Por Fiorella Vásquez Rebaza, profesora de Derecho Civil de la PUCP, jueza Civil y miembro investigadora de OIM, y Lorena Benavides Salazar, miembro investigadora de OIM.

  1. Introducción

La vida en comunidad abrió una serie de ventajas para el ser humano. Poco después del inicio de las sociedades, el hombre descubrió que no debía esforzarse eternamente para adquirir todos los recursos que necesitaba o deseaba: entendió que la vida en conjunto hacía factible el intercambio. Este se inició por el trueque y eventualmente evolucionó al sistema monetario que se mantiene hasta nuestros días. Así, el instrumento predominante para realizar las transacciones comerciales es el contrato, mismo que ha tenido variaciones en el tiempo, pero que mantiene una esencia común: se trata del acuerdo de voluntades entre dos o más personas que trae como consecuencia la creación, modificación o extinción de una relación jurídica patrimonial. (Díez Picazo 2007, 123).

El contrato resulta una institución amplia y trascendental. Su configuración se asemeja a la emisión de una ley entre las partes y despliega una variedad de efectos, siendo este nivel de intromisión en la esfera jurídica de los individuos, la razón que vuelve importante saber a partir de qué momento quedan vinculadas las partes del negocio; es decir, a partir de qué momento se perfecciona el contrato.

  • El perfeccionamiento contractual

Respecto al perfeccionamiento existen dos teorías aceptadas. La primera de ellas señala que el contrato se entiende perfeccionado cuando se forma una voluntad conjunta; en otras palabras, cuando concurren oferta y aceptación por parte de los implicados. La segunda alude al campo de la eficacia, por ende, quienes optan por esta postura entienden que un negocio logra su perfeccionamiento no sólo cuando se suscribe, sino a partir del momento en que se producen sus efectos superando la condición o el plazo al que estuviera sujeto.

Nosotras nos acogemos a la primera teoría: el contrato se forma cuando están presentes todos los elementos necesarios para su existencia, validez y eficacia. Ahora bien, antes de iniciar con el tema de fondo, corresponde recordar cuáles son los elementos constitutivos de la institución contractual.

Haciendo uso de su definición legal podemos determinar que existen cinco elementos básicos: partes, acuerdo, objeto, causa y forma. La forma es libre salvo las partes o la ley determinen lo contrario; el objeto y la causa son particulares a cada caso y las partes refieren a los centros de imputación de intereses que verán afectada su esfera jurídica. Sin embargo, en materia de contratos, ¿qué es el acuerdo? Partimos de la premisa de que todo tipo de negocio necesita de la voluntad de las partes para su configuración. Tácita o expresa, la manifestación de voluntad es un requisito indispensable para la validez de cualquier negocio jurídico; no obstante, en el caso de los contratos no sólo se busca la declaración de las partes.

La voluntad es una figura controvertida por cuanto tiene múltiples variantes. Por un lado, está la voluntad subjetiva, entendida como la voluntad interna del individuo; por otro, la voluntad expresada, lo efectivamente exteriorizado. Claro está que lo expresado no necesariamente coincide con la voluntad interna del emisor ni tampoco con lo que pudo entender el destinatario. Son estas variaciones las que hicieron necesario fijar un criterio razonable y uniforme que permita una vinculación jurídica idónea: prima la voluntad socialmente cognoscible, la externalizada, y la interpretación que razonablemente se pudo haber desprendido de dicha manifestación.

Conociendo la definición de las declaraciones de voluntad, se puede llegar a un entendimiento del acuerdo. En este, no sólo estamos frente a una manifestación, sino a tantas declaraciones de voluntad como partes haya en el contrato. El acuerdo implica el consenso de las partes sin que sea indispensable la negociación. En este sentido, se puede definir al acuerdo contractual como el consenso recíproco de las partes en orden a un programa contractual; es decir, a la constitución, modificación o extinción de una relación jurídica patrimonial. Es por medio de esta figura que el oferente y el destinatario de la oferta construyen una voluntad común que regirá su vínculo jurídico.

  •  El perfeccionamiento entre ausentes

Cuando se realiza una propuesta de manera presencial, pueden surgir pocos inconvenientes, esto debido a que la presencia de las partes en el momento y lugar permiten conocer de manera inmediata los términos de la oferta, solucionar dudas, realizar contraofertas y determinar si hay aceptación o no; claro, esto como regla general, ya que siempre existirán casos límite que generen controversia entre las partes. Sin embargo, la verdadera problemática surge cuando el negocio se produce entre ausentes; es decir, cuando las personas no están físicamente y sincrónicamente en contacto, tema que se ha hecho especialmente relevante en épocas de pandemia, situación por la que gran parte de las contrataciones adaptaron el modo tradicional de operar al mundo digital.

Si bien esta situación pudiera parecer reciente, la realidad es que la figura ha sido prevista por la legislación nacional y comparada desde hace muchos años. Prueba de ello son las múltiples teorías que han surgido para hacer frente a la situación y que bien describe Ángela Lara Aguado:

  1. Teoría de la emisión

Bajo esta concepción, la perfección del contrato se produce cuando el destinatario de la oferta exterioriza o manifiesta su declaración de voluntad. Es decir, basta con que la intención subjetiva haya tenido cabida en el plano material para que se consolide el negocio jurídico. Esta es una postura poco acogida, ya que desconoce totalmente el carácter recepticio de las declaraciones de voluntad y, además, resulta especialmente perjudicial para el destinatario quien cargaría con una responsabilidad desproporcional, ya que carece de control para tomar conocimiento de la declaración.

A manera de ejemplo y trasladándonos a un contexto en el que muchas contrataciones se producen por medio de plataformas digitales como Whatsapp, podemos señalar que esta teoría corresponde la acción de tipear la aceptación de la propuesta. El emisario de la declaración está plasmando dicha voluntad en el mundo plausible (chat box); no obstante, no la envía. Sólo mantiene el texto que contiene su voluntad inamovible y sin dar acceso del contenido al destinatario.

  1. Teoría del despacho

Esta es la teoría aplicable en el sistema del common law. Bajo esta propuesta, el momento de la perfección del contrato es aquél en que el aceptante se desprende de su declaración de voluntad. En este sentido, el perfeccionamiento se produce cuando se realiza la remisión al oferente. Es una premisa conocida como la regla el buzón (o mailbox rule), ya que ilustra el momento en que el aceptante coloca la carta en el buzón de correos para que sea derivada al oferente.

Volviendo al ejemplo de WhatsApp, podríamos referirnos a esta regla cuando el aceptante presiona la opción de enviar mensaje marcando sólo un check o palomita. Para la plataforma, este ícono indica que el mensaje ha sido enviado con éxito; no obstante, que aún no ha sido entregado. Al igual que en el caso de las cartas, puede haber inconvenientes para la recepción: si bien el cartero no se puede perder, la conexión a internet del oferente (destinatario) puede fallar y evitar que el mensaje de aceptación de su propuesta llegue de manera inmediata.

  1. Teoría de la recepción

Esta teoría se considera como el opuesto de la anteriormente descrita y es la más acogida por países pertenecientes al civil law. Esta postura y la siguiente implican hitos respecto al conocimiento. La teoría de la recepción indica que el contrato se forma en el momento en el que el oferente recibe en su domicilio, u otra dirección postal relacionada a su círculo, el mensaje que contiene la aceptación. Así, esta noción constituye el hito objetivo sobre el conocimiento, esto porque para la teoría descrita el único requisito es que el mensaje entre en la esfera de disposición del oferente sin que sea necesaria la toma de conocimiento de su contenido para que se desplieguen todos sus efectos.

En años anteriores, esta regla se asemejaría a recibir la carta de aceptación en el buzón. Sin embargo, volviendo a la era digital en la que las cartas han perdido trascendencia y haciendo referencia a la aplicación de mensajería trabajada, recibir la carta en el domicilio puede asemejarse a que el mensaje cuente con doble check o palomita; es decir, cuando la aplicación marca la recepción del mensaje, pero no la confirmación de lectura. En ambos ejemplos, lo importante no es que el oferente (destinatario) conozca el contenido de la carta, sino haya estado en posibilidad de conocerlo.

Ahora bien, cabe precisar que, si bien en la descripción de la teoría del despacho se señaló al common law como su máximo representante, la mailbox rule se aplica únicamente a los supuestos en que la aceptación se remita por medio del correo o del telégrafo. Si la comunicación se remitiera por un medio distinto, tiene cabida el análisis de la situación concreta que puede implicar la consideración de escenarios tales como la interacción de las partes por medios de comunicación instantánea. Para casos como este, no se aplicaría la teoría del despacho o remisión, sino la teoría de la recepción.

  1. Teoría del conocimiento

Esta es la última de las posiciones doctrinarias tradicionalmente aceptadas y constituye el hito subjetivo en el ámbito del conocimiento. Presentada de manera sencilla, para esta teoría el contrato se perfecciona cuando el oferente conoce el contenido de la carta de aceptación remitida; es decir, cuando la lee. Extendido a la aplicación de WhatsApp, hablamos de perfeccionamiento contractual cuando hay doble check azul o confirmación de lectura. El problema salta a la vista: acogerse a esta postura implica una carga muy alta para el aceptante quien no puede tener control sobre un acto inherente al oferente como es la revisión del mensaje ni tampoco sobre otros eventos que pudieran interferir en la lectura de la aceptación, esto porque ya no se trataría de la posibilidad, sino de la toma de conocimiento en sí.

  • Caso nacional

En el caso peruano, la contratación entre ausentes se regula por los artículos 1373 y 1374 del Código Civil que disponen:

Artículo 1373.- Perfeccionamiento del Contrato

El contrato queda perfeccionado en el momento y lugar en que la aceptación es conocida por el oferente.

Artículo 1374.- Conocimiento y contratación entre ausentes

La oferta, su revocación, la aceptación y cualquier otra declaración contractual dirigida a determinada persona se consideran conocidas en el momento en que llegan a la dirección del destinatario, a no ser que este pruebe haberse encontrado, sin su culpa, en la imposibilidad de conocerla.

Si se realiza a través de medios electrónicos, ópticos u otro análogo, se presumirá la recepción de la declaración contractual, cuando el remitente reciba el acuse de recibo.

El artículo 1373 regula la aplicación de la teoría del conocimiento, pero el artículo 1374 contiene una presunción de congnoscibilidad derrotable, con una carga de prueba alta de quien la alegue.

Prosiguiendo con la lectura, se aprecia que el segundo párrafo prevé una situación particular: el caso de medios electrónicos. Este artículo señala que para que se consolide la figura de recepción no sólo se requiere el arribo a la esfera de disposición del oferente, sino que es necesario que este emita un acuse de recibo que, a su vez, debe ser recibido por el aceptante. Esta elección del legislador resulta interesante por cuanto permite el surgimiento de otras dudas. Por ejemplo, si el acuse se realiza por medios electrónicos, ¿a partir de qué momento se entiende recibido? Este tema, a pesar de parecer trivial, en realidad es determinante, ya que significaría que el perfeccionamiento contractual queda suspendido hasta la recepción del acuse por parte del aceptante.

Ante esta problemática, es claro que la red ha beneficiado en gran medida las contrataciones. La comunicación es casi de manera inmediata y muchos negocios cuentan con sistemas que permiten obtener una confirmación de lectura, misma que puede entenderse como la recepción del acuse de recibo. Ejemplos sobre esto los tenemos en plataformas de compra online en las que, después de realizada la transacción, se recibe un mensaje de confirmación del pedido junto a la boleta electrónica. También se aprecia en casos más sencillos como las aplicaciones de mensajería que permiten conocer que el mensaje entró en la esfera de disposición del destinatario marcando un doble check, momento a partir del cual el emisario se desligaría de la responsabilidad frente al riesgo.


Bibliografía

GONZÁLEZ, Alfonso

2020    “La formación del contrato” En: BERCOVITZ, Rodrigo, “Tratado de contratos”, Tomo I, Volumen II, 3ra Edición. Valencia: Tirant lo Blanch, pp.  829-925.

CARRASCO, Ángel

2010    “Derecho de Contratos” 2da Edición. Navarra: Aranzadi, pp. 175-193.

DE LA PUENTE, Manuel

2011    “El contrato en general: Comentarios a la Sección Primera del Libro VII del Código Civil”. Tomo I, Lima: Palestra, pp. 520-527.

DIEZ PICAZO, Luis

2007    “El contrato”. Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial I. Madrid: Civitas S.A., pp. 115-141.

LARA, Ángeles

2016    “La oferta y la aceptación contractuales”. En SÁNCHEZ, Sixto. Derecho Contractual Comparado. Navarra: Aranzadi, pp. 23-92.

Fuente de imagen: RPP. 

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