Por Guillermo Arribas I., abogado y profesor por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Master en Derecho por Yale Law School, y asociado senior de Payet, Rey, Cauvi, Pérez Abogados.

“No más pobres en un país rico”. Esta frase se ha transformado en un conocido estribillo en los discursos del hoy candidato a la presidencia, el profesor Pedro Castillo. En las arengas el mensaje es claro y sencillo: el Perú es rico, por lo que no deberían existir pobres. De alguna manera una reivindicación popular del dicho de Raimondi, “el Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”. ¿Es esto realmente cierto? 

Hace algunos años estaba en el extranjero haciendo una maestría. En alguna oportunidad discutiendo con una compañera estadounidense surgió esta conversación. A mi explicación de cómo el Perú era un país rico al ser uno de los principales productores de oro, plata y cobre en el mundo, me respondió con un incrédulo, “¿y?, eso no lo hace rico”. La respuesta fue un balde de agua fría. La historia que siempre había escuchado de mis maestros desde chico en la escuela se ponía en duda.

Comencé a investigar, a buscar la explicación a la reacción de mi amiga. El mensaje era claro: los metales que puedes o no tener debajo de la tierra dentro de tu territorio no hacen a un país rico. Rápidamente lo verifiqué.

El producto bruto interno per cápita del Perú en el 2019 fue de USD 6,977.70. Para evitar cualquier confusión conceptual, en especial con lo sensible que viene siendo la economía en estos días, de acuerdo al Ministerio de Economía el producto bruto interno per cápita, o PBI per cápita, en un país es el resultado de dividir el valor monetario de los bienes y servicios finales producidos por una economía en un período determinado (normalmente un año),[1] entre el número total de sus habitantes.[2] En sencillo, este número incluye, entre otros aspectos, todo lo producido en el país (el 100% de lo que producen tanto las mineras, el gas de Camisea, Gloria, el Banco de Crédito, o el bodeguero de la esquina) y lo divide entre todas las personas que vivimos en el Perú.

Siguiendo la lógica del dicho “No más pobres en un país rico”, si hubiese una redistribución absoluta de lo producido en nuestro país, y no se diera un sol al Estado ni a nadie que no sea un ciudadano peruano, cada peruano recibiría al año, sin importar su oficio, profesión o esfuerzo, la suma de USD 6,977.70, lo que nos da un sueldo mensual de USD 581,47. Es decir, a un tipo de cambio, digamos, de S/ 3.7 por dólar, aproximadamente S/ 2,151,43 al mes.

De acuerdo con los indicadores que se usan en el Perú para diagramar los sectores socioeconómicos, con este ingreso mensual, hipotético e imposible porque implicaría que, entre otras cosas, el funcionamiento del Estado no tuviese costo, todos los peruanos estaríamos dentro del sector socioeconómico D, el cual fluctúa entre S/2,480 y S/ 1,300 al mes.[3] Debajo de esta categoría solo tenemos el sector socioeconómico E, que supone ingresos menores a S/ 1,300 al mes.

En sencillo, esto quiere decir que así se repartiera el 100% de lo que produce el Perú cada año, no dejaríamos de tener pobres. Al contrario, todos lo seríamos, y nadie podría dejar de serlo.[4] Es decir, el Perú parecería no ser tan rico después de todo.

La hipótesis de que el Perú no es un país rico se acentúa cuando nos comparamos con otros países. Un país con características similares al Perú, pensando en una economía en dónde la extracción de minerales es clave, sería por ejemplo Chile. No obstante, el PBI per cápita en Chile era en el 2019 USD 14,896.45. Es decir, más del doble que en el Perú.

Ahora pensemos en un país que, bajo la lógica de Raimondi y Pedro Castillo, sería pobre. Un país sin grandes reservas de minerales o petróleo, de pequeña extensión, poca agua, y, encima, ubicado en el desierto. Básicamente la descripción de Israel que, además, vive en constantes conflictos bélicos con sus vecinos: la tormenta perfecta. El PBI per cápita de Israel en el 2019, sin embargo, ascendió a la módica suma de USD 43,582.08. Más de 6 veces del PBI per cápita del Perú, y poco menos de 3 veces el PIB per cápita chileno.

Con estos números parece claro que el Perú tan rico no es, y que cuando Pedro Castillo manifiesta “No más pobres en un país rico”, esconde un problema de estructural en el enunciado: somos un país más bien pobre. La pregunta de fondo es, sin embargo, ¿por qué?

Hay muchas posibles respuestas,[5] pero revisemos un poco de historia. Desde que Pizarro pisó las costas de lo que en mi imaginación fue una virgen playa de Colán en 1528, se inició una transformación a nivel mundial. La corona española encontró los metales preciosos que siempre había querido en las tierras del nuevo Mundo. En los siguientes años, Potosí, que pertenecía al virreinato del Perú, paso a ser el ombligo del mundo por las inmensas cantidades de plata que producía.

Los ingleses al ver esto, aceleraron su búsqueda por un nuevo “El Dorado”, pero nunca lo encontraron. En su lugar, llegaron a unas tierras desocupadas y frías en el norte del continente, bastante inhóspitas por buena parte del año. En el norte, donde hoy se encuentran los Estados Unidos de Norte América, en un inicio solo tenían colonos tratando de sobrevivir.

Con el tiempo las colonias de Norteamérica florecieron, y las de américa del sur se deprimieron. Parafraseando a Adam Smith o Montesquieu, el oro y la plata por sí solos no valen nada. Se trata de un metal cuyo valor dependerá de la oferta y la demanda, es limitado y fluctuante (ya lo vemos hoy con Venezuela y su antes codiciado petróleo).[6]

Por este tiempo, en cambio, se comenzó a acuñar la idea que la mejor mina del mundo era el poder propio del ser humano para trabajar e intercambiar bienes. En palabras de Arthur Maynwaring en 1711, “El libre comercio es una fuente más productiva y duradera que cualquier mina en México o Perú … es una fuente inagotable de riqueza”. Bajo esta lógica, el comercio y el trabajo del ser humano tienen un efecto mágico: pueden desarrollar un país en donde prácticamente hay nada. En esa línea, esa tierra pobre y desolada que encontraron en su momento los ingleses es hoy Estados Unidos de Norte América, un país con un PBI per cápita en el 2019 de USD 65,297.52 (casi 10 veces el PBI per cápita del Perú en el 2019, los números son fríos).

Dentro de estas ideas, la institución clave es la propiedad privada.[7] Es la piedra angular sobre la que se desarrolla el mercado. No solo, ni principalmente, es un signo de riqueza, sino que es un escudo de protección contra el Estado. Dentro de tu propiedad eres soberano y, mientras no afectes el derecho de otro, el Estado no debe intervenir. La propiedad es una muestra de la libertad, y los estados modernos hoy unánimemente la garantizan (tanto para nacionales como para extranjeros).[8]

Afirmaciones como “El mercado no puede controlar al estado, es el estado el que tiene que controlar a los mercados” son equivocadas o, cuando menos, peligrosas. El Estado debe supervisar al mercado, sí, pero no controlarlo. Es claro que el mercado absolutamente libre no es la solución, basta pensar en la crisis financiera de Estados Unidos en el 2008, pero un Estado que controle qué se produce, qué se importa, qué se vende, históricamente ha llevado a la pobreza.[9]

Mi amiga estadounidense tenía razón, el Perú no es un país rico. Podemos tener muchas cosas positivas, que nos llenan de orgullo, pero es importante ver las cosas en perspectiva: tenemos que trabajar para ser un país, al menos, de clase media. Decir “No más pobres en un país rico” es un slogan que simplemente no aplica aún al Perú.

Repartir lo que tenemos es esparcir pobreza, cuando lo que necesitamos es crear riqueza. El camino hacia la superación como país es complejo y sinuoso, cualquier fórmula que diga lo contrario es una mentira irresponsable. Toca construir en lugar de destruir, generar más propiedad en lugar de expropiar. En palabras de Vallejo, “hay, hermanos, muchísimo que hacer”.[10]

* * *


[1]     Sitio web del Ministerio de Economía y Finanzas del Perú. (https://www.mef.gob.pe/es/?option=com_content&language=es-ES&Itemid=100694&view=article&catid=23&id=61&lang=es-ES). Visitado el 1 de junio de 2021.

[2]     Este concepto incluye también el gasto público que realiza el Estado, así como el consumo privado, la inversión, y las exportaciones menos las importaciones.

[3]     Considerar que este número sería en realidad menor, porque habría que deducir los impuestos correspondientes por los ingresos. Así mismo, considerar que normalmente la medición de los sectores socio económicos se dan por familia, pero en este caso estamos realizando una individualización para fines expositivos.

[4]     Al tener un Estado que controle los ingresos de sus ciudadanos, uno no podría ganar ni más ni menos. El esfuerzo individual y la meritocracia son relevados por un ente centralizador que dirige la economía y los que haceres productivos de las personas. Un sistema que por muchos años ha buscado lograr este ideal es Cuba.

[5]     Una explicación muchas veces referida sobre este tema es la maldición de los recursos naturales (“the natural resource curse”), que básicamente explica como la abundancia de materias primas valiosas puede terminar desplazando otras industrias, o generando incentivos perversos para quienes ostenten el poder del país, llevando a una espiral ineficiente en el manejo del país. Para más detalles sobre ello, revisar Auty, Richard, Sustaining Development in Mineral Economies: The Resource Curse Thesis. Routledge. 1993, y, aplicado al caso peruano, Arribas, Guillermo, “Of Mines and Men: Toward a Foundational Theory of the Rise, Evolution and Deca olution and Decay of Pr y of Property”, Seattle Journal of Environmental Law, Vol 7, Issue 1.

[6]     Ver SMITH, Adam. “An inquiry and courses of the wealth of nations”. Volume II of the Glasgow Edition of the Works and Cor-respondence of Adam Smith. Oxford. 1976. p. 563. Quoted by: PAGDEN, Anthony. “Lords of All the World”. New Haven: Yale University Press. 1995. p. 69, y MONTESQUIEU, Charles de Secondant. “De L’Esprit des Louis, XXI, 22”. In: MONTESQUIEU, Charles de Secondant. “Oeuvres completes”. Volume II. pp. 645-646. Quoted by: PAGDEN, Anthony. “Lords of All the World”. New Haven: Yale University Press. 1995. p. 69.

[7]     North, Douglass and Barry Weingast. “Con-stitutions  and  Commitment:  The  Evolution of  Institutions  Governing  Public  Choice  in Seventeenth-Century  England”.  In:  The  Jour-nal of Economic History 49. 1989.

[8]     Para encontrar más ideas relacionadas a este punto, por favor revisar Arribas, Guillermo, “Fortuna Accidental: Recursos naturales y creación de regímenes de bienes en las Américas”, Themis 71, 2017.

[9]     El Estado como principal controlador de la economía ha mostrado ser, históricamente, un desastre. La Unión Soviética o Cuba son algunos ejemplos paradigmáticos. Más recientemente tenemos casos como Venezuela o, hasta cierto punto, la propia Argentina, pero, más cercano y sobre todo, lo que tuvimos en el Perú, en específico durante el gobierno militar de Velasco (1969-1975) y en el primer gobierno de Alan García (1985-1990). Por supuesto que estos ejemplos tienen distintas variaciones de intervención del Estado, entre la Cuba de Fidel Castro y el Perú de Alan García de 1985 a 1990 hay una distancia tremenda. No obstante, todos los antes mencionados tienen como factores comunes la intención del Estado de controlar el desarrollo de la economía del país, y el empobrecimiento del país durante su gestión.

[10]    Vallejo, Cesar, “Los nueve monstruos”, 1937.

Fuente de imagen: Voz Populi

3 COMENTARIOS

  1. SON 500 AÑOS QUE SE HA VENIDO EXTRAYENDO SIN DESARROLLAR TECNOLOGÍA Y ESTAMOS PERDIENDO POR FALTA DE TECNOLOGÍA, VENDIENDO BARATO LOS MINERALES EN SU ESTADO PRIMARIO COMO VENDER CACA DE AVES

    • AH PERO ESO SÍ DESARROLLAN TECNOLOGÍA PARA TRASNFORMAR LA HOJA DE COCA EN ALCALOIDE DE CLORHIDRATO DE COCAÍNA, Y TODAVÍA LE PAGAN 100 DÓALRES EL KILOGRAMO A LOS AGRICULTORES QUE TERMINAN DE TRANSFORMAR LA COCA EN PASTA BÁSICA DE COCAÍNA Y SIGUEN POBRES Y MALDITOS

  2. según netflix ese precio es el que se le paga a la base de la cadena (el agricultor peruano) del narcotráfico

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