Por Rafaela Ojeda Villamar, Investigadora del Observatorio Inmobiliario Mercantil – OIM

“Es tan absurdo pretender que una máquina puede resolver los problemas fundamentales del hombre (…) como creer que la moderna tecnología no puede ayudar al hombre en resolver sus problemas” (de Trazegnies 2013: 129).

Introducción

En el presente trabajo abordaremos el significado del posible y futuro uso de la tecnología conocida como “Inteligencia Artificial” en los procesos  arbitrales. 

El objetivo principal de esta investigación es acercar al lector a la Inteligencia Artificial, tecnología que no es extraña a nuestra vida; pero que en el mundo del Derecho puede generar cierto rechazo por diversos motivos: como la automatización de la profesión, la creencia de la solución mágica o los posibles errores, entre otros temores. Asimismo, nuestro segundo objetivo es el colaborar con la investigación sobre el Derecho y ayudar a difundir la información necesaria para realizar en nuestro continente, en nuestro país, la cuarta revolución industrial, la Tecnológica.

Primero, es adecuado contextualizar al lector sobre esta, relativamente nueva, tecnología y el proceso arbitral.  Luego, profundizaremos sobre la posible aplicación de la Inteligencia Artificial e implicancias que esto tendría en el arbitraje.  Después, presentaremos algunas experiencias cercanas a nuestro país.  Finalmente, nuestras conclusiones.

¿Qué es la AI y el Arbitraje?

La Tecnología de la Inteligencia Artificial, o por sus sigas en inglés Artificial Intelligence (AI), es comprendida como el desarrollo de máquinas capaces de realizar procesos humanos, a nuestra imagen y semejanza. Su definición puede cambiar de acuerdo con el campo de investigación. Los complicados algoritmos programados para el uso de estas máquinas les permite realizar razonamientos complejos respecto de patrones, almacenar enormes cantidades de información, realizar procesos complejos, y/o aprender.  No obstante, de acuerdo con George M. Whitson, es importante recordar que los programas, máquinas y modelos desarrollados por científicos de la computación, ingenieros de sistemas, y científicos cognitivos, no tienen realmente una inteligencia humana; pero, exhiben un comportamiento inteligente (2020: s/p). Es por lo anterior que para su funcionamiento es necesario considerar a los seres humanos que las crean y monitorean su proceso de aprendizaje y funcionamiento. 

Una definición más académica de la Inteligencia Artificial es la que podemos obtener de Danièle Bourcier, “las investigaciones y las aplicaciones que tienen como objetivo dotar al ordenador de capacidades habitualmente atribuidas a la inteligencia humana (razonamiento, toma de decisiones, etc.) y simularlas en un ordenador” (2006: s/p).  Comercialmente esta tecnología es usada comúnmente. Por ejemplo, el sistema de recomendaciones y de YouTube, los asistentes Siri y Alexa de Apple y Amazon o el ChatBot Tay de Microsoft. La idea detrás de estos programas es que los mismos puedan retener información, procesarla y apoyar mejor al usuario, a fin de que este tenga mayores índices de productividad, sea el uso que desee el usuario darles. 

Una categoría de esta tecnología es la de los Sistemas Expertos, mismos que son usados incluso desde la década de los setenta. Estos sistemas son capaces de aprender a través de las diversas experiencias y estímulos a los que pueden ser sometidos. De acuerdo con Elizabeth Mohn, los Sistemas Expertos poseen una Base de Conocimiento, donde contienen información respecto de un tema; un grupo de Reglas, o algoritmos, que permiten que el sistema evalúe la información contenida y responda ante los pedidos del usuario; y una Interfaz del Usuario, que hace posible que el ser humano interactúe con la máquina, ingresando la información que requiera y obtenga los resultados deseados, usualmente de simple o intuitivo uso (2020: s/p).  

Es interesante considerar que este tipo de sistema ya había sido soñado por Isaac Asimov, autor ruso-estadounidense considerado como el padre de la robótica.  Él, en su cuento “La Última Pregunta” (1956), imaginó la computadora Multivac, que contaba con un sistema operativo completamente autónomo y artificial, capaz de razonar, conducirse y generar sus propios criterios y valoraciones.  En otras palabras, lo que hace 65 años era tan solo una mera ficción, hoy es usado comercialmente y con incuestionable éxito todos los días por millones de personas en el mundo. 

Por su parte, el arbitraje puede ser definido de una manera simple como un medio de solución de controversias alternativo a la vía ordinaria, es decir, al Poder Judicial. En el cual las partes  designan a uno o varios terceros independientes e imparciales respecto de las partes y entre ellos, mismos que estarán facultados para resolver las controversias, y que al final emitirán un laudo arbitral, documento ejecutable y que da por resulta la controversia puesto que vincula a las partes. No obstante, es preciso adentrarnos  ligeramente en este concepto, a fin de poder comprender por qué es posible y recomendable el uso de esta Tecnología en el proceso.  El inciso 1 del artículo 139 de la  Constitución indica que uno de los principios y derechos de la función jurisdiccional es la unidad y exclusividad de la función jurisdiccional. Siendo así que no pueden existir jurisdicciones independientes, con excepción de la militar y la arbitral. Esta naturaleza excepcional y privada del arbitraje ha conducido a la doctrina a comprender la función jurisdiccional de una manera más flexible (Bustamante 2013: 393).  De acuerdo con el Tribunal Constitucional, la función jurisdiccional requiere de cuatro elementos para ejercerse: “a) un conflicto entre las partes; b) interés social en la composición del conflicto; c) Intervención del Estado mediante el órgano judicial, como tercero imparcial; d) aplicación de la ley o integración del derecho” (2006: 9). Podemos observar, en la misma línea del Tribunal Constitucional, que estos cuatro requisitos se encuentran presentes en lo que entendemos por jurisdicción arbitral, siendo que, por el ejercicio de la función, los árbitros son vinculados a todos los principios y preceptos del ordenamiento, de la misma manera que los jueces. Es así que lo entendemos una vía alternativa a la ordinaria, con un ejercicio del poder sujeto tanto al derecho privado como al orden constitucional.

En nuestro país son arbitrables las controversias sobre derechos de libre disposición, y las que la ley o los tratados y acuerdos internacionales autoricen, de acuerdo con el inciso 1, artículo 2 de la Ley de Arbitraje (DL 1071). Finalmente, y de acuerdo con César Guzmán-Barrón, el arbitraje presenta ciertas ventajas frente a la vía ordinaria, como la celeridad del proceso (en comparación), la inmediación del árbitro respecto de la controversia, la flexibilidad del proceso, y la especialización del juzgador respecto de la materia controvertida (2017: 39).

¿Es viable aplicar la AI al Arbitraje?

El sistema experto que considero debe de diseñarse se acerca a la idea de Bourcier, autora que  elaboró sobre “una máquina capaz de proporcionar una respuesta exacta a un problema, y no solo un conjunto de informaciones sobre un problema” (2006: 20).  Ella indica que esta debe tener la capacidad para presentar ante el usuario dos tipos de respuestas: una, resultado de un cálculo en función de un concepto en específico sobre el que el usuario haya inquirido; y otra, que sea consecuencia de considerar la totalidad del sistema jurídico (normas, jurisprudencia y doctrina, tanto nacional como extranjera), el contexto de la problemática y se presente como una solución compleja y completa (2006: s/p). Por esta razón, no será adecuado que sea una rama del Derecho en específico, como la civil, la que se concentre en el proyecto. Es necesario que distintas especialidades se vinculen al sistema, a fin de darle la amplitud de conocimientos necesaria para que el mismo pueda operar lo más eficientemente, reduciendo la posibilidad de error a un mínimo posible (Susskind citado en Bourcier 2006: s/p).  

Es así que el sistema, en función de investigaciones, jurisprudencia, precedentes vinculantes, normativa nacional e internacional, “estadísticas, modelos, “casos ejemplares”, y estructuras de argumentos [contradictorios u orientados por los precedentes” podrá razonar, como lo haría un experto jurista, sobre los casos y consultas realizadas por el usuario, a fin de que produzca soluciones que sean lo más adecuadas posibles a la controversia (Bourcier 2006: s/p). Es decir, el usuario podrá realizar una consulta y el AI le responderá después de haber analizado todo el sistema jurídico. 

Esta tecnología, como la describe Bourcier, puede presentarse en dos modelos distintos. De acuerdo con Dymitruk, el sistema experto puede ser totalmente independiente o ser un apoyo para el juzgador (2019: 29). En ambos casos debe de considerarse su compatibilidad con los marcos legales que regulan el proceso arbitral, a fin de no crear mayores conflictos en su implementación. Nosotros nos declinamos por el segundo modelo, en tanto no creemos posible ni correcta la completa automatización del rol del árbitro. 

Lamentablemente aún no es una realidad que el uso de estos sistemas haya tomado el rol del juzgador; pero, existen avances que nos hacen creer que no estamos lejos. En Estonia, por ejemplo, ante la creciente carga procesal y a fin de acelerar el tiempo de respuesta, han designado a un sistema experto para que haga las funciones de juez en controversias respecto de deudas menores a 6400 euros (Tal Tech 2020: s/p). Nosotros consideramos que el sistema debe de ser una herramienta porque la otra opción tiene muchos anticuerpos en nuestra doctrina y pondría en peligro la implementación de las nuevas tecnologías en el sistema de justicia.

Para su aplicación será necesario considerar en todo momento que estos medios se limitan a darle al usuario una posible solución que no necesariamente debe ser la final o de obligatorio cumplimiento por parte del juzgador. Es decir, que el árbitro puede apartarse de la misma sin problemas, en tanto se confía que su criterio sea el mejor para la resolución del conflicto que se le ha encomendado. Es por este motivo que consideramos necesarios los modelos de respuesta que puede ingresar el usuario al sistema experto, evaluando la satisfacción de su conclusión: completamente correcta, parcialmente correcta o enteramente incorrecta (Dymitruk 2019: 29).  

Esto es importante de considerar porque, y como explicaremos más adelante, por muy avanzado tecnológicamente que pueda ser el sistema experto de inteligencia artificial a utilizar, el mismo no es más que una máquina programada para imitar procesos cognitivos y de comportamiento humano, como lo es razonar, aprender y valorar. Esto no significa que la máquina, como ya mencionamos, esté razonando como su fuera un ser humano; aunque su capacidad de almacenamiento de información y procesamiento de la misma pueda ser infinitamente mayor, esto no equivale a que la misma pueda comprender todas las aristas que sí podría realizar una persona. Por ejemplo, por muy minucioso que sea el análisis que la máquina realice, porque está programada para hacerlo así, no podrá tomar en cuenta sutilezas que quedan en responsabilidad del árbitro como el contexto, lenguaje no verbal, relaciones interpersonales o dinámicas entre las partes.  

Respecto de esto, debemos de recordar a Nieva Fenoll, quien indica que aunque la inteligencia artificial y, en general, las tecnologías podrán “ayudar en algunos aspectos de la elaboración de la resolución, pero no en todos ellos, no siempre y ni siquiera de manera completa, pero tampoco despreciable” (citado por Campos 2019: 522).  Es decir, la inteligencia artificial, aunque muy precisa pueda ser en su análisis, no es finalmente el tercero elegido para dirimir respecto de una controversia, ese es el árbitro. Es, en todo momento, una mera herramienta para el sujeto que deba de resolver el problema. Esto es interesante porque su presencia claramente reduce el margen de error, pero la presencia del juzgador permite que se presente, como es natural en el proceso (no deseado, pero inevitable).  

En resumen, de acuerdo con Santiago Campos, “las sentencias futuras quizá no estarán realmente mejor razonadas que ahora, pero sí tendrán innegablemente mejores posibilidades de estarlo” (Campos 2019: 522). Es decir, está en el tercero y las partes utilizar de la manera más la tecnología para que esta produzca los efectos resultados. Por lo tanto, no deben ni pueden encomendarse absolutamente a ella. 

Entonces, ¿cómo puede aplicarse la Inteligencia Artificial al proceso del Arbitraje? Como una herramienta más. Así como el árbitro cuenta con una aplicación que le permite escribir el documento que finalmente será el laudo y esta cuenta con un sistema de corrección de errores ortográficos y hasta gramáticos, también podría contar con un sistema experto que le permita realizar mejores definiciones conceptuales o analizar el sistema jurídico en su mayor completitud. El objetivo es, por lo tanto, que su laudo sea de la mayor calidad y corrección posible y resuelva el conflicto de la mejor forma posible.

Legislación nacional

Antes de continuar, es necesario observar si existe legislación nacional respecto del tema, a favor o en contra de la aplicación de sistemas expertos en los procesos de arbitraje.

Primero, observamos la ley de arbitraje, el Decreto Legislativo Nº 1071, en la que se establece un concepto de arbitraje, que materias pueden someterse a esta vía, los principios y derechos de la función arbitral, entre otros temas de gran relevancia para este medio de resolución de conflicto. En ningún artículo de esta ley se llega a observar alguna prohibición respecto del uso de nuevas tecnologías durante el proceso. Esto puede deberse a la naturaleza privatista del arbitraje, quizá muy desregulada para el gusto de algunos. En tanto no encuentra una prohibición expresa o que se pueda de inferir de la norma, debemos asumir que podría ser posible. 

Por otro lado, si observamos el Texto Único Ordenado de la Ley Nº 30225, Ley de Contrataciones del Estado, en su Título III, adecuadamente titulado “Solución de Controversias”, tampoco observamos alguna prohibición expresa o posible de inferirse de los artículos en él contenidos. Podemos considerar que esta desregulación se debe a que el Legislador no consideró esta tecnología como útil o una realidad posible de aplicarse al contexto nacional.  La falta de regulación expresa no debe desanimarnos. En todo caso, debemos exigirle al Legislador que se actualice y contemple la posibilidad de aplicar estas herramientas al proceso arbitral.  Consideramos necesario consultar este texto normativo porque, si bien la propuesta puede con mayor facilidad adaptarse a los procesos entre privados, no podemos negarnos a la posibilidad de utilizarlo también para procesos en los que se vea involucrado el Estado. Si fuera así, estaríamos perdiendo la oportunidad de aprovechar sus beneficios en un nivel más amplio.

Experiencias en Latinoamérica 

Antes de concluir este trabajo, nos  gustaría exponer un caso donde se ha aplicado un sistema experto al proceso de administración de justicia, no necesariamente un arbitraje, pero no consideramos que esto lo descalifique. Es el proyecto PROMETEA, la primera inteligencia artificial de Latinoamérica al servicio de la justicia, de acuerdo con sus creadores: Juan Corvalán, Luis Cevasco, Ignacio Raffa y Nicolás Vilella.  

Utilizando la AI en la inteligencia en la interfaz del Ministerio Público de la Ciudad de Buenos Aires se desarrolló el “primer sistema de inteligencia artificial jurídico en Latinoamérica que trabaja con un asistente de voz y permite realizar un dictamen jurídico de manera íntegra” (Corvalán 2018: 303). El autor indica que el sistema PROMETEA permite al usuario utilizar su dispositivo móvil o un chat para realizarle preguntas al sistema y este responder, proveyéndole de normativa pertinente a su caso y luego imprimir el proyecto de respuesta para que sea corregido (Corvalán 2018: 304). Más aún, este sistema es capaz de buscar expedientes y luego “toma la carátula de la página oficial del Tribunal Superior de Justicia de la CABA, y nos ofrece un modelo de la fiscalía con la carátula completa y la temática según se la expresemos” (Corvalán 2018: 304). De acuerdo con Estevez, Linares y Fillottrani, el éxito de a aplicación se debió al 

“proceso global de gestión de la información, que incluyó etapas como la gobernanza de datos, la identificación y medición de procesos, la reingeniería de procesos, el desarrollo de modelos de procesos usando árboles de decisión y de modelos estandarizados de soluciones jurídicas, y la identificación de palabras clave por proceso” (2020: 88).

Además, indican que el beneficio principal es la reducción en el costo de tiempo para la elaboración de dictámenes, lo que se traduce en mayores índices de eficiencia global en la institución (Estevez, Linares, Fillotrtrani 2020: 88).  Asimismo, los autores señalan que el mayor de los riesgos en la aplicación de la AI a los procesos es la amplificación de sesgos existentes en la toma de decisiones, a diferencia de la fe que los reducirían (Estevez, Linares, Fillotrtrani 2020: 89). 

Conclusiones 

Dédalo, antes de partir vuelo con Ícaro, se dirigió a su discípulo y le dijo que no volase muy alto porque el sol podría derretir la cera en sus alas y se precipitaría al mar; pero que tampoco volase tan bajo porque la brisa del mar podría humedecer las plumas y lo arrastraría debajo de las olas. Haciendo un símil con esta antigua historia griega, no debemos “volar tan alto” con los sistemas expertos hasta el punto que su abuso cuestione el papel del árbitro durante el proceso, ni volar tan bajo que su implementación resulte inútil por su mal o nulo uso.  

Debemos siempre recordar que son muy buenas herramientas para el árbitro. Su objetivo es permitirle realizar un mejor análisis jurídico, con una base de datos prácticamente ilimitada y un procesamiento lógico, cuyas conclusiones son coherentes. “El “sistema experto” no nos impone una interpretación determinada (…). Por el contrario, nos libera del prejuicio y de la falta de conocimiento, evita que por falta de formación o experiencia o por el apuro que imponen las urgencias del momento, el juez solo pueda ver un ángulo del asunto cuando existen muchos más” (de Trazegnies 2013: 128). Es decir, las respuestas que el sistema pueda proporcionar al usuario, el árbitro,  son suyas para usar, para mejorar, para corregir. 

No debemos de temer a las “nuevas” tecnologías, el Derecho no puede mantenerse ajeno a la natural evolución del ser humano. Aprovechar sus beneficios depende de los usuarios, así como malgastarlos o inutilizarlos. El abogado no puede continuar considerando a su computadora como una máquina de escribir glorificada, tampoco puede el juzgador pretender que un sistema experto signifique el fin de su profesión, cuando es el futuro de la misma.


Bibliografía:

BOURCIER, Danielè

2006    “Inteligencia artificial y Derecho”. En Vlex. Consulta: 15 de diciembre de 2020.

         https://app-vlex-com.ezproxybib.pucp.edu.pe/#/sources/1332

BUSTAMANTE, Reynaldo

2013 “La constitucionalización del arbitraje en el Perú: algunas consideraciones en torno a la relación del arbitraje con la Constitución, los derechos fundamentales y el Estado de derecho”.  Derecho PUCP. Lima: Fondo Editorial PUCP, pp. 387-411.

https://app-vlex-com.ezproxybib.pucp.edu.pe/#vid/505803846

CÁCERES, Enrique

2007  Justiniano. Un prototipo de sistema experto en materia de derechos humanos, elaborado con base en una concepción constructivista del derecho. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México.

https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/5/2498/3.pdf

CAMPOS, Santiago

2019 “Gestión adecuada y aplicación de las tecnologías en el sistema de justicia civil” Justicia y Proceso en el Siglo XXI, pp. 493-525. Consulta: 16 de diciembre de 2020.

https://app-vlex-com.ezproxybib.pucp.edu.pe/#WW/vid/797856385

CORVALÁN, Juan.

2018 “Inteligencia artificial: retos, desafíos y oportunidades – Prometea: la primera inteligencia artificial de Latinoamérica al servicio de la Justicia”. Revista de Investigações Constitucionais. Volumen  5, número 1, pp. 295-316.

https://dx.doi.org/10.5380/rinc.v5i1.55334

DE TRAZEGNIES

2013 “¿Seguirán existiendo jueces en el futuro?: el razonamiento judicial y la inteligencia artificial”. En Ius Et Veritas, pp. 112-130. Consulta 14 de enero del 2021. 

http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/iusetveritas/article/view/11938

DYMITRUK, Maria

2019 “The right to a fair trial in automated civil proceedings”. En Masaryk University Journal of Law and Technology, pp. 27 – 41. Consulta: 13 de marzo del 2021. 

https://www.researchgate.net/publication/334137722_The_Right_to_a_Fair_Trial_in_Automated_Civil_Proceedings

ESTEVEZ, Elsa; Sebastián  LINARES y Pablo FILLOTTRANI

2020 PROMETEA, transformando la administración de justicia con herramientas de inteligencia artificial [informe]. 

https://publications.iadb.org/publications/spanish/document/PROMETEA-Transformando-la-administracion-de-justicia-con-herramientas-de-inteligencia-artificial.pdf

GUZMÁN-BARRÓN, César

2017 Arbitraje comercial nacional e internacional. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 

http://repositorio.pucp.edu.pe/index/bitstream/handle/123456789/170666/16%20Arbitraje%20comercial%20nacional%20e%20internacional%20con%20sello.pdf?sequence=1&isAllowed=y

MOHN, Elizabeth

2020 “Expert System (artificial Intelligence)”. En SALEM PRESS. Encyclopedia Of Science

http://eds.b.ebscohost.com.ezproxybib.pucp.edu.pe:2048/eds/detail/detail?vid=0&sid=edabd0fb-62e0-461e-b3d6-c9c561e5723a%40pdc-v-sessmgr02&bdata=Jmxhbmc9ZXMmc2l0ZT1lZHMtbGl2ZSZzY29wZT1zaXRl#AN=87321238&db=ers

SOTERO, Martín

2020 “Sistema de Justicia y Fundamentos Constitucionales del Proceso”. Material del curso. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú

TAL TECH

2020 “A robot as a lawyer or even a judge?” Tal Tech. Consulta: 18 marzo del 2021. 

https://taltech.ee/uudised/robot-juristiks-voi-isegi-kohtunikuks

TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

2006 Expediente N.º 6167-2005-PHC/TC. Sentencia: 28 de febrero de 2006. Consulta: 4 de abril de 2021

https://tc.gob.pe/jurisprudencia/2006/06167-2005-HC.pdf

WHITSON, George M.

2020 “Artificial Intelligence”. En SALEM PRESS. Encyclopedia Of Science

http://eds.a.ebscohost.com.ezproxybib.pucp.edu.pe:2048/eds/detail/detail?vid=1&sid=a9ea7035-6dfc-426c-b1c8-54941a8c4adc%40sdc-v-sessmgr03&bdata=Jmxhbmc9ZXMmc2l0ZT1lZHMtbGl2ZSZzY29wZT1zaXRl#AN=89250362&db=ers

Fuente de imagen: Microjuris.com

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here