oficina Internacional de Migración. Reporte Mundial Migratorio 2020. Ver: https://publications.iom.int/ system/files/pdf/wmr_2020.pdf.

[3]Junta de la Vigilancia Mundial de la Preparación (Oficina Mundial de la Salud – Banco Mundial). Un mundo en peligro. Informe anual sobre la preparación mundial para las emergencias sanitarias. https://apps.who.int/gpmb/assets/annual_report/GPMB_Annual_Report_Exec_Summary_Foreword_and_About_Spanish.pdf

[4] Cfr. https://www.infobae.com/america/mundo/2019/06/02/26-personas-tienen-mas-riqueza-que-los-3-800-millones-mas-pobres/272

Fuente de imagen: El Independiente

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