Por José Luis Pérez Triviño, profesor titular de Filosofía del Derecho de la Universidad Pompeu Fabra y director de la revista Fair Play – Filosofía, Ética y Derecho del Deporte.

En esta primera entrega del blog Fair Play, Enfoque Derecho entrevistó a José Luis Pérez con la finalidad de analizar la reacción jurídica y herramientas legales existentes frente a casos de racismo y discriminación en el fútbol. Ello, especialmente, desde una mirada del Derecho Europeo.

ED: Frente a un caso de discriminación, ¿corresponde un procedimiento administrativo o proceso judicial?

JP: La respuesta no es fácil dado que no todos los países tienen la misma regulación para este tipo de supuestos. Por otro lado, también sería oportuno aclarar si nos estamos refiriendo a un caso de racismo llevado a cabo por un jugador contra otro -o contra el árbitro- durante el transcurso de un partido de fútbol o por los aficionados desde la grada cuando emiten cánticos o insultos vejatorios. Las tres situaciones plantean aristas diferentes. Por cierto, la pregunta también es indeterminada en el sentido de que habría que diferenciar entre partidos en competiciones nacionales y partidos en competiciones internacionales. En el caso europeo, las organizadas por la UEFA, en cuyo caso se aplicaría la normativa disciplinaria de este último organismo.

En el caso español, la normativa aplicable en el fútbol puede ser deportiva, administrativa o penal. La primera corresponde a las propias entidades deportivas, y en el caso del fútbol, a la Real Federación Española de Fútbol a través de su Código Disciplinario. Así, en el terreno de juego, el árbitro puede sancionar a un jugador si lleva a cabo algún tipo de proferencia o actuación “ofensiva”.

En el caso de que las manifestaciones provengan del público en el estadio, resulta de aplicación el artículo 15 del Código Disciplinario de la Real Federación Española de Fútbol.

“1. Cuando con ocasión de un partido se altere el orden, se menoscabe o ponga en peligro la integridad física de los árbitros, jugadores, técnicos o personas en general, se causen daños materiales o lesiones, se produzca invasión del terreno de juego, se exhiban símbolos o se profieran cánticos o insultos violentos, racistas, xenófobos o intolerantes, o se perturbe notoriamente el normal desarrollo del encuentro, incurrirá en responsabilidad el club organizador del mismo, salvo que acredite el cumplimiento diligente de sus obligaciones y la adopción de las medidas de prevención exigidas por la legislación deportiva para evitar tales hechos o mitigar su gravedad.”

Como se puede observar, rige una responsabilidad objetiva atribuible al club organizador. Recientemente en España, el árbitro suspendió el partido de Segunda División entre el Rayo Vallecano contra el Albacete debido a que una parte del público dirigía al jugador visitante, R. Zozulya insultos en los que se le calificaba de nazi.  Curiosamente, si fuera el caso de que quien organizara el partido fuera la misma RFEF, por ejemplo, un partido de la Copa del Rey, la sanción recaería sobre ella misma.

Por otro lado, está la regulación administrativa vigente en la la Ley 19/2007, de 11 de julio, contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, la cual establece como órgano competente para evaluar los comportamientos y establecer sanciones a la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte. El artículo 2 de dicha ley establece sanciones para los actos racistas, xenófobos o intolerantes en el deporte. Las sanciones económicas oscilarán entre los 150 euros y los 650.000 euros, según sea leve, grave o muy grave. Pero según la gravedad de las infracciones también pueden imponerse: a) inhabilitación para organizar espectáculos deportivos; b) cierre de gradas; c) trabajos sociales; d) prohibición acceso a recintos deportivos

El artículo 25 del Código Disciplinario de la RFEF establece que los órganos de disciplina federativos estarán obligados a comunicar a la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte.

Por último, está la legislación penal. El artículo 510.1 del Código Penal español establece que “serán castigados con una pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a doce meses:

Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad”.

Sin embargo, como ha ocurrido con las agresiones violentas en el terreno de juego deportiva, estás  actuaciones no suelen denunciarse apelando a la permivisidad histórica en el deporte respecto de este tipo de proferencias. No obstante, en interesante señalar interesante y promisoria la sentencia (nº 83/2018) de un juzgado de lo penal de Zaragoza, que califica los insultos dirigidos por un aficionado a un joven árbitro de color -«negro, negrito, negro de mierda, me cago en tu raza, vete al desierto que es donde tienes que estar”- como lesivos de la dignidad humana en tanto humillación, menosprecio o descrédito de grupos o personas. En la medida que tal valor constitucional está protegido penalmente en el artículo 510-2 a) del Código Penal vigente desde la última reforma de 2015, la sanción jurídica que imputa el juez al autor de tales vejaciones es la condena a nueve meses de prisión, además de multa y cuatro años de inhabilitación especial para profesión u oficio educativos, en el ámbito docente, deportivo y de tiempo libre.

Esta sentencia novedosa puede marcar un hito al enfocar la sanción de la violencia verbal que campa por los estadios de fútbol por una vía penal cuyos efectos preventivos son más contundentes y disuasorios que los empleados hasta el momento.

ED: Teniendo en cuenta que no es un hecho aislado sino un acto que lleva años pasando en el ambiente futbolístico, ¿ha evolucionado la normativa o sanciones hacia ataques racistas en el fútbol?

JP: Tanto los insultos en el terreno de juego como los proferidos desde las gradas han estado tolerados hasta hace poco tiempo.

Respecto de los insultos racistas o discriminatorios en los terrenos de juego se pensaba que, dada la tensión y rivalidad propia del partido, aquellas manifestaciones verbales eran inevitables. Desde este punto de vista se sostenía que la mayoría de las ocasiones no implicaban ningún tipo -o al menos relevante- de daño. Incluso se pensaba que dado el uso generalizado por parte de una sociedad de tales expresiones, estas no tenían fuerza «insultante» sino que deberían entenderse como mera expresión de enojo con uno mismo (o con el rival o con el árbitro) y una forma de expulsar la tensión acumulada, por lo que el hecho de sancionarlas podría originar un mayor grado de enfado y de cuestionamiento de la labor arbitral. Por otro lado, también se alegaba la dificultad de distinguir entre insulto (racista o discriminatorio) y menosprecio y si los criterios sociales suficientemente están asentados para su delimitación.

En lo que hace referencia a los insultos de los aficionados, los estadios de fútbol han sido uno de esos ámbitos donde los aficionados se han sentido libres para usar una amplia panoplia de expresiones malsonantes, despreciativas o directamente vejatorias dirigidas al árbitro, a los jugadores del equipo rival. Escuchar esas expresiones ha formado parte del paisaje futbolístico de igual manera que el humo de los puros o los transistores que radiaban los resultados de otros encuentros.

Pero esto está cambiando. La percepción social acerca de este fenómeno ya no es tan permisiva, y no se considera con tanta liviandad que un aficionado -pero obviamente, tampoco los futbolistas o los árbitros- consienta tácitamente que deba soportar tales vejaciones dirigidas a él o a otros, y menos si se entiende que el deporte tiene una vocación de escuela moral. Así es comprensible la alarma social suscitada por los insultos homófobos a un árbitro homosexual, los machistas dirigidos a árbitros féminas o los discriminatorios a colectivos minoritarios

En el caso español, la conciencia de que la violencia física, pero también la verbal, debía ser erradicada de los campos de fútbol surgió en la primera década del siglo XXI. Aunque es cierto que los incidentes más gravés a nivel internacional tuvieron lugar décadas antes -recuérdese Heysel- en España el hito fundamental fue la publicación de la Ley de 19/2007, antes citada. Desde entonces, ha habido una progresivo conciención acerca de la gravedad de dichas manifiestaciones que pueden herir no solo la sensibilidad subjetivo del destinatario, sino también su dignidad. No obstante, las reacciones sociales y jurídicas en forma de sanciones distan de ser tan contundante como lo son en otros países europeos.

ED: De ser cierto que el jugador ofendió con términos racistas, ¿qué sanción interna le corresponde? En el caso de Neymar, ¿este puede accionar contra el otro jugador?

JP: Como antes he señalado, la sanción dependerá qué organización futbolística haya organizado el partido, si es que tiene lugar en la liga nacional o en una competición internacional. Si el árbitro percibe que se ha llevado a cabo una ofensa de esa naturaleza deberá aplicar el reglamento en lo que respecta al empleo de “lenguaje o gesticular de manera ofensiva, grosera u obscena”  como se establece en la normativa federativa de la Federación espñaola, y el comité disciplinario establecerá la sanción correspondiente.

En el caso de que el árbitro no capte esa proferencia ofensiva, será difícil que pueda sancionarlo. Pero si el comité disciplinario revisara de oficio esa jugada por haber grabaciones de televisión, técnicamente podría sancionarlo. Ahora bien, estos comités son bastante reacios a entrar a evaluar acciones acontecidas en el terreno de juego dado que es materialmente examinar todos los partidos. Hacerlo en un caso, pero no en otros,  generaría desigualdad de tratamiento.

Respecto de si un jugador puede accionar contra otro. La respuesta es afirmativa, pero hay evidentes problemas de prueba. Además, existe la convención inveterada entre los futbolistas de que “lo que ocurre en el campo, en el campo se queda”.

En lo que hace referencia a las sanciones aplicables, la suspensión de partidos, distan mucho de cumplir fines preventivos disuasorios. En este orden de cosas, cabría plantearse hasta qué punto no sería más efectiva y justa la imposición de una fuerte sanción económica al deportista en lugar de la suspensión de un determinado número de encuentros, puesto que en este último caso se está castigando, por un comportamiento individual, a un colectivo -al club-, a los aficionados del propio club, e incluso a los de otros equipos deseosos de ver jugar al futbolista sancionado. Parece que claro que entonces las suspensiones adquieren un mayor grado de desproporción. En cambio, la multa resultaría más acorde al principio de proporcionalidad e individualidad que se presupone en el establecimiento de sanciones: solo afectan a quien cometió la falta y es indiferente el partido en el que falta tuvo lugar.

ED: ¿Cuáles han sido algunos casos emblemáticos al respecto?

JP: Por desgracia hay muchos ejemplos, y la lista que se expone a continuación, deja fuera innumerables casos similares:

  • En la Copa del Mundo de 2018, los aficionados méxicanos gritaban “Puto” cada vez que el portero rival se disponía a sacar de portería.
  • En la liga español, el partido entre el Rayo Vallecano y el Albacete tuvo que ser suspendido por el partido en el descanso por los insultos que parte de la afición local dirigía al jugador ucranio, R. Zozulya, al que se le calificaba de “nazi”.
  • Otro caso, antes mencionado, ocurrió en 2004 en el partido entre España e Inglaterra donde algunos aficionados insultaron a varios jugadores de color negro de la escuadra rival. La FIFA sancionó a la Federación Española con una multa de 60.000 euros.
  • En España, también se elevó a la Comisión Estatal Contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte los cánticos vejatorios de la afición en el estadio Santiago Bernabéu durante el último partido contra el FC Barcelona, en las que se calificaba a Messi de “subnormal”.
  • En 2018, el jugador chino Zhang Li sancionó con seis partidos al jugador chino Zhang Lipor lanzar insultos racistas contra el senegalés Demba Ba.
  • En España, en abril de 2014, el brasileño del Barcelona Dani Alves sufrió un incidente racista durante un partido contra el Villarreal, en el que un espectador le tiró un plátano cuando el jugador azulgrana iba a sacar un córner.
  • En Italia, Balotelli denunció que el entonces capitán de Catania, el argentino Nicolás Spolli, lo llamó “negro de mierda”. Ante el agravio, el delantero amagó con abandonar el terreno de juego.
  • También en Italia, Kevin Prince Boateng y Sulley Muntari, jugadores originarios de Ghana fueron agredidos con canticos
  • Recientemente, en la liga francesa el jugador del PSG, Neymar fue llamado “mono de mierda” por el jugador rival, Álvaro González.

Fuente de Imagen: Palestra Atenea (ipalestra.com)

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