Por Enfoque Derecho

I. Introducción

La educación es uno de los pilares del desarrollo del país en todos sus sentidos, pues apoya al crecimiento económico y al crecimiento como sociedad, siendo incluso un instrumento de la política ¿quién no ofrece una reforma de la educación? Sin embargo, en nuestro país, los avances en la materia son limitados y la situación actual nos ha hecho notar esta realidad.

Hace un año, nos encontrábamos emocionados por la vuelta a clases. Las escuelas nacionales estaban a puertas del inicio del año escolar e incluso algunas escuelas privadas ya habían iniciado el dictado de clases. En general, los y las estudiantes esperaban volver a sus centros de estudios como cualquier otro año. Sin embargo, fue un 6 de marzo cuando se confirmó el primer caso de coronavirus en el Perú[1]. A partir de ahí y, con la imposición de las nuevas medidas, los peruanos notaríamos los mayores defectos de nuestro sistema y las terribles consecuencias de los errores de nuestro gobierno y nuestra sociedad.

Diversas escuelas y universidades que ya habían iniciado clases, las suspendieron; otras que estaban próximas a comenzar, las aplazaron por más tiempo; el mismo Estado decidió suspender el inicio del año escolar por dos semanas [2] con el fin de evitar la propagación del coronavirus en el país. No obstante, la situación no se resolvería en un par de semanas, sino que empeoraría hasta convertirse en una pandemia que aún hoy enfrentamos. En dicho momento, la única solución en el sector educación, a partir de la observación del accionar de otros países, fue: la educación a distancia. Sin embargo, nuestro país no estaba preparado como otros para enfrentar los retos de la educación a distancia.

Actualmente, el Ministerio de Educación ha anunciado que el inicio del año escolar se dará este 15 de marzo y será de manera remota hasta el 15 de abril, fecha en la cual se planea iniciar clases presenciales en determinados centros educativos y con las medidas respectivas. Sin embargo, ¿estamos preparados para volver a clases presenciales? El presente editorial busca responder esta interrogante a partir del análisis de la educación a distancia; la ponderación entre el derecho a la salud y el derecho a la educación que implica volver a clases presenciales; y las modalidades de educación en otros países debido a la pandemia por el coronavirus. También, buscamos dejar en evidencia el estado de la educación en el Perú y los retos a los cuáles nos enfrentamos.

II. Educación a distancia

Como mencionamos, la medida que tomaron los centros educativos del país y del mundo fue acudir a la educación a distancia o remota. Por un lado, algunas instituciones educativas privadas acudían a plataformas tecnológicas como Zoom u otros. Por otro lado, las escuelas públicas optaron por seguir la medida brindada por el gobierno: el programa Aprendo en Casa.

Este programa consiste en un servicio multicanal de educación a distancia por televisión, radio e internet[3]. Además de ello, los y las docentes debían acompañar a los alumnos para un aprendizaje óptimo teniendo que comunicarse por aplicativos móviles. Esta opción podía parecer la más viable para cierto sector, pues evitaba la propagación del coronavirus, se protegía la salud y se brindaba acceso a la educación, además de que otros países optaron por la misma alternativa; sin embargo, ¿realmente garantiza el acceso a la educación?

La educación a distancia implica utilizar internet y dispositivos tecnológicos con los cuales acceder a clases, entonces ¿qué pasa con aquellos niños y adolescentes que no cuentan con dichos servicios y dispositivos? La plataforma de Aprendo en casa estaba disponible para televisión, radio e internet, pero no todos tienen acceso a ello. La señal de internet no está disponible para muchos hogares, es más para muchas ciudades, especialmente aquellos que pertenecen al sector rural y están más alejados. El Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI, informó que durante el primer trimestre del 2020 solo poco más del 40% de hogares del país tenían acceso a internet [4]. Según la misma institución, solo el 41.1% de los hogares del país tenía acceso al servicio de televisión por cable y el 74.4% tenía acceso a la radio.

Este era el panorama al inicio del programa Aprendo en Casa. Entonces, ¿realmente podían los y las escolares continuar recibiendo el servicio educativo? Es una problemática con distintas aristas: puede haber señal de internet para toda una ciudad, pero varios hogares de dicha ciudad no pueden pagar el servicio de internet o pagan uno limitado; y en el peor de los casos, la señal de internet ni siquiera llega a varios lugares del país. Es más, las otras opciones son la televisión – y no todos cuentan con un televisor, o peor aún con señal por cable – y la radio, siendo esta última la que más accesibilidad brinda. No obstante, aún siendo la radio la más accesible, veíamos en las noticias a niños que debían caminar por horas para acceder a la señal de radio y así escuchar la clase brindada por el Estado, pues esta señal no llegaba a sus hogares[5].

Sin duda, un panorama desfavorable para muchos niños y niñas, y adolescentes que debían continuar sus estudios. Así, a mediados de año, el Ministerio de Educación estimaba que unos 300 000 escolares habían desertado[6], y anunciaba que estaban ideando estrategias para que dichos estudiantes regresen a la escuela y pueda así garantizarse su derecho a la educación[7].

A pesar de este desastroso panorama inicial que mostraba las desafortunadas consecuencias de no haber impulsado la educación previamente y de no haber avanzado en otros sectores que se encuentran relacionados a la educación (especialmente las telecomunicaciones), la situación actual ha cambiado en cierta medida. El gobierno ha elaborado estrategias para minimizar la brecha digital que tanto afecta al país y a los servicios educativos. En ese sentido, recientemente se aprobó un Decreto de Urgencia que permitirá mejorar la conexión rural y el servicio de telecomunicaciones, con lo cual se busca reducir la brecha digital beneficiando a 1.6 millones de ciudadanos, especialmente de las zonas alejadas y las comunidades rurales[8]. Por otro lado, no solo el gobierno ha actuado, sino que los maestros mismos han ideado estrategias para continuar educando a sus estudiantes.

Finalmente, incluso luego de aplicar medidas en pro de la educación, continuamos estando un paso atrás en la educación a distancia y debemos notar los efectos de ello. Basta observar un poco más las distintas realidades de nuestro país para comprender cómo la educación a distancia ha sido inaccesible para muchos, y algunos se vieron obligados a gastar en plena pandemia, aun siendo afectados económicamente, solo para poder acceder a dispositivos tecnológicos que les permitieran entrar a clases como laptop, celular, televisor, para poder acceder a internet o a la señal de televisión. Aun así, hemos avanzado, pero cabe cuestionarnos ¿es viable continuar con esta modalidad de educación o deberíamos volver a clases presenciales? Y es aquí donde debemos recordar la situación de los centros educativos de nuestro país.

III. ¿Vuelta a clases presenciales?

Como mencionamos al inicio de este artículo, Ricardo Cuenca ha anunciado que las clases inician el 15 de marzo de manera remota hasta el 15 de abril, fecha en la que se evaluará si es factible iniciar clases presenciales en determinados centros educativos del país. Ante ello, debemos señalar que hay dos derechos fundamentales involucrados: el derecho a la educación y el derecho a la salud.

Por un lado, tenemos el derecho a la educación, el cual también es considerado como un servicio público esencial. En este sentido, se concibe a la educación como el derecho de las personas a ser educadas, al mismo tiempo que se reconoce como un servicio público cuya continuidad y calidad corresponde ser garantizada por el Estado[9]. La educación como derecho resulta tener un contenido muy complejo, ya que abarca una serie de facultades tales como el acceso a una educación adecuada, libertad de enseñanza, entre otras.

Por otro lado, encontramos el derecho a la salud. Dicho derecho, desde una dimensión subjetiva, supone el derecho de toda persona a mantener un estado físico y mental óptimo para desarrollar sus actividades cotidianas. En este sentido, lo que se garantiza es que si la salud de la persona se ve afectada, ésta pueda recuperarse de manera óptima. Asimismo, desde una dimensión objetiva, impone una serie de obligaciones al Estado para mantener la calidad de vida de la persona y fortalecer las instituciones encargadas del servicio de salud[10].

Como sabemos, cuando hay dos derechos fundamentales que se contraponen, el método más usado es el llamado “test de proporcionalidad” o “test de ponderación”, el cual, según reiterada jurisprudencia, consiste en 4 pasos, los cuales señalaremos a continuación:

En primer lugar, se debe encontrar el fin legítimo. Así, cuando se da una ley, resolución, etc., siempre tiene una finalidad. En este primer paso, el test exige saber cuál es el fin al que se quiere llegar al limitar un derecho, en este caso, se limita el derecho a la educación. Cabe señalar que este es un paso que se suele omitir; no obstante, consideramos que es fundamental que se tome en cuenta, ya que si no tiene un fin la limitación de este derecho, carecería de legitimidad.

Así, tenemos que, desde el inicio de la pandemia, la razón por la cual se restringió el acceso a una educación presencial es evitar el contagio del COVID-19 en los niños, niñas y adolescentes. Como mencionamos líneas arriba, las investigaciones realizadas hasta el día de hoy, indican, contrario a la creencia popular, que los niños, niñas y adolescentes, tienen las mismas probabilidades de infectarse que cualquier otro grupo de edad y pueden propagar la enfermedad de una manera más rápida. Por lo tanto, restringir la educación presencial en beneficio de salvaguardar la salud de los menores resulta ser una medida que sí sigue un fin legítimo.

En segundo lugar, se debe realizar un examen de idoneidad. Mediante este examen se va a determinar si la medida adoptada es la más idónea para lograr el fin que se desea alcanzar. Es, en otras palabras, un análisis de causalidad entre el medio adoptado y el fin que se quiere alcanzar.

En este sentido, lo que se busca lograr con la implementación de clases virtuales en lugar de clases presenciales es brindar una alternativa para que los alumnos sigan teniendo acceso a la educación sin exponerse al contagio del Covid-19. Por lo tanto, podemos apreciar que el hecho de no tomar clases presenciales sí es una medida idónea para proteger a los estudiantes del contagio del Covid-19 dentro de las escuelas.

En tercer lugar, corresponde realizar un examen de necesidad. A través de este examen, se busca determinar si existen otros medios alternativos similares a los adoptados para lograr la finalidad propuesta y que resulten menos lesivos para el otro derecho en conflicto, es decir, si existe otra alternativa menos perjudicial que llevar las clases de manera virtual que permita salvaguardar la salud pública.

Este tercer paso se podría responder de manera muy obvia ya que, recordemos, el virus se esparce por dos motivos: “movimiento y aglomeración”. Por ende, la mejor forma de evitar la propagación es mediante la educación virtual, que no implica ni movimiento de alumnos ni su aglomeración, siendo esta opción la menos lesiva.

No obstante, la solución al problema no resulta ser tan fácil. Esto, debido a que hay muchos otros factores involucrados en la ecuación. Primero, debemos de tener en cuenta que la población con acceso a internet, televisión y radio no es lo suficientemente grande como para garantizar que todos los estudiantes logren acceder a su educación por estos medios. Asimismo, el porcentaje de interrupción de estudios debido al Covid es una cifra importante, tomando en cuenta que durante el 2020, alrededor de 210.868 alumnos de la educación básica regular tuvieron que interrumpir sus estudios[11].

Sin embargo, consideramos que existen más factores en contra de la educación presencial que la educación virtual.

Por un lado, las medidas sanitarias de las escuelas a nivel nacional no son las adecuadas como para poder evitar la propagación del virus en las escuelas. Esto debido a que menos del 50% de escuelas primarias, y alrededor de 77% en escuelas secundarias cuenta con acceso a agua potable, y solamente entre el 76% y 85% de escuelas del país cuenta con servicios básicos de lavados de manos.

Por otro lado, si bien el nivel de contagios se ha visto reducido, así como la velocidad de transmisión del virus, todavía no nos encontramos en una situación aceptable[12]. En este sentido, si bien el control del contagio de Covid19 ha mejorado, todavía no estamos en una situación que nos permita volver a la presencialidad. Esto debido a que las clases presenciales suponen una serie de retos para poder garantizar que los contagios no aumenten por dicha medida. Medidas como la vacunación de los profesores, la distribución y uso de mascarillas y otros protectores entre los alumnos, son medidas que deberían adoptarse de manera adecuada para poder pensar en volver a la presencialidad. Sin embargo, actualmente no se cuentan con las garantías necesarias para poder confiar que dichas medidas se cumplirán de manera efectiva.

Por lo tanto, si bien con la virtualidad muchos alumnos han visto su educación en peligro por no poder acceder a los diversos medios alternativos de educación, hay muchos mayores factores que todavía limitan la vuelta a la presencialidad. Es por ello que una solución adecuada para el problema es poder fomentar la virtualización de las clases y el uso de otros métodos educativos no presenciales. Asimismo, el Estado como garante del derecho de educación, debe buscar la implementación y distribución de los recursos necesarios para garantizar la educación virtual. Es el Estado quien debería garantizar la distribución del material necesario, la mejor conectividad en zonas más alejadas, buscar crear nuevos medios de educación, entre otras medidas.

Por último, se debe realizar un examen de proporcionalidad en sentido estricto. En este examen, se determinará si el derecho a la educación, en este caso, presencial, es mayor frente al derecho a la salud. Asimismo, es de suma relevancia analizar si el grado de afectación es grave, medio o leve, ya que, si es mayor el grado de insatisfacción de un derecho, la satisfacción del otro debe ser mucho mayor, caso contrario, sería una acción ilegítima.

En este punto podemos observar que estamos ante una afectación entre leve y media del derecho a la educación, dependiendo del sector que se contemple. No obstante, dicha afectación resulta justificada debido a que si se decidiera por volver a la educación presencial, esto puede suponer una vulneración grave del derecho a la salud de los alumnos. No solo se expondría al contagio del virus a los alumnos y docentes de los distintos colegios, sino también a sus familiares y toda persona que tenga contacto con ellos. Esto podría ocasionar un aumento en los contagiados y fallecidos a causa del coronavirus.

Por lo tanto, podemos ver que el grado de afectación del derecho a la educación es menor que el grado de satisfacción del derecho a la salud, ya que al optar por la virtualidad se garantiza que el alumno no se va a exponer al contagio ni va a exponer al resto de personas de su entorno.

IV. Situación en otros países

Actualmente, hay varios países del mundo que han retornado a las clases presenciales. Uno de los países más golpeados por la pandemia fue Italia, aun así este ha comenzado una fase de retorno gradual a las clases presenciales desde enero. Hasta finales de enero, al menos 6 millones de estudiantes habían retornado a clases[13]. Por su parte, Francia ya había comenzado clases presenciales desde finales del año pasado y hace poco volvieron a clases después de las vacaciones. Claro está que han implementado un protocolo sanitario reforzado, donde se establece que los niños mayores de 6 años deben llevar mascarillas y que los institutos de enseñanza media deben combinar clases presenciales con virtuales para reducir el aforo de las aulas[14]. Otros países europeos que han regresado a clases son Bélgica, Países Bajos y Portugal, así como hay quienes continúan con la educación a distancia.

Especial mención merece el caso de España, país donde las clases presenciales ya han comenzado y se anuncia que la incidencia del coronavirus es mínima en las escuelas (12). Sin embargo, esta vuelta a clases ha mostrado nuevamente la desigualdad que la sociedad de dicho país enfrenta, pues es notable cómo las escuelas privadas, que cuentan con mayores recursos y una posición privilegiada, pueden implementar las medidas de bioseguridad de la manera más óptima y eficiente[15], mientras que algunas escuelas públicas no cuentan con los implementos necesarios para cumplir las medidas de saneamiento correctamente. Además, hay padres que no envían a sus hijos a la escuela por temor al contagio, lo cual acarrea la discusión en torno a si esta acción tiene consecuencias legales[16]. Esta problemática también cabría ser analizada en nuestro país, pues de volver a clases presenciales el próximo 15 de abril y no enviar a los hijos e hijas por temor al virus, ¿debería ser sancionado o no?

Por último, cabe señalar que la situación en América Latina es distinta, pues hay varios desafíos que aún se deben superar. Estos retos son desarrollados en el informe sobre desafíos y dilemas para planificar el retorno seguro a las clases presenciales en nuestra región, publicado por Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y  la  Cultura  y  la  Oficina  Regional  de  Educación  para  América  Latina  y  el  Caribe  (OREALC/ UNESCO Santiago)[17]. De acuerdo a ello, uno de los mayores problemas es el saneamiento en las escuelas, pues al menos el 16% de las escuelas de nuestra región no cuenta con acceso a agua potable. De hecho, en Perú menos del 50% de escuelas primarias, y alrededor de 77% en escuelas secundarias cuenta con acceso a agua potable, y solo entre el 76% y 85% de escuelas del país cuenta con servicios básicos de lavados de manos. Esta situación es preocupante, pues la ausencia de estos servicios contribuye al contagio de enfermedades, especialmente la propagación del virus.

El siguiente desafío son los recursos tecnológicos en las escuelas, pues ¿acaso todas las escuelas cuentan con computadoras e internet? El 62% de las escuelas primarias y el 72% de las escuelas secundarias de la región cuentan con equipo informático, mientras que solo el 44% de las escuelas primarias y el 66% de las escuelas secundarias tienen acceso a internet. Es más, podríamos preguntarnos incluso si todas las escuelas cuentan con servicio de electricidad. Otros desafíos se refieren a la cantidad de docentes, a si estos pueden volver a dictar clases o si son parte de la población en riesgo; y al financiamiento de los Estados para poder superar estos desafíos a corto plazo para garantizar la vuelta a clases presenciales.

En fin, volver a la clásica modalidad presencial en nuestra región tiene varias aristas a analizar como los desafíos mencionados sobre la higiene, saneamiento y la conectividad, pero además otros aspectos como el aforo que se permitirá, si habrá una gran reducción de la cantidad de alumnos por salón que antes de la pandemia eran más de 30 personas; o si habrá disponibilidad de espacios comunes alternativos.  Aun así, países como Nicaragua, Cuba y Uruguay han retornado ya a clases presenciales [18], mientras que la mayoría de los países de la región aún planean no solo cuándo, sino cómo regresar a la presencialidad.

V. Conclusión

Si bien la educación a distancia a través de programas como Aprendo en Casa u otras plataformas utilizadas parece la mejor opción actualmente, es necesario notar los defectos de estas medidas. Asimismo, el Gobierno, como principal garante del derecho a la educación debe identificar dichos defectos y proponer soluciones factibles, evitando la idea de la presencialidad. Lo que debemos mejorar es la conectividad de nuestros alumnos, y dicha tarea le corresponde al Estado.

Igualmente, luego de cuestionarnos si realmente es viable volver a clases presenciales a través de una ponderación de los derechos de salud y educación, concluimos que no estamos preparados aún para volver a la modalidad presencial, aunque se necesitan reforzar los métodos de enseñanza virtual. Las medidas propuestas por el Estado no son suficientes ni están totalmente garantizadas. Por lo tanto, solo en el momento en que las medidas necesarias para evitar el contagio en las escuelas sean garantizadas en su totalidad, podremos decir que estamos realmente preparados para un regreso a clases en los centros educativos, un regreso a nuestros salones.

A manera de reflexión, la pandemia por el coronavirus ha centrado el foco en los pocos avances que tenemos en distintos sectores de nuestro país, siendo uno de ellos la educación. La educación es la base de la sociedad, es un derecho fundamental cuya calidad y acceso debe ser garantizada por el Gobierno. Sin embargo, a pesar de tener tal relevancia, nuestro Estado la ha dejado en el olvido, lo cual nos muestra hoy sus terribles consecuencias.

Es de vital importancia informarnos para poder elegir un gobierno que otorgue la importancia que merece la educación en el país, pero no solo se trata de elegir sino de fiscalizar. Como sociedad, debemos velar porque el gobierno cumpla con brindar un servicio tan básico como la educación de la manera más óptima, con la mayor calidad posible y con acceso para todos. Debemos velar porque el Estado garantice nuestro derecho a la educación, porque cumpla una necesidad tan básica de la sociedad.


[1] https://www.gob.pe/8662-coronavirus-en-el-peru-casos-confirmados

[2]https://www.gob.pe/institucion/minedu/noticias/108801-minedu-suspende-clases-en-universidades-publicas-y-privadas-para-evitar-propagacion-del-coronavirus

[3] https://www.gob.pe/8858-acceder-a-educacion-a-distancia-aprendo-en-casa

[4]http://m.inei.gob.pe/prensa/noticias/el-401-de-los-hogares-del-pais-tuvo-acceso-a-internet-en-el-primer-trimestre-del-2020-12272/

[5]https://www.lavanguardia.com/participacion/lectores-corresponsales/20200609/481672450669/brecha-educacion-pobreza-ninos-peru-escuela-confinamiento-covid-19-aprendo-en-casa.html

[6]https://gestion.pe/peru/unos-300000-escolares-peruanos-desertan-en-medio-de-la-pandemia-noticia/

[7]https://andina.pe/agencia/noticia-minedu-lanzara-estrategia-para-revertir-desercion-escolar-emergencia-sanitaria-811205.aspx

[8]https://elperuano.pe/noticia/114637-ministro-gonzalez-gobierno-contratara-servicios-de-internet-satelital-para-860-localidades-de-la-selva

[9] Landa, C. (2017). Los derechos fundamentales (Vol. 2). Fondo Editorial de la PUCP.

[10] Sentencia del Expediente 1956-2004-AA, fundamento 7.

[11] https://elcomercio.pe/lima/sucesos/ano-escolar-2021-que-espera-el-minedu-para-el-reinicio-de-clases-en-tiempos-de-pandemia-noticia/?ref=ecr

[12] https://elcomercio.pe/lima/se-reduce-la-velocidad-de-transmision-del-covid-19-en-el-pais-noticia/?ref=ecr

[13]https://www.telam.com.ar/notas/202101/542560-italia-continua-el-retorno-gradual-de-las-clases-y-otras-cinco-regiones-reabren-las-aulas.html

[14]https://www.infobae.com/america/mundo/2021/01/10/pais-por-pais-como-es-el-retorno-a-clases-en-europa-mientras-aumentan-los-casos-de-coronavirus/

[15]https://cnnespanol.cnn.com/2020/09/08/espana-vuelve-a-la-escuela-pero-la-pandemia-deja-al-descubierto-la-desigualdad/

[16] https://elpais.com/economia/2020/09/02/mis_derechos/1599028651_069345.html

[17]https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/Reabrir-las-escuelas-en-America-Latina-y-el-Caribe–Claves-desafios-y-dilemas-para-planificar-el-retorno-seguro-a-las-clases-presenciales.pdf

[18]https://www.primeraedicion.com.ar/nota/100406807/entre-cautela-y-recelo-sudamerica-trata-de-volver-a-las-aulas-en-medio-de-la-pandemia/

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