Por Andrea Liliana Apolín Vargas, estudiante de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú, miembro de la Comisión Arte y Derecho PUCP y miembro del Consejo editorial de Enfoque Derecho

Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce;
mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial
de razas y mitos que fermentan;
mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras,
de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas;
mi país es un corazón clavado a martillazos

– Sebastián Salazar Bondy

1. INTRODUCCIÓN

El Último Bastión es una serie peruana (publicada, el pasado 25 de febrero, en la plataforma de streaming Netflix) que retrata la alboroza situación de la sociedad peruana ante la llegada de Don José de San Martín, así como el conflicto social que implicó la declaración de la independencia y emancipación de los españoles.

Uno de los personajes principales es Paco Robles (Giovanni Arce), joven abogado de clase media y con espíritu republicano, quien experimenta los grandes acontecimientos sociales y políticos de aquella época. A su alrededor, se desarrollan las historias de diversos personajes como Catalina (Mayella Lloclla), Lorenzo Robles (Rodrigo Palacios), Rosa María Robles (Priscila Espinoza) Antonia Mazombé (Mayra Nájar), entre otros. Sin embargo, cabe destacar la presencia del enigmático Bernardo de Monteagudo (Renato Medina-Vasallo), un personaje aparentemente desconocido por una gran mayoría, curiosamente relegado de la historia, cuya participación en la independencia política del Perú fue decisiva, al igual que la incidencia de su pensamiento político en la instalación del naciente Estado peruano.

Desde la llegada de San Martín y Monteagudo al Perú, se desarrolló una pugna por el poder entre el bando patriota y el bando realista. Es así que, desde ambos lados, se cometieron una serie de excesos. Uno de los crímenes más relevantes y el que se pretende analizar en este ensayo, es la confiscación arbitraria de bienes o – denominada en aquel entonces – secuestro de bienes de los españoles o “enemigos de la patria”.

De esta manera, este breve ensayo tiene la finalidad de redimir la controversial figura de Bernardo de Monteagudo, analizar la consecuente política antiespañola y el injusto secuestro de bienes durante el Protectorado (1821 – 1822).

2. BERNARDO MONTEAGUDO: IN MEMORIAM DEL “FRENÉTICO REPUBLICANO”

¿Quién es este personaje? ¿Cuál es su importancia? Este apartado tiene el objetivo de esclarecer estas dudas.

Antes de empezar, es importante comentar que en la serie “El Último Bastión”, se presenta a Monteagudo como un fiel asesor de San Martín y creyente del éxito de una monarquía constitucional en el Perú. Una persona a quien se le puede adjudicar la archiconocida frase de Maquiavelo: “El fin justifica los medios”, pues se evidencia que sus ansias por el poder lo llevan a cometer una concatenación de irregularidades. Para quienes han tenido la oportunidad de ver la serie o han leído sobre este personaje, saben el trágico final que le depararon sus acciones el 28 de enero de 1825[1]. Pese a que, en la serie, retratan aspectos importantes de este personaje, es factible afirmar que existen algunas lagunas o vacíos sobre su rol predominante en la independencia del Perú y la influencia de su pensamiento político en la sociedad peruana.

En primer lugar, Bernardo de Monteagudo, nació en 1790, en el seno de una familia humilde, sin embargo, tuvo la suerte de estudiar en la universidad de Chuquisaca en 1808, obteniendo el grado de maestro y doctor en leyes. Su actuación política inició el 25 de mayo de 1809, donde participó activamente en el pronunciamiento patriota de Chuquisaca. En 1911, se incorporó al ejército libertador y fue nombrado auditor de guerra y secretario del libertador Castelli.[2]

Entre 1811 y 1812, Monteagudo realizó su primera aparición en el debate político e ideológico, a través de sus escritos en los periódicos Mártir o libre y en La gaceta de Gobierno, donde empezaron a distinguirlo como “El Frenético Republicano”, debido a sus radicales ideas democráticas y su intensa campaña de agitación revolucionaria a favor de la instauración de repúblicas democráticas.[3] En la siguiente reflexión de Monteagudo, publicada en La Gaceta de Buenos Aires en 1812, demuestra un carácter impetuoso, una ilimitada preocupación por concebir un modelo de gobierno idóneo y la desesperada búsqueda del método correcto que guíe su pensamiento y accionar político:

“El estado actual de los acontecimientos, y acaso mi propia complexión dispuesta más bien a meditaciones sombrías que ha discursos enérgicos, me ha estimulado en estas últimas noches a sepultarme en el silencio de mi alma, variar el plan de mis ideas, concebir nuevos proyectos, poner un paréntesis a mis observaciones, y buscar en la historia de lo pasado las reglas menos equívocas, los principios mas seguros y las máximas eternas que fijan la suerte de los imperios y descubren en la ruina de los que preceden las causas del esplendor o desolación de los venideros […] ¿Pero qué método seguiré y en qué lenguaje hablaré para obrar con más acierto?”[4] (el resaltado es nuestro)

Es necesario mencionar que, entre 1815 y 1817, Bernardo de Monteagudo adquiere experiencia y nuevos conocimientos, mediante sus viajes a Europa y Estados Unidos, los cuales – más tarde – determinarían su pensamiento político. En efecto, fue un crítico observador de la coyuntura político-social de aquella época, por ejemplo, de la reacción monárquica de la Santa Alianza, las reformas napoleónicas, la hegemonía inglesa, el sistema de gobierno federal norteamericano, entre otros. De modo que, cuando retorna a América, se integra al ejército libertador del sur y, en virtud de su enérgica personalidad y conocimientos foráneos, se incorpora al círculo de asistentes más cercanos de Don José de San Martín. [5]

Uno de los acontecimientos más importantes, durante estos años, en la vida de nuestro personaje, fue la simbólica muerte del “Frenético Republicano” – denominación que reputaba anteriormente por su vehemente republicanismo -, en otras palabras, se revela que su pensamiento político experimentó una metamorfosis:

[…] mis enormes padecimientos por una parte, y las ideas demasiado inexactas que entonces tenía de la naturaleza de los gobiernos, me hicieron abrazar con fanatismo el sistema democrático. […] de los periódicos que he publicado en la revolución ninguno he escrito con mas ardor que Mártir o Libre que daba en Buenos Aires […]. Ser patriota sin ser frenético por la democracia era para mi una contradicción, y este era mi texto. Para expiar mis errores, yo publique en Chile en 1819, El Censor de la Revolución. Ya estaba sano de esa especie de fiebre mental que casi todos hemos padecido. Y desgraciado el que con tiempo no se cura de ella […] [6] (el resaltado es nuestro)

En concreto, Monteagudo se encontraba fervientemente convencido de que no podían imitar un modelo occidental repúblicano en América, lo cual implicaba la presencia de una soberanía popular y activa democracia. Por el contrario, se inclinaba a motivar el estudio de las particularidades de nuestra historia política para convenir el modelo de gobierno más idóneo. Esto no significaba que se debía continuar con el antiguo régimen colonial, más bien, el objetivo era encontrar un balance acertado a la época y sociedades en proceso de ser descolonizadas.[7] A continuación, el testimonio del propio Monteagudo:

[…] a nadie es dado predecir con certeza la forma estable de nuestras futuras instituciones, pero si se puede asegurar sin perplejidad que la América no volverá jamás a la dependencia del trono español […] Tendremos leyes propias que protejan nuestros derechos, gozaremos de una constitución moderadamente liberal, que traiga al industrioso extranjero y fije sus esperanzas en este suelo. No pretendemos librar nuestra felicidad exclusivamente a una forma determinada de gobierno y prescindiendo de lo que sea […] conocemos por experiencia los males del despotismo y los peligros de la democracia […][8]

2.1 LA INFLUENCIA DE MONTEAGUDO EN EL PERÚ

Monteagudo arriba al Perú con el grado de Coronel y Auditor del Ejército Unido de los Andes y, para ese momento, contaba con 12 años de experiencia política en los diferentes escenarios de las revoluciones de América y siendo espectador de inusitadas transformaciones políticas. Así lo especifica, el propio Monteagudo, en uno de sus escritos:

 […] cuando llegó al Perú el Ejército Libertador, mis ideas estaban marcadas con el sello de doce años de revolución, los horrores de la guerra civil, el atraso en la carrera de la independencia, la ruina de mil familias sacrificadas por principios absurdos, en fin, todas las vicisitudes de que había sido espectador o víctima, me hacían pensar naturalmente, que era preciso precaver las causas de tan espantosos efectos […][9]

Este particular personaje, sostuvo un intenso debate sobre la forma de gobernabilidad del Perú y realizó un esfuerzo por repensar el mejor modelo que se adaptara a su realidad política, dejando de lado los tradicionales modelos y esquemas de sociedades occidentales que muy poco o nada tenían que ver con la realidad política de un país que se caracterizaba por el dominio del sistema colonial español. Ello se evidencia en el siguiente testimonio:

[…] los que creen que es posible aplicar al Perú las reformas constitucionales de Norteamérica ignoran u olvidan el punto de donde ambos países han partido […] las mismas diferencias de circunstancias existe entre el Perú y los Estados Unidos, que entre la Inglaterra y España de que antes dependían […][10]

Es preciso mencionar que, frente a la llegada del ejército libertador (conformado por tropas argentinas y chilenas) al Perú, existió una inusitada confrontación política entre patriotas y realistas, puesto que los habitantes del Perú no poseían una conciencia social firme, es decir, no estábamos ante la presencia de personas que ansiaban, férreamente, independizarse de los españoles.[11] Así pues, Simón Bolívar indica lo siguiente:

[…] la lucha en el Perú no es común […] no era guerra de conquista o gloría, sino enteramente de opinión […] de que me serviría Lima, si sus habitantes fueran hostiles en opinión política […][12]

Un dato relevante, durante ese contexto, es que en Lima predominaba una significante cantidad de aristócratas y españoles, cuyos intereses se enfrentaban a los de clase emergente de comerciantes de las otras regiones del país y a los de la clase baja o popular de la urbe, la cual experimentaba un reciente despertar cívico, ante los abusos del régimen español y la propaganda independentista.[13]

Desde el punto de vista de Monteagudo, la sociedad peruana carecía de ciudadanía, pues las diferentes contradicciones y desigualdades entre clases sociales impedían la representación de un interés común. Del mismo modo, sostenía que, para obtener dicha ciudadanía, los habitantes del Perú debían ser propietarios de bienes productivos, porque, solo así, los propietarios podrán formular normas económicas que velen por la protección y el crecimiento de sus bienes, un aspecto que – al fin y al cabo – sería de interés público. [14]

En efecto, ese era un principio fundamental de su pensamiento político que defendía sin miramientos, debido a que estaba convencido de la necesaria redistribución de la propiedad, orientada en los azotados por la desigualdad socio-económica y con un debido apoyo estatal. Un claro ejemplo de ello, que se puede visualizar en la serie, es la manipulación de las elecciones del primer Congreso Constituyente, pues Monteagudo intentaba evitar una mayoría republicana, la cual se oponía a su pensamiento político y – por ende – a la redistribución de la propiedad.[15] Uno de los comentarios de Monteagudo que retrata su rechazo a la formación de una sociedad republicana, es el siguiente:

[…] las relaciones que existen entre amos y esclavos, entre razas que se detestan y entre hombres que forman tantas subdivisiones sociales, cuantas modificaciones hay en su color, son enteramente incompatibles con las ideas democráticas […][16]

3. ¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?

Una vez internalizados los hechos precedentes, es factible explicar la fuerte represión hacia los españoles durante el gobierno del Protectorado, traducida en la expulsión y confiscación de sus bienes. En concreto, a causa de la fragmentada sociedad, era necesaria una política del gobierno, que tuviera la finalidad de unificar un frente opositor a los realistas.[17] Cabe resaltar que, durante el Protectorado, San Martín formuló “El Estatuto Provisional de 1821”[18], al igual que “El Reglamento Provisional”[19], que rigieron hasta la entrada en vigencia de la Constitución de 1823.

3.1 El CONTEXTO SOCIAL DE LA ETAPA DE MAYOR REPRESIÓN A LOS ESPAÑOLES

A saber, los peninsulares fueron los principales afectados, debido a que el Estado ordenó la confiscación de los bienes de las personas contrarias a la emancipación. Este proyecto fue liderado por Bernardo de Monteagudo, quien inspiró la exaltación social de la clase popular, a través de severas y excesivas medidas que perjudicaban a los españoles. [20]Sin embargo, esto no fue motivado por intereses personales, más bien, era parte de un plan enfocado en erradicar el problema principal, esto es, la gran brecha de desigualdad entre castas y etnias. 

[…] Sugerí medidas de severidad, y siempre estuve pronto a apoyar, los que tenían por objeto disminuir su número, y debilitar su influjo público y privado. Este era mi sistema y no pasión: yo no podía aborrecer a una porción de miserables que no conocía, y que apreciaba en general, por que prescindiendo de los intereses de América, es justo confesar que los españoles tienen virtudes eminentes, dignas de imitación y de respeto […][21]

Asimismo, durante el Protectorado, los patriotas formaron alianzas con los esclavos e indígenas, puesto que ofrecían la libertad a los defensores de la patria, es decir, a quienes se enrolaran en el ejército libertador.[22] En resumen, esta política, basada en la exaltación de las emociones de todo aquel sometido al régimen español, estuvo orientada a aumentar el resentimiento y odio a los españoles.

Ulteriormente, la llegada de Don José de San Martín ocasionó un revuelo y temor entre las clases más acomodadas, de modo que muchos optaron por emigrar. No obstante, San Martín consideraba, al comienzo, que se debía proteger a la fuerza productiva, es decir, a los españoles. Es así que, el 18 de julio de 1821, “El Protector” firmó el decreto que sustentaba la concesión de un plazo de quince días a los peninsulares emigrados, con la garantía de que, al retornar a sus hogares, sus bienes “no se verían expuestos”. En ese sentido, para regular la cantidad de personas que regresaban a sus viviendas, se creó una Comisión compuesta por el comandante general de artillería don Manuel Borgoño, el doctor don Manuel de la Fuente Chávez (que luego sería juez privativo de Secuestros) y don José Ignacio de la Rosa.[23]

3.2 EL SECUESTRO DE BIENES (1821 – 1822)

Otro fue el caso de los españoles que se habían escondido o refugiado en conventos, abandonando sus actividades con el consecuente perjuicio económico. Por ello, “El Protector” ordenó que toda casa, tienda o bodegón perteneciente a españoles que en el plazo de tres días no se abriera “se reputaría como bien del Estado”. Esta fue la primera medida de secuestro de bienes o propiedades. A partir de ese momento, era frecuente encontrar diversas denuncias hacia españoles fugados o en contra de la Patria y, particularmente en este caso, toda persona que denunciara a quienes incumplían dicho decreto, recibiría la tercera parte de los bienes del denunciado, “libre de temor de que aparezca su nombre”[24]

Se puede evidenciar que, el beneficio de los denunciantes era extremadamente elevado y la buena fe que se les imputaron fue inconmensurable. Por este motivo, muchas denuncias fueron falsas o manipuladas, con el propósito de que los denunciantes se vean beneficiados- económica y socialmente- de esta maquinada estrategia.[25]

En la serie “El Último Bastión”, se denota la confiscación de la pulpería de “Don Germán”, un ferviente realista que odiaba a los patriotas; al igual que la transferencia del título de la propiedad a dos hombres, haciéndose llamar defensores de la patria, que formaron parte del ejército libertador. Así pues, como intercambio a su participación en la lucha patriota, el Estado les concedió una de sus propiedades – secuestrada, de manera arbitraria, a un “enemigo del Estado”-. Este hecho es un claro ejemplo de la nefasta situación de muchas familias españolas que perdieron su sustento económico durante la etapa del Protectorado.

Cabe señalar que, la radicalización de la postura del gobierno contra los españoles alcanzó su auge hacia los últimos meses de 1821, ya que a través de un decreto del mes de agosto, se procedió a expulsar a los españoles que no hubiesen obtenido la carta de naturaleza, bajo pena de confiscación de la mitad de sus bienes.[26] En efecto, esta carta implicaba la permanencia de los españoles en el Perú, así como de sus bienes, sin embargo, la ratio legis de este decreto fue la determinación clara de dos tipos de personas, I) los amigos o II) los enemigos del Estado.

Es así que, la represión creció exponencialmente, encabezada por Bernardo de Monteagudo, porque -muchos historiadores sostienen que- San Martín cedió ante la voluntad de su ministro en medidas que condujeron a destierros y pérdida de bienes de muchos españoles. Cabe mencionar, como dato curioso, que se le atribuye la obra normativa del Protectorado (El Estatuto, el Reglamento y los decretos) a Bernardo de Monteagudo. Aunque no existe un completo consenso entre los historiadores sobre lo mencionado, es innegable la influencia que ejerció su pensamiento y proyecto político en San Martín.[27]

Entre julio de 1821 y 1822, se realizaron una cuantiosa cantidad de delaciones ante la Comisión de Secuestros, el Juzgado de Secuestros y hasta el propio San Martín. Aunque no se sabe el número con exactitud, se encuentra registrado que en 1821 se habían producido no menos de ciento cincuenta, siendo este el periodo de mayor actividad [28] En ese sentido, los principales perjudicados fueron los comerciantes (merceros, almaceneros, boticarios, panaderos, libreros, tenderos o dueños de cajones) y los militares (capitanes de milicias, oficiales de artillería, brigadieres, coroneles, cabos y soldados voluntarios) y en menor medida, los miembros de la administración, eclesiásticos, esposas de migrados –casi siempre militares–, propietarios de haciendas, algún que otro criollo alistado en el ejército realista, nobles o extranjeros –genoveses, portugueses–.[29]

Las denuncias estuvieron marcadas por una serie de abusos por parte de las autoridades, debido a que existen testimonios de falsas delaciones. Por ejemplo, se realizaron falsas delaciones a españoles que no se encontraban en Lima por motivos de trabajo y, en general, ajenos a su inclinación política. En este sentido, la documentación habla del “espíritu de malevolencia” presente en las acusaciones falsas cuya finalidad primaria era la de recibir el beneficio económico que el Estado les prometió. También, estas irregularidades se cometieron antes de realizar el proceso formal de denuncia ante el Juzgado o Comisión de Secuestros, a saber, muchos denunciantes robaban la mercancía de las viviendas de los peninsulares, antes de que las autoridades hayan realizado un inventario de los objetos de valor.[30] Este fue el caso de Mariana Ureta, quien elevó un oficio al juez de secuestros en el que exponía que:

[…] antes de verificarse el secuestro judicial de mi casa se extrajeron de ella algunos muebles por los comisionados de esta municipalidad que lo fueron don José Duran, don José Puentes, Juan Menacho y don Juan Manuel Campoblanco.

Si bien el proceso acabó siéndole favorable, durante el año 1826 continuaba reclamando aquellos bienes tomados por los agentes [31]

4. CONCLUSIONES

  • A pesar de que en la serie “El Último Bastión” se refleja a un Bernardo de Monteagudo ansioso por el poder y completamente desligado de la causa patriota, es pertinente mencionar que este fue un personaje complejo y su importancia es mayor a lo que podemos observar a través de la pantalla.
  • En efecto, el gran mérito de Monteagudo fue su preocupación por el estudio de las particularidades de nuestra historia política, con el propósito de elegir el mejor modelo de gobierno que se adapte a la realidad social peruana. Por ende, consideraba erróneo copiar un modelo de gobierno extranjero, cuya eficacia era nula en países dominados por un sistema colonial.
  • La política antiespañola y, en específico, el secuestro de bienes se enfocó en exaltar un sentimiento común entre las clases populares, los esclavos e indígenas, esto es, el resentimiento y odio hacia los españoles. El gobierno proteccionista necesitaba un respaldo ante el bando realista, por tanto, tuvieron dos opciones: 1) eliminar el número de españoles o 2) lograr que los españoles se adhieran al gobierno.
  • Asimismo, el secuestro de bienes incentivó la participación política (mediante las delaciones o denuncias) y la reducción de la brecha social entre las distintas castas y etnias que poblaban el país.
  • Es preciso enfatizar que, si bien las confiscaciones de bienes constituyeron medidas injustas y desproporcionadas para los españoles, la ratio legis fue la salvaguardia y adhesión al gobierno del Protectorado.
  • Sin embargo, las delaciones no fueron el producto de un amor a la Patria, sino que – en su mayoria – prevalecía un interés económico sobre «el patriota», ya que el Estado salvaguardaba la identidad de los denunciantes y los premiaba mediante la donación de una parte de los bienes confiscados. Este «espíritu malévolo” de los denunciantes regía a la luz del día y permanece en nuestra época – traducida como la viveza del peruano-.
  • Ciertamente, no justificamos las injustas confiscaciones de propiedades, pero valoramos el gran esfuerzo de Monteagudo por intentar construir un gobierno idóneo a la realidad social peruana, a través del estudio de nuestra historia política.
Breve reflexión sobre el contexto actual
  • Hace unos días, los resultados de la ONPE indicaron que uno de los candidatos presidenciales que pasará a la segunda vuelta electoral es Pedro Castillo Terrones, un profesor, rondero, dirigente sindical y político peruano de izquierda conservadora radical. Esta noticia fue sorprendente para muchos sectores del país, pero impactó sobremanera en la ciudad de Lima. Los ciudadanos de la urbe habían ignorado la gestión de la popularidad de este candidato en las regiones de la sierra peruana, es decir, subestimaron a este candidato por su vestimenta, manera de hablar y clase social, lo que nos lleva a reflexionar lo siguiente: ¿Acaso no hemos aprendido nada sobre nuestro pasado?
  • Entre 1821 y 1822, existía una gran brecha de desigualdad entre los aristócratas, los criollos y las clases populares; no existía un nacionalismo común y se vulneraban los derechos fundamentales de las personas que pertenecían a las últimas escalas sociales. Lamentablemente, somos el reflejo de la sociedad peruana de hace 200 años.
  • Es por ello que, uno de los pilares de Monteagudo que deberíamos rescatar es el estudio de nuestra historia – las particularidades politicas y sociales que nos caracterizan como país -, esto es, realizar un análisis sobre los problemas que observamos de manera cíclica y, por consiguiente, reflexionar y encontrar soluciones eficientes. Así pues, estaríamos más cerca de la prevalencia de un nacionalismo peruano que nos permita la existencia de mayor solidaridad y menor desigualdad en nuestro país.

[1]https://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2017/06/20/opinion/OPIN-03.html

[2] Montoya, Gustavo. “IV. Pensamiento político de Bernardo Monteagudo: Entre el autoritarismo y la democracia”. La independencia del Perú y el fantasma de la revolución. By Montoya. Lima: Institut français d’études andines, 2002. (pp. 152-188) Web. <http://books.openedition.org/ifea/4185>.

[3] Ibid, párrafo 17

[4]  La gaceta de Buenos Aires del 28 de marzo de 1812 citado en Montoya, Gustavo. “IV. Pensamiento político de Bernardo Monteagudo: Entre el autoritarismo y la democracia”

[5] Ibid, p 41-44

[6] En Monteagudo. J. B. (1823). Memoria sobre los principios que seguí en la administración del Perú y acontecimientos posteriores a mi separación. Url:http://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/172102, p. 14.

[7] RODRÍGUEZ LA TORRE, E. J. (2011). Bernardo Monteagudo y el Perú: aproximación a su pensamiento. Tesis (Lic.) — Pontificia Universidad Católica del Perú. Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Mención : Historia, 2011.

[8] Monteagudo, Bernardo (1916) Obras políticas [Texto impreso]. Buenos Aires : Librería La Facultad, de Juan Roldán

[9] En Memoria. Ob. Cit., p. 10.

[10] Ibid, p. 5.

[11] Martínez Riaza, Ascensión (2017) El peso de la ley: la política hacia los españoles en la independencia del Perú (1820-1826).  Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Url: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc9k6d5

[12] C.D.I.P. T. XII. Vol. 1, p. 128 citado en Montoya, Gustavo. “IV. Pensamiento político de Bernardo Monteagudo: Entre el autoritarismo y la democracia”. La independencia del Perú y el fantasma de la revolución.

[13] Martínez Riaza, Ascensión (2017) El peso de la ley: la política hacia los españoles en la independencia del Perú (1820-1826).  Alicante : Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Url: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmc9k6d5

[14] Montoya, G. 2002. IV. Pensamiento político de Bernardo Monteagudo: Entre el autoritarismo y la democracia. In La independencia del Perú y el fantasma de la revolución, p. 79-81

[15] Ibid. p. 82-84

[16] En Memoria. Ob. Cit., p. 9.

[17] AMADORI, ARRIGO. Tendrá la patria el consuelo de gozar de dichos bienes. Denuncia y secuestro de las propiedades de los españoles migrados de Lima (1821-1822). Vaivenes del destino: migrantes europeos y latinoamericanos en los espacios atlánticos: Madrid, Polifemo, 2014, pp. 181-224.

[18] Ver más en http://www.congreso.gob.pe/Docs/sites/webs/quipu/constitu/1821b.htm

[19] Ver más en http://www.congreso.gob.pe/Docs/sites/webs/quipu/constitu/1821a.htm

[20] Martínez Riaza, Ascensión (2017) El peso de la ley: la política hacia los españoles en la independencia del Perú (1820-1826).

[21] En Memoria. Ob. Cit., p. 9.

[22] Gálvez Montero, José Francisco (1996) Las bases del Estado Peruano y el proceso de independencia. Tesis doctoral. Universidad Complutense de Madrid Facultad de Geografía e Historia Departamento de Historia de América, p.40.

[23] Martínez Riaza, Ascensión (2017) El peso de la ley: la política hacia los españoles en la independencia del Perú (1820-1826), p.74.

[24] Ibid, p.75.

[25] AMADORI, ARRIGO. Tendrá la patria el consuelo de gozar de dichos bienes. Denuncia y secuestro de las propiedades de los españoles migrados de Lima (1821-1822) p. 197.

[26] Ibid, p. 190

[27] RODRÍGUEZ LA TORRE, E. J. (2011). Bernardo Monteagudo y el Perú: aproximación a su pensamiento. Tesis (Lic.) — Pontificia Universidad Católica del Perú. Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Mención : Historia, 2011, p. 111.

[28] Véase: AGN, RPJ, Secuestros, 466, expedientes 79, 84, 89 y 99 y AGN, RPJ, Secuestros,

[29] Ibid, p.196

[30] Ibid, p.197

[31] Oficio de Mariana Ureta al Juez de Secuestros, Lima, 23/VIII/1826 (AGN, RPJ, Secuestros, 473).

1 COMENTARIO

  1. He visto el Ultimo Bastión en Netflix y su ensayo me parece sumamente ilustrativo para develar la verdad histórica subyacente en la película.
    Excelentes reflexiones…»Entre 1821 y 1822, existía una gran brecha de desigualdad entre los aristócratas, los criollos y las clases populares; no existía un nacionalismo común y se vulneraban los derechos fundamentales de las personas que pertenecían a las últimas escalas sociales. Lamentablemente, somos el reflejo de la sociedad peruana de hace 200 años»…..como que es la repetición de condiciones similares en otra voluta de la espiral histórica.
    Me gustó!

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