Por María Gracia Cornejo Alcalá, miembro extraordinario de GEOSE

Desde que se propuso, la posibilidad de que se devuelvan anticipadamente los aportes realizados al sistema de seguridad social, es una idea que le quita el sueño a muchos peruanos; de manera que, la madrugada del martes 25 de agosto, los afiliados a ONP recibieron en tiempo real el resultado del debate en el Congreso, en la cual se aprobó devolución de hasta 4,300 soles para los aportantes y ex aportantes[1]. Igualmente, los aportantes a la AFP se encuentran a la expectativa del debate sobre la propuesta, ya aprobada por la Comisión de Defensa del Consumidor, que les permitiría a éstos retirar la totalidad de sus aportes correspondientes.

Éstas piezas normativas se enmarcan en el contexto de pandemia que venimos afrontando desde marzo del presente año; así, las medidas comentadas anteriormente, se han justificado en la necesidad apremiante que ha surgido una gran parte de la población, más que nada la clase trabajadora, ante contingencias como enfermedad y pérdida de puestos de trabajo, recorte de ingresos extra (como rentas o alquileres), etc.

No obstante, la gran acogida de la población sobre éstas medidas de percepción anticipada e individual de sus aportes, que en principio tienen carácter extraordinario pues contravienen la naturaleza de los sistemas pensionarios (colectivos y de percepción a largo plazo); parece evidenciar algo más grande: una crítica sobre cómo se viene manejando, en general, el sistema de las AFP y la ONP. La pregunta que se cae de madura es ¿Por qué? ¿Es en efecto el contexto? O será que la opinión pública ha encontrado tierra fértil para exteriorizar un descontento que se viene sintiendo desde ya hace mucho.

A continuación, evaluaremos el origen social de ésta última posibilidad y plantearemos que, si bien ésta puede verse justificada en las varias contradicciones inherentes al manejo de nuestro sistema de seguridad social, existe un problema anterior y mucho más grave que se encuentra en nosotros mismos y que no nos permite ver la real importancia de contar con un sistema previsional: la falta de cultura en ahorro y/o previsión.

No es extraño imaginarnos que una gran parte de la población, no es que no tenga el deseo o la intención de ahorrar o prever, sino que más bien no tiene la posibilidad de hacerlo; en virtud a que, sus ganancias se traducen en gastos inmediatos, dejando poco o nada de lugar a la formación de un fondo de ahorro, casi el %80 de la PEA se encuentra inmersa en la informalidad y trabaja incluso para cubrir los gastos que se generan en el mismo día.

En ese sentido, si la mayoría de las personas no puede, darle la importancia necesaria a la seguridad social, ni si quiera a nivel individual, veremos que la conciencia de necesidad de un sistema de seguridad social con visión colectiva es menor aún, casi nula. Adicionalmente a ello, es importante recordar que la mayoría de la población no ha sido propiamente educada en el ahorro ni en la previsión.

No obstante, existe otra razón por la cual incluso aquel porcentaje menor que de alguna manera sí considera importante contar con un fondo ante contingencias o para la vejez, considera que, a pesar de todo, un sistema colectivo de aportes no les sería conveniente; por lo que no apuestan por sistemas previsionales.

La causa es el egoísmo, ya sea que proviene de la necesidad urgente de encontrar la mejor vía para tutelar intereses propios; o, más generalmente, de la falta de información sobre las bondades de un sistema previsional colectivo. En efecto, cuando se dice que los mecanismos de la sociedad están regidos bajo la premisa de dar prioridad a ventajas propias, hablamos de una formula diseñada para conducir al desequilibrio que producen déficits sociales.[2]

No obstante, muchos comparten, defienden y practican a nivel personal la idea propuesta por Hans Zacher, de que:

“(…) Una política de seguridad social no puede reemplazar la eficacia de los egoísmos. Por el contrario, cuánto más se desarrolla el derecho a la seguridad social, más aumenta el peligro de que la solidaridad esté bloqueada por la resistencia de aquellos que persiguen intereses propios.

La receta del liberalismo actual consiste en la activación de los egoísmos, extrayendo de ellos las energías que son capaces de crear.

A lo sumo, el Estado debe introducir mecanismos de regulación a fin de dar al esfuerzo personal o a la producción privada de protección social (por ejemplo, por empresas, compañía privadas de seguros) una cierta estabilidad y un mínimo indispensable de coherencia y seguridad.

Entre recurrir a la fuerza de la solidaridad o a la potencialidad del egoísmo, se opta por este último” [3]

Por ello veremos que, otro gran problema, es que las mismas personas que se beneficiarían de un sistema de seguridad social integrado y bien implementado no tienen instaurado un sentido de solidaridad, característico de un sistema previsional, necesario para que los aportantes puedan acceder equitativamente a servicios, económicos y prestacionales de calidad (necesarios, pero, que también se adecuen a sus necesidades específicas). Y que, incluso si estuvieran debidamente informados sobre las ventajas que podrían aportar sistemas colectivos de seguridad social, esta visión de priorizar intereses propios termina pesando mucho más en la balanza.

Sin embargo, somos enfáticos en resaltar que, la seguridad social no solo es más efectiva, y eficiente a largo plazo que la potencialidad de los egoísmos, sino que refuerza un valor filantrópico que, últimamente se viene olvidando; y que, en palabras de Americo Plá Rodríguez materializa la “lealtad al espíritu de la institución” [4], siempre y cuando logre interiorizarse en la cultura de la población de manera real y temprana, pues de esa manera se vuele permanente.

En ese sentido, cuando hablamos de un problema de la seguridad social, que es anterior y más grave nos referimos a la falta de solidaridad que tenemos como población, que no nos permite formar una debida cultura de seguridad social, elemento crucial para implementar bien un sistema de gestión del éste.

Y a nivel de bienestar social ¿Por qué resultaría importante, más aún, necesario, insertar en la población una cultura de seguridad social?

En primer lugar, y desde el punto de vista tradicional de la seguridad social, tener una cultura de ahorro a lo largo de todo el periodo laboralmente activo es necesario en virtud a que la juventud y adultez es el momento en que la población tiene su mayor rendimiento económico. No obstante, es innegable que todos llegaremos a una edad de jubilación, en la cual deberíamos ser capaces de tomar la decisión de dejar de trabajar, manteniendo, sin perjuicio de ello la calidad de vida que llevamos.

De la misma manera, a lo largo de nuestra vida existen constantes riesgos (accidentes, enfermedades), por ello, también resulta necesario que, frente a la posibilidad del acaecimiento de uno de ellos, contemos con un back up que compense dicha paralización, temporal o permanente. Incluso para el fallecimiento, la seguridad social brinda una solución a manera de indemnización a los deudos de aquella persona que, al haber hecho aportes, ha asegurado a los beneficiarios que dependen del trabajo del fallecido.

Sobre el riesgo,

“Un hombre aislado enfrentado con distintos grados de riesgo asociado a las diferentes formas de utilizar su trabajo y su capital, está limitado, a (3) tres modos de comportamiento posible. Puede evitar la incertidumbre peculiar a una forma específica de actividad industrial permaneciendo fuera de la industria; puede reducir el grado de incertidumbre adoptando artificios que hagan menos probable el acaecimiento de la pérdida; o puede, finalmente, asumir el riesgo y sufrir la incertidumbre que lo acompaña.[5]

Al igual que Vicente, Achurra y Quílez, consideramos que, a efectos de mantener la calidad de vida que llevamos, y frente al predicamento que implica vivir en una sociedad con riesgos, debemos decantarnos por “combinar el segundo y tercer método eliminando parcialmente el riesgo con medidas preventivas y asumir el resto.” [6]

En ese sentido, descartada la evitación, si optamos por vivir y relacionarnos en sociedad, mediante la prevención y asunción de los riesgos podemos un sistema que definitivamente nos haría sentir más seguros es el de distribuir los riesgos; de manera que, no solo uno soporte éste, sino que lo hagamos todos a prorrata, y como contrapartida, que logremos beneficiarnos también en situaciones favorables.

Por ello, resulta altamente ventajoso formar parte de un sistema de seguridad social; puesto que, ante cualquier tipo de contingencia derivada del riesgo, la fuerza de aportes colectivos, organizados y bien administrados, sin duda lograrán más que reservar celosamente ahorros debajo del colchón, que podrían terminar siendo insuficientes si nos toca soportar una situación incierta y futura de gran magnitud.

Es innegable que, en la actualidad la opinión pública rechaza el aporte a un sistema de pensiones o de seguridad social, apoyando más bien la opinión de que preferirían percibir sus ingresos netos o íntegros en el momento en que los generan o ante contingencias solo cuando y si las llegan a necesitar.

Sin embargo, es igual de cierto que la mayoría de la gente acepta que no tiene conocimientos básicos de gestión de sus propios ahorros, ni la intención de prever. Esta contradicción denota una clara infravaloración del gran poder que implica tener un fondo asegurado para la vejez o ante la posible ocurrencia de contingencias; problemas que, si no logran ser atendidos por los particulares posteriormente pasarán a la administración, quien, lejos de aportar soluciones, termina colapsando o desprotegiendo a un vasto sector.

Por ello ya sea por interés propio o social, resulta crucial investigar sobre las formas en que puede lograrse en la población la interiorización de una cultura de seguridad social, porque dado que la mayoría de los ciudadanos afronta riesgos diariamente, un sistema de repartición de riesgos, minimiza el impacto de éstos y asegura su mejor aguante cuando es soportado colectivamente.

Por lo cual, consideramos que, políticas públicas dirigidas a crear, preservar e incentivar constantemente una cultura de seguridad social en la población es un must; en efecto, nuestra propuesta apunta a que una cultura de seguridad social debe ser promocionada y lograda por su alto nivel de conveniencia para la población y respeto por la naturaleza de la institución.

Asimismo, mediante acciones positivas y concretas, nos permitimos dar algunos ejemplos y/o sugerencias:

  1. Que una cultura de ahorro temprana bien implementada conlleve necesariamente una constante educación sobre cómo administrar correctamente los ingresos con los que se cuenta; de manera que, después de la jubilación, esta habilidad adquirida se traduciría en el poder gestionar sus fondos correctamente para mantener un estilo de vida decente con las pensiones que se perciben. En lugar de lo que sucede actualmente, cuando la mayoría de personas prontas a jubilarse agota sus ahorros casi instantáneamente, en lugar de dosificarlos a lo largo de su vejez.
  2. Se reforme de manera que el sistema de seguridad social nacional se vuelva un sistema en que el aporte que no afectaría el nivel ni la continuidad del estilo de vida del aportante. Esto implicaría una medida promocional de la seguridad social conformada por únicamente una serie de aportes que sí deberían ser estrictamente obligatorios y constantes, pero mínimos en comparación al monto que perciben por su actividad económica, de manera que pasen desapercibidos. Es decir, apostar por un modelo tripartito que incluya al Estado, al aportante y al empleador, en conjunción con lo dispuesto por la valla internacional que sienta la OIT
  3. Se implementen políticas públicas y privadas para mejorar la calidad de vida en (4) sectores 1) en todas las etapas de la persona, no solo la vejez, 2) en todos los ámbitos prestacionales, no solo salud sino por ejemplo educación, cultura, inclusión social, empleabilidad, 3) que incluyan también los sistemas de cuidados en el hogar y el trabajo independiente. y 4) en todas las modalidades, económicas y prestacionales. En efecto, romper el esquema finalista tradicional que solo considera el trabajo dependiente y de escritorio.
  4. Se promueva desde los ejercicios de laboralidad y formación laborar más tempranos (por ejemplo: incluyendo prácticas pre y profesionales), pues si no se tiene una conciencia de ahorro desde los comienzos de la actividad laboral, el periodo de aportes se reduce, lo cual afecta proporcionalmente al monto final del ahorro llegado el momento de la jubilación. Pero también desde los colegios y la educación primaria y secundaria con el fin de que resulte natural inclinarse por formar parte del sistema de seguridad social.

Asimismo, teniendo como base la definición aportada por Alvaro Vidal sobre lo que implicaría una correcta implementación de cultura en seguridad social

“ (…) implica que el desarrollo de una estrategia de promoción de cultura en seguridad social, debe combinar procesos educativos formales con mecanismos informales de representación cultural, los que deberán comprender además de la incorporación de contenidos en la educación regular, la difusión en medios de comunicación masivos y el uso de recursos tecnológicos y audiovisuales” [7]

Actualmente, las medidas legislativas, especialmente en materia de seguridad social, vienen reflejando el sentir urgente de la población de disponer de sus fondos inmediatamente. Sin embargo, casi nadie se ha puesto a reflexionar en el contexto actual de pandemia, aún vigente; en qué sucederá más adelante; o en la forma en que están gestionando los aportes de los que dispondrán anticipadamente.

Asimismo, parece que hemos olvidado que los fondos, que parecen salvarnos ahora, vienen de una historia de aportes constantes y obligatorios; en ese sentido, ¿estamos listos para quemar todas las balas ahora? Consideramos que la respuesta sería distinta si existiera una real cultura de seguridad social en la población, que ve más allá y le otorga un lugar importante a los objetivos de largo plazo y que nos educa en cómo gestionar nuestros ahorros desde jóvenes; así de cómo hacer uso de las prestaciones asistenciales, producto de un sistema colectivo y solidario, imposible de lograr bajo una perspectiva de percepción individual y egoísta.

BIBLIOGRAFÍA

CAYÓN DE LAS CUEVA. Joaquín. Construyendo la salud como derecho autónomo: conexidad constitucional, democracia sanitaria y health literacy. En Derecho fundamental a la salud: ¿nuevos escenarios? Universidad Nacional de Colombia

CEPAL. Envejecimiento en América Latina. Sistemas de pensiones y protección social integral. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Santiago de Chile, noviembre de 2010. Antonio Prado y Ana Sojo

DURÁN, Diana. El derecho a la salud y la participación ciudadana. En Derecho fundamental a la salud: ¿nuevos escenarios? Universidad Nacional de Colombia

OIT. Informe de diagnóstico de cultura en seguridad social. Abril de 2016. Alvaro Vidal, colaborador externo.

PLÁ, Americo. Sin solidaridad no puede haber seguridad social. En revista Derecho Laboral T. XLI N° 190° (abril-junio 1998)

VICENTE, ACHURRA Y QUÍLEZ. Técnicas actuariales y financieras de la Previsión Social. Master en dirección y gestión de los sist. de seguridad social. Tema 1: El riesgo. Forma de afrontar el riesgo. Previsión Social. Organización Iberoamericana de Seguridad Social. Universidad de Alcalá


[1] Ley que establece un régimen especial, facultativo, de devolución de los aportes para los aportantes activos e inactivos al decreto Ley 19990 administrado por la Oficina de Normalización Previsional (ONP)

[2] “Le role respectif de service public et de riniciative privée dans la politique de securité sociale” Ponencia oficial presentada al Congreso Europeo de Derecho del Trabajo. París. 1989.

[3] Ídem

[4] “Sin Solidaridad no puede haber seguridad social”. Revista de Derecho Laboral T, XLI, N° 190 (abril – junio 1998). Pág 214.

[5] Vicente, Achurra y Quílez. Técnicas actuariales y financieras de la Previsión Social. Master en dirección y gestión de los sist. de seguridad social. Tema 1: El riesgo. Forma de afrontar el riesgo. Previsión Social. Organización Iberoamericana de Seguridad Social. Universidad de Alcalá. Pág 9.

[6] Ídem. Pág 9.

[7] OIT. Informe de diagnóstico de cultura en seguridad social. Abril de 2016. Alvaro Vidal, colaborador externo.

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