Kenny Díaz Roncal, profesor de la Facultad de Derecho de la PUCP

El recuerdo del maestro Neves está en imágenes, en frases, en anécdotas que tengo registradas de manera fílmica en el alma. Desde que le conocí hasta la última conversación que disfruté tener con él, en ambos casos hablando de literatura. En cierta medida es un recuerdo vivo. Hoy vinieron a mí, cuatro de los tantos gratos momentos con él. Creo que vale la pena compartirlos, como en la acción poética de Eielson, arrojando pequeños papeles azules con la inscripción “esta hoja de papel azul / es un fragmento del universo”. En cada historia hay un poco de él y de lo mucho que hizo por mí.

  • Sobre la revisión de sentencias

El día en que nos conocimos yo aún estudiaba Periodismo. Coincidimos en un pequeño grupo, una collera improvisada a las afueras del antiguo salón de grados de la Facultad de Derecho. Uno de mis textos había sido publicado en el libro de crónicas de la Facultad de Comunicaciones de la PUCP y él lo había leído. Al poco tiempo decidí cambiarme de carrera y llevé Laboral General con él. En ese trecho, me propuso trabajar en la revisión y clasificación de una serie de sentencias judiciales que tenía apiladas en su antigua oficina del segundo piso de la Facultad. Pensaba actualizar la jurisprudencia que utilizaba para las clases. Asistía asiduamente 2 veces por semana, leía, clasificaba y agrupaba las sentencias en cajas grandes de leche gloria. Tras un par de meses de trabajo, un día llegué a su oficina y no encontré ninguna de las cajas con las sentencias. Cuando logré comunicarme con él me contó que, tras un cómico accidente, todas las cajas habían sido completamente mojadas, no salvándose ninguna sentencia. Más tarde bromearíamos sobre cuál habría sido la causal jurídica que extinguió uno de mis primeros empleos.

  • Sobre la conferencia en Trujillo

En el 2014, un grupo de estudiantes de Trujillo nos invitó a comentar la recientemente emitida ley del servicio civil. La presencia de Javier causó mucho interés en la prensa local. Al final de nuestras ponencias algunos estudiantes nos abordaron requiriendo tomarse fotos con nosotros. Diría con posterioridad: “kennycillo se creía un rockstar”. Luego de presenciar la genuina muestra de afecto de los estudiantes hacia Javier, íbamos de salida y divisamos reporteros, cámaras y micrófonos. Raudamente Javier se abrió paso y logró sacarme una importante ventaja. La prensa se arrojó sobre él pero logró librarse de ella diciéndoles que quien había expuesto había sido yo. Así emprendió camino al almuerzo programado con los estudiantes de la Universidad Nacional de Trujillo, mientras que yo respondía preguntas incómodas sobre la norma que había sido emitida por la entidad en la que trabajaba.

  • Sobre el amor de madre

No hacía mucho que el Centro de Educación Continua de la PUCP había aprobado mi propuesta de curso sobre la ley del servicio civil. Cuando compartí con él mi idea, me dijo que era lo mejor que se me había ocurrido hasta entonces. Dentro del temario incorporé un par de clases dedicadas a la negociación colectiva en el sector público y él aceptó hacerse cargo de dichas sesiones.

Sentados en el café contiguo a la Librería de la PUCP, tomábamos desayuno antes de empezar la clase. Probablemente un sábado de marzo de 2015. Por entonces, mi mamá recibía quimioterapia y, siempre sutil, él se las ingeniaba para preguntar por ella sin llegar a lugares comunes. La conversación decantó en los sacrificios que ambos habíamos presenciado en nuestras madres. En los silenciosos sufrimientos que, muchas veces, libraban para no preocuparnos. Entre otras situaciones, recuerdo que comentó que había sido testigo de afrentas cometidas por hijos a sus madres. Le sorprendía que, a pesar de tales vilezas, no se trastocara el amor incondicional de aquellas.

Arrugando los pliegues de sus párpados, frunciendo sus labios y acercando el índice derecho al rostro, en ese claro gesto suyo que develaba su profundo compromiso en la conversación, terminó diciendo que no había duda acerca de que el amor de una madre a sus hijos es la expresión del amor verdadero. Máxima que, precisó, no funcionaba a la inversa.

  • Sobre las primeras clases como profesor

Sentí un cálido abrazo cuando le escuche decir que también pasó por la misma crisis de ansiedad en su primer ciclo como profesor. Fue el futuro aplacando la tribulación del presente. Me identifiqué cuando dijo que nunca había estudiado tanto como cuando se preparó para dictar sus primeras clases. Es natural que aparezcan dudas y temores, que eventualmente no tengamos alguna respuesta. Adicionalmente a la ardua preparación que debemos tener, el enfoque con el que podemos compensar aquellas situaciones es entendiendo la clase como un escenario en el que alumnos y profesores interactúan, haciendo sinergia y aprendiendo mutuamente. Me contó que tuvo entrañables alumnos que, con posterioridad, se convertirían en sus grandes amigos. Gracias a ellos sus primeros ciclos como profesor fueron menos traumáticos. Sin embargo, nunca dejó de sentir ese nerviosismo previo a cada clase o conferencia. Había que entenderlo como una expresión natural que nos permitía estar más atentos.


Fuente de imagen: puntoedu.pucp.edu.pe

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