Concordia legal y los principios UNIDROIT: Uniformizando el Derecho Internacional Privado y el comercio exterior en materia de compraventas

¿Cuál es la importancia de los principios UNIDROIT en la resolución de controversias mercantiles internacionales?

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Por Miguel Fabián Solórzano Bardález, estudiante de Derecho de quinto año de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Sumario: 1. Introducción, 2. El Convenio de Viena, 3. Los Principios UNIDROIT, 4. Relación del Derecho Internacional Privado con la Convención de Viena y los principios UNIDROIT, 5. Conclusiones

  1. Introducción

Un escenario de relaciones comerciales, fundamentadas en el epítome del perfeccionamiento consensuado, no solo esta circunscrito al derrotero de la autonomía privada de la voluntad a nivel personal, sino también al nivel de las relaciones macro comerciales entre hegemones o extensiones territoriales geopolíticamente organizadas.

A este tenor, es harto conocido los principios reguladores del Derecho Civil en la faceta contractual, desde la autonomía privada, hasta el consentimiento de las voluntades para dar legitimidad a cualquier suerte de transacción; principios que ciertamente, no son ajenos al momento de penetrar en las fronteras del Derecho internacional, pues la misma noción doctrinaria y práctica, es extensiva a casos en los que intervengan relaciones internacionales comerciales, que versan sobre negociaciones de compraventa entre países.

En suma, tratándose de regular este tipo de transacciones de cariz eminentemente comercial, se tiene la recurrencia de un instrumento internacional: La Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de Compraventa Internacional de Mercaderías, conocido también como Convención de Viena [1], siendo este último, el nombre con el que será identificado en lo restante del presente artículo. Este instrumento es ciertamente propicio para legislar positivamente todas las ocurrencias que la desavenencia legal pueda reportar, debido a la complejidad de hacer negocios entre dos partes que obedecen a un marco legal interno diferente ( caso de países o instituciones extraterritoriales).

Aun así, como todo instrumento internacional, siempre está sujeto a principios que no hagan más que reforzar lo legitimado en algún tratado y para ello, se tiene nada menos que los Principios UNIDROIT sobre los Contratos Comerciales Internacionales, mismos que por su naturaleza, se podría afirmar que van supletoriamente a reforzar mediante preceptos generales, lo establecido en la Convención de Viena ya mencionada. Al respecto, un mayor énfasis se presentará respecto a estas nociones, en ulteriores párrafos del corriente artículo.

Subsecuentemente a razón de las nociones preliminares: en las relaciones mercantiles entre países ¿Cuál es la magnitud de la problemática ante la colisión de legislaciones internas diferentes?; ¿Qué normatividad del Convenio de Viena es propicia para regular estos casos?; ¿Cuál es la importancia de los principios UNIDROIT en la resolución de controversias mercantiles internacionales?; Todo esto ¿Cómo halla sustrato en el Derecho Internacional Privado prescrito en nuestra legislación civil interna? Siendo acaso, las primeras interrogantes que conducirán la temática del artículo, hallarán dilucidación más adelante, con independencia de otras nociones que la investigación pueda descubrir y absolver pertinentemente.

  1. El Convenio de Viena

Recibe su nombre por la localización en el que fue suscrito (Austria-Viena), responde realmente al nombre de Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de Compraventa Internacional de Mercaderías, el cual fue acordado legalmente el 11 de Abril de 1980. El Perú se adhirió el 22 de febrero de 1999, mediante Decreto supremo N° 011-99-RE. Obedece al objeto de uniformización del Derecho Internacional en materia de compraventa, siendo al mismo tiempo, el máximo tratado a observar en materia de operaciones de compraventa entre países adheridos al mismo, pues tiene la preeminencia sobre cualquier otro tratado similar, e inclusive, sobre la legislación interna de un país firmante.

Así, se tiene un punto a observar en cuanto al tipo de mercaderías a tratar para la aplicación de este Convenio. Al respecto, el artículo 2° del mencionado instrumento internacional, observa:

La presente convención no se aplicará  a las compraventas:

  1. a) de mercaderías compradas para uso personal, familiar, o doméstico, salvo que el vendedor, en cualquier momento antes de la celebración del contrato o en el momento de su celebración, no hubiere tenido ni debiera haber tenido conocimiento de que las mercaderías se compraban para ese uso;
  2. b) en subastas;
  3. c) judiciales:
  4. d) de valores mobiliarios, títulos, o efectos de comercio y dinero;
  5. e) de buques, embarcaciones, aerodeslizadores, y aeronaves;
  6. f) de electricidad. [2]

Con esto, se deja claramente en evidencia que cualquier uso orientado a lo ordinario, que converja más hacia relaciones comerciales de adquisición más comunes que exportadoras, no tiene aplicación en la presente convención, por lo que es expedito inferir, que este tratado esta preeminentemente orientado a casos de exportación, importación, y otras operaciones a gran escala en las que entren a tallar acuerdos bilaterales entre naciones. Nos referimos pues, a escenarios de exportación e importación entre países. Aunque también están contemplados escenarios en los que los protagonistas sean empresas de diferentes países, estos casos suelen ser de menor aplicación en razón a las operaciones efectuadas entre países.

Otro punto a considerar en  la forma de los contratos entre los países. Al respecto la Convención señala que esta puede ser efectuada de manera libre, sin ningún requisito de forma, que condicione su validez.

Asi, el articulo °11 indica: “El contrato de compraventa no tendrá que celebrarse ni probarse por escrito, ni estará sujeto a ningún otro requisito de forma. Podrá probarse por cualquier medio, incluso por testigos.” (sic) [3]. La convención en este caso es bastante permisiva en cuanto a la forma del contrato entre las partes; sin embargo, estamos ante un escenario de transacciones comerciales a gran escala y a mi razón, resulta insólito pretender que una transacción de connotación internacional, se pretenda efectuar sin protocolarización alguna mediante el mero consenso, tal como si de relaciones individuales se tratara. Hay que considerar que ello podría ser sujeto de malos entendidos comerciales en caso de desavenencias o fallas no previstos en el trato.

Aunque la convención faculta a celebrar el contrato oralmente, no existe país que en aras de la prudencia, decida hacerlo de aquella forma. Así, en un ejemplo que engloba lo tratado hasta este momento, presupóngase que el Perú, pretende hacer un contrato mercantil con Bélgica en el que este último país, a través de sus representantes, busca darle un uso doméstico inmediato a la mercadería. Esto no es válido, pues la mercadería, a tenor del artículo 2°, no puede tener ese uso, tal como si fuera un caso de suministro al por mayor que entrará a la esfera de propiedad del adquirente. Es decir, lo que Bélgica compre al Perú, deberá obedecer a caracteres mercantiles generales mas no de uso inmediato a determinadas personas en el acto mismo. No obstante, el posterior uso doméstico que se le a las mercaderías una vez distribuidas en la última fase del ciclo de adquisición, es otro asunto. En caso, de contravenir esto, la operación no puede tener la protección de la Convención de Viena.

Ahora, presupóngase que el Perú pretende realizar un contrato de exportación, de manera oral con Bélgica. Si bien está permitido y protegido según las directrices de la Convención de Viena, no se puede decir lo mismo para la seguridad de la transacción y para su probanza material en el plano de lo práctico. En este caso, poco importaría que la convención preceptúe este tipo de forma de contrato si no hay manera fehaciente para probar lo que parte alguna pueda alegar, aun cuando la existencia de la mercadería tenga lugar en el territorio del otro, pues siempre, puede surgir alguna contingencia legal que no haga menos que complicar el asunto. Por lo tanto, tratándose de transacciones comerciales a  nivel de estados, estos deben ser acordados por escrito, si no como un ad solemnitatem, al menos como un ad probationem.

El resto de disposiciones que ofrece la presente convención, no son nada diferentes a los parámetros de calidad e indemnización que se puede obtener al recibir un producto defectuoso, pues estas al estar regidas por disposiciones generales aplicables a todos los países, ya sea que revistan un sistema de Civil Law o Commom Law, buscan resarcir el daño en cualquiera de sus facetas, pues tal como lo prescribe el artículo 28 de la Nota explicativa de la secretaria de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional : “(…) Si se satisfacen todas las condiciones exigidas, la parte agraviada puede exigir el cumplimiento de las obligaciones de la otra parte, reclamar daños y perjuicios o rescindir el contrato. (…)” (sic)[4].

  1. Los principios UNIDROIT

Estos principios fueron publicados en 1995, por el Instituto Internacional para la Unificación del derecho Privado, más conocido por su acrónimo en francés, UNIDROIT. Estos principios están orientados a crear concordia y uniformidad en el derecho privado internacional, a través de directrices de común aplicación en este campo. Sin embargo, aun cuando los principios sirvan como una salida supletoria a una controversia a regirse por los mismos, no tienen carácter vinculante, pues el instituto que los expidió, irónicamente no ostenta facultad legislativa para expedir normas.

Los principios UNIDROIT no suelen ser observados en las legislaciones comerciales internas de los países, ya que estos están más orientados a regular las controversias del fuero interno del país, por lo que, más allá del Derecho Privado Internacional y un contexto propio de él, estos principios no parecieran  tener mayor observación por la territorialidad misma, pues inclusive al tratarse de principios, la legislación interna tiene indiscutible validez ante estos.

Así, contando de 11 artículos principales, la mayoría de ellos con diversos incisos, los principios UNIDROIT se caracterizan por proyectar cuestiones generales aplicables a todos los contratos que entran a tallar en las relaciones comerciales internacionales, en algunos casos como aplicación, en otros como fuente de consulta para la elaboración de posteriores documentos internaciones privados o tratados. En ese orden, estos principios no son optables ante normas de carácter imperativo, pues tal como preceptúa su artículo 1.4: “Estos principios no restringen la aplicación de normas de carácter imperativo, sean de origen nacional, internacional, o supranacional, que resulten aplicables conforme a las normas pertinentes de Derecho Internacional Privado.”(sic) [5], siendo de ahí, consecuentemente, su carácter no vinculante y supletorio.

Otra parte a tener en cuenta de estos principios, es que reconoce los usos y costumbres del comercio internacional. Así, su artículo 1.9 ha preceptuado:

«Las partes están obligadas por cualquier uso que hayan convenido y por cualquier práctica que hayan establecido entre ellas.

Las partes están obligadas por cualquier uso que sea ampliamente conocido y regularmente observado en el comercio internacional por los sujetos participantes en el tráfico mercantil de que se trate, a menos que la aplicación de dicho uso sea irrazonable». [6]

Como se desprende, todo lo que los principios Unidroit establecen, solo obedecen a una guía que las legislaciones o contratos vigentes deben observar en caso de conflictos, pues en el mundo del Derecho Privado Internacional, estos son ampliamente aceptados. Tal es así, que lo supletorio muchas veces, penetra en la materialidad de lo vinculable, y esto se hace patente en el preámbulo de los Principios UNIDROIT: “Estos principios establecen reglas generales aplicables a los contratos mercantiles internacionales. Estos principios deberán aplicarse cuando las partes hayan acordado que su contrato se rija por ellos.” (sic) [7].

Por lo tanto, aun cuando sean de preeminencia supletoria, tratándose de contratos en los que la voluntad de las partes prevalece, es correcto sostener que si dichas partes deciden someterse en todo o en parte a estos principios, es totalmente viable, pues de alguna forma, estos son directrices puras a seguir en la aplicación de cualquier normatividad mercantil vigente. Así, es posible hacer excepciones, modificaciones, e inclusive integraciones normativas en los contratos a celebrar. Como ejemplo se ilustra las siguientes formulas:

El presente contrato se rige por los principios UNIDROIT (2010) [Excepto en lo que respecta a los artículos…]

Si las partes desearan pactar también la aplicación de un derecho nacional en particular, pueden recurrir a la siguiente formula:

El presente contrato se rige por los principios UNIDROIT (2010) [Excepto en lo que respecta a los artículos…], integrados cuando sea necesario por el derecho [del Estado “X”]. [8]

Es menester resaltar que tanto las excepciones, modificaciones, e integraciones de los principios Unidroit, con las normatividades que las partes tengan a bien incluir, son perfectamente validas, siempre y cuando no colisionen con normativas imperativas privadas o de orden público internacional.

  1. Relación del Derecho Internacional Privado con la Convención de Viena y los principios Unidroit

Se ha escrito sobre los principales instrumentos normativos en las operaciones comerciales internacionales, referidas preeminentemente a la compraventa, siendo estos la Convención de Viena, como marco legal básico, y los Principios UNIDROIT como marco supletorio, uniformizante y, de ser el caso, principal a observar ( según la voluntad de las partes). Ahora, circunscribiendo el análisis hacia la relación que los conceptos precedentes guardan con el Libro X de la legislación sustantiva civil vigente (Derecho Internacional Privado), es preciso sostener que la relación entre los tres, en materia de operaciones mercantiles, es complementaria.

Así, en el artículo 2047 del Código Civil vigente, establece que:

El derecho aplicable para regular relaciones jurídicas vinculadas con ordenamientos jurídicos extranjeros, se determina de acuerdo con los tratados internacionales ratificados por el Perú que sean pertinentes y, si estos, no lo fueran, conforme a las normas del presente libro.

Además son aplicables, supletoriamente, los principios y criterios consagrados por la doctrina del Derecho Internacional Privado.

Ciertamente, la eventual aplicación del Convenio de Viena, al tener como pais adherido al Perú, tiene fuerza legal en el campo de su aplicación. Así una jurisprudencia constitucional enmarcada en la STC N° 1277-99-AC/TC estableció que:

(…) es un hecho inobjetable para este Tribunal que cuando nuestra Constitución Política del Estado reconoce en su artículo 55° que «Los tratados celebrados por el Estado y en vigor forman parte del derecho nacional» y el Artículo 200° inciso 4) consigna entre las diversas normas con jerarquía legal, a los tratados (sin distinción alguna), no cabe sino admitir que los mismos tienen valor normativo indiscutible y en consecuencia son plenamente aplicables por los jueces y tribunales peruanos.(sic).[9]

No obstante, si bien ostenta la suficiente validez para ser observado en cualquier situación de operaciones comerciales internacionales que lo amerite, no se debe olvidar que los países pueden decidir someter la controversia, bajo acuerdo, al ordenamiento jurídico del otro, o, como ya se explicitó en precedentes párrafos, a la integración normativa de los ordenamientos, pero apelando siempre a los parámetros de los principios UNIDROIT [10]. En cualquier caso, las opciones para discernir una controversia, irán desde aplicación normativa o integrativa en jurisdicciones internas, hasta arbitrales, aplicando los parámetros y el derecho pertinente que las partes establezcan.

En suma, doctrinaria y legamente contemplada en nuestro ordenamiento, el Convenio de Viena y, tácitamente, la aplicación de los principios UNIDROIT, es perfectamente viable para operaciones de compraventa, tanto como marco legal, como marco imperativo para resolver las controversias suscitadas. La forma en como este marco deba ser aplicado es ya discreción de las partes y constituye el primer eslabón de la operación a efectuar: la autonomía privada de la voluntad.

  1. Conclusiones
  2. a) Orientados a uniformizar las directrices legales de las operaciones internacionales de compraventa, los principios Unidroit deben ser tomados no solo como base para cualquier tratado internacional relativo a la materia, sino también como una fuente a tomar para todo aquella legislación interna, que tenga por materia las relaciones privadas a nivel individual e internacional.
  3. b) La Convención de Viena, si bien es un tratado de obligatorio cumplimiento para todos los países adheridos, en materia de controversias comerciales una vez ya judicializadas; también es de carácter dispositivo. Esto último a raíz del articulado que las partes decidan aplicar, suprimir, o integrar, según acuerdo previo.
  4. c) La Convención de Viena, aunque preeminentemente orientada a las relaciones comerciales internacionales de compraventa entre estados, excepcionalmente puede ser invocada para dilucidar competencia y jurisdicción entre partes o instituciones que realicen tratos comerciales con empresas o instituciones extranjeras. A esto, los principios UNIDROIT deben ser observados en lo posible a fin de no contradecir el criterio de uniformidad normativa de su objeto.
  5. d) Una eventual y total uniformidad del Derecho Privado Internacional en materia comercial, solo podría reportar un futuro esplendor a las relaciones bilaterales entre países. Apelando a la simplicidad y concordia normativa internacional que instrumentos como los Principios UNIDROIT, puedan reportar, resulta propicia fomentar la cooperación legal, en materia de una actividad de vital importancia en el espectro económico mundial, como es el comercio internacional.

Fuente de imagen: winkelsabogados.com

CITAS Y REFERENCIAS

[1] Al respecto, este instrumento data del año 1980, firmado el 11 de abril del mismo año, y entrando en vigor el 01 de enero de 1988 para todas las partes adheridas.

[2] Vid. Naciones Unidas, Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de Compraventa Internacional de Mercaderías, Nueva York, Edición 2011, p.12

[3] Íbidem. p. 14

[4] Apud. Naciones Unidas, Convención de las Naciones Unidas sobre los Contratos de Compraventa Internacional de Mercaderías, Nota explicativa de la secretaria de la Comisión de las Naciones Unidas para el Derecho Mercantil Internacional, Nueva York, Edición 2011, p.45.

[5] Cfr. International Institute for the Unification of Private Law,  Principios Unidroit sobre los Contratos comerciales Internacionales 2010, Edición 2010, p. 2.

[6] Ídem.

[7] International Institute for the Unification of Private Law, op. Cit, p. 1.

[8] Vid. International Institute for the Unification of Private Law, Loc. Cit.

[9] Cfr. STC N° 1277-99-AC/TC, ff.jj 7, fs. 7.

[10] Con todo, es posible hacer ello insertando en el contrato, u oralmente de ser el caso según la forma del mismo, la reserva de la integración, exceptuación, o inclusión normativa, según las partes acuerden.

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